viernes, 1 de julio de 2022

EL BUEN USO DE LAS COSAS

es importante hacer 
un buen uso de las cosas 
 
meter en el microondas recipientes aptos 
            para microondas 
no más de tres minutos cuidado 
con las quemaduras 
 
es mejor cubrir el alimento con una tapa apta
            para las altas temperaturas 
lavar a cuarenta grados evitar el suavizante 
en la ropa interior es mejor 
 
dejar las cosas claras desde el principio 
dejar secar al sol 
 
es importante saber hacer 
un buen uso de las cosas 
 
lavarse bien las manos antes de comer 
y justo después de hacer el amor 
            en solitario 
no vaya a ser que sin querer 
aparezca un nuevo condimento 
 
dos comprimidos diarios cada doce horas 
no aumentar la dosis sin previa orden 
            de la doctora 
tomar con abundante agua y meditar 
todos los días nada más levantarte 
 
mantener lejos del alcance 
de los niños 
 
es importante hacer 
un buen uso de las cosas 
 
preguntar primero, besar después 
 
besar primero en la mejilla 
besar después en el mentón 
y esperar 
                                                que la boca 
                        acuda a ti 
 
saber con exactitud hacia dónde 
mover las manos qué parte de la piel 
hay que tocar y qué es mejor 
 
dejar a un lado 
 
es importante saber hacer 
un buen uso de las personas 
 
es importante que las lenguas 
            se entiendan 
hablen el idioma que hablen 
es importante que la saliva 
            sea convertible 
a la sensibilidad del otro 
 
abrazar hasta quedarse dormido 
después de hacer el amor
                                    utilizar sábanas limpias 
acomodar la almohada a cada una de las cabezas 
una con otra las piernas
                                    un brazo con una cintura 
una nariz con una barbilla amoldar delicadamente 
                        los cuerpos 
sobre el colchón 
 
mantener cerca del alcance 
del amante

domingo, 22 de mayo de 2022

POEMA *DESCARTADO* BASADO EN UNA ENTRADA DE DIARIO ESCRITA UN JUEVES TRES DE FEBRERO DESPUÉS DE PASAR, COMO LA LLAMÉ AQUEL DÍA, LA PEOR NOCHE DE MI VIDA A CAUSA DE OTRA PASTILLA PARA DORMIR

También titulado Parón onírico o Jueves de madrugada
 
me despierto cada dos por tres
como siempre ahora que tomo 
        aquilea sueño 
y después son casi las seis y media 
y me despierto definitivamente 
y procedo a levantarme 
 
llega la primera parálisis del sueño 
de la noche 
 
me levanto por el lado derecho 
de la cama –el único posible– 
e intento enfundarme la zapatilla 
de estar por casa         me resbalo 
de la cama al suelo– y justo 
en el instante en que mi espalda 
toca el suelo vuelvo a estar sentada 
vuelvo a intentar enfundarme la zapatilla 
de estar por casa y vuelvo a resbalarme 
de la cama al suelo– y justo 
en el instante en que mi espalda vuelve 
a tocar el suelo vuelvo a estar sentada 
vuelvo a intentar enfundarme la zapatilla 
de estar por casa y vuelvo a resbalarme 
de la cama al suelo– y pienso 
asustada como nunca que ya está 
 
mi cerebro se ha roto y estoy sufriendo 
un daño irreparable 
 
entonces 
oh auxilio divino 
 
consigo ponerme en pie 
enfundadas las zapatillas 
de estar por casa y camino 
dos, tres pequeños pasos 
pero justo al llegar al sofá 
de mi diminuto apartamento 
 
llega la segunda parálisis del sueño 
 
me resbalo y caigo de espaldas 
y en el momento en que mi cabeza 
va a tocar el suelo vuelvo a estar 
de pie junto al sofá 
 
y vuelvo a resbalarme y vuelvo a caer de espaldas 
y de nuevo en el momento en que mi cabeza 
está a punto otra vez de tocar el suelo 
vuelvo a estar de pie junto al sofá 
 
y mientras yo caigo y caigo y caigo 
y vuelvo a caer vuelvo a asustarme 
 
pensando que estoy sufriendo indudablemente 
un derrame cerebral 
 
y mientras caigo y caigo y caigo y sigo 
cayendo se me ocurre que la respuesta 
más lógica es que yo siga durmiendo 
teniendo quizá una pesadilla 
más probablemente una alucinación 
 
y no sé cómo me despierto y estoy tumbada 
sobre el colchón viscoelástico que venía con el piso 
son casi las seis y media y aún no he ido a levantarme 
por el único lado posible de la cama –el derecho– 
ni a enfundarme las zapatillas de estar por casa 
 
y llegan la tercera y cuarta parálisis del sueño 
de la mañana 
 
esta vez sin complementos 
 
sólo yo 
oh amparo divino 
 
rigor uitae 
 
sobre la cama

miércoles, 6 de abril de 2022

Fragmento eliminado de una novela inédita

Tampoco recuerdo muy bien cómo fue la conversación porque no la anoté. Con el tiempo una tiende a deformar la realidad de lo vivido, los recuerdos, llegando incluso a olvidar por completo una época. Yo al menos, en lugar de exagerar, minimizo lo que me ha ocurrido, lo que he sentido. De ahí la importancia de los diarios, de volver a ellos cuando no estás segura de estar haciendo memoria; y después me sorprendo al ver el dolor, lo enfadada que estaba, la rabia contenida en esas páginas a líneas.

Desafortunadamente, después de años y años de escribir todos los días, a cada minuto, mis pensamientos, terminé hartándome. No me escondo: siempre he soñado con que después de mi muerte alguien llegaría y publicaría mis diarios en un libro que otro alguien compraría. Soy así de ególatra, creyéndome Alejandra Pizarnik. Pero para eso primero tengo que publicar algo en vida, algo que me convierta en una escritora medianamente conocida aunque sólo sea en mi país, y es taaaan difícil... Así que deduje que no merecía la pena escribir un diario que nadie leería nunca y empecé a hacerlo sólo de cuando en cuando, a veces quizá una sola línea; lo que se traduce en que haya cosas que no pueda explicaros bien porque no tengo manera de recordarlas. Aunque esto no me libre de intentarlo.

miércoles, 30 de marzo de 2022

b (LVA)

Mi madre, por así decirlo, me enseñó todo el pueblo y me contó historias sobre lo que más me podría afectar, según ella.

Me explicó que antes de su hija habían muerto también dos jóvenes más. Fueron dos muchachas, a lo que llegaron a la conclusión errónea de que sólo eran  mujeres las que morían. Pero después murió algún que otro joven varón.

No atacaban diariamente, los vampiros. Pasaban un par de semanas de una víctima a otra, y más adelante pasaban incluso meses. Pero, cuando creían que la pesadilla había terminado, se mostraba otro cuerpo en la plaza. Y éste siempre era joven, a veces hasta demasiado.

La aldea entera había decidido que los más pequeños debían partir para evitar una lenta y dolorosa muerte.

Mientras que los más mayores se quedarían cuidando del pueblo. No eran capaces de abandonar el lugar donde habían nacido. No estaban preparados para eso. Tal vez acabarían muriendo, pero morirían luchando.

Madame Lavoisier me llevó una vez por el pueblo a altas horas de la noche para que viera cómo de preparados estaban ante un posible ataque.

Pude observar, gracias a ella, los crucifijos en las puertas; oler el repulsivo olor a ajo que tanto detestaba. Nunca me gustó ese alimento y no entendía como podía usarse en tantos manjares.

Pude escuchar también el clic de los arcabuces a punto para disparar y el sonido del acero al desenvainar las espadas y cuchillos. Ese sonido me encantaba; sonaba tan frío, tan distante. Lo adoraba.

Debíamos andar despacio y mirar bien dónde pisábamos. Al mínimo ruido, todos los varones saldrían para atacar; no se lo pensarían dos veces, no pensarían en que pertenecemos al pueblo. Atacarían a matar.

Por eso debes procurar no ir sola en medio de la noche. Lo mejor que puedes ha-cer es permanecer encerrada en casa, al menos hasta que te conozcan mejor.

Dimos un pequeño rodeo más y volvimos a casa. No era su intención mostrarme un verdadero ataque vampírico  y dejar que nos mordieran para observar cómo era el modus operandi de los principales enemigos de la aldea.

 

lunes, 28 de marzo de 2022

a (LVA)

Madame Lavoisier me crió como a una hija. Me contó historias sobre las víctimas del pueblo, que éstas aparecían de la noche a la mañana en medio de la plaza. Me contó que la habitación que yo ocupaba era antes la de su hija, que los vestidos que ahora yo utilizaría eran suyos. Y me contó cómo un seductor caballero de rubia melena y ojos azules apareció en la aldea una noche de invierno.

Su hija y él congeniaron y vivieron una bonita historia. Noches cálidas el uno al lado de la otra, paseos nocturnos bajo las acogedoras estrellas; fueron, sin duda, los mejores días de la vida de la muchacha.

–¿Partieron juntos a otra villa?

–No. Juntos no–. Estaban humedeciéndose sus castaños ojos; parecía afligida.

–¿Qué ocurrió?– Me daba miedo preguntar, no sabía cuál sería su reacción.

La mujer se echó a llorar.

Supe entonces que, semanas más tarde, apareció el cuerpo de su niña. Yacía desangrado en medio de la plaza.

–¿Y aquel seductor caballero?

–Desapareció. Sin dejar rastro. No se supo nada de él.

–Es terrible...

Todo el mundo fue a buscar al caballero. Todo el mundo fue a buscar su muerte. Entraron en todas las casas buscando un culpable, travesaron el bosque en busca de alguna pista sobre su paradero.

Nada. No hubo rastro de él.

Fue en aquel momento en el que la anciana se dio cuenta del verdadero peligro. Ya había habido ataques, cuerpos de vecinos desangrados, pero nunca le había ocurrido nada a su diminuta familia.

La mujer y su hija llevaban viviendo solas durante mucho tiempo, el marido había muerto por causas naturales. Había sido un varón raudo y fuerte, pero era muy mayor, se llevaba dieciocho años con su esposa. Tras su muerte, Madame Lavoisier se había ocupado sola de la casa y de su hija. Contaba, por supuesto, con la ayuda de los vecinos; pero la lejanía le impedía disfrutar de mucha de esa ayuda. Con la muerte de su hija, la anciana había podido comprobar cómo eran de apreciadas sus vidas en ese pueblo, y por esa razón detestaba la idea de saber que aún moría de vez en cuando gente inocente.

Ninguno en el pueblo tenía pruebas sólidas de su existencia, pero todas las piezas del puzzle (la noche, las marcas en el cuello, el desangramiento) llevaban a la misma conclusión: los vampiros pretendían acabar con el pueblo.

domingo, 20 de marzo de 2022

Cosas que guardar en una maleta

las gafas de sol y un paraguas

por si acaso ropa de baño

por si la playa billetes repartidos

en diferentes bolsillos

ese vestido de tirantes rojo

que pensé que te gustaría

el cargador de mi teléfono móvil

un neceser con lo imprescindible

salvo las lentillas porque ya no

las necesito un par de pijamas

para oscilar entre las noches frías

y las más calurosas el libro

que no me devolviste

el regalo que me trajiste

de tu breve estancia en Xxxxxx

un bolígrafo azul y una libreta

por si en el hotel no hay bloc de notas

y me urge escribir algún poema

calzado cómodo para las caminatas

calzado ligero para los paseos

al atardecer entre los callejones

de ese pequeño pueblo empedrado

los últimos cinco comprimidos

que me quedan de escitalopram

antes de pedirle a mi psiquiatra

que me haga otra receta

un último vistazo a mi alrededor

un secador de pelo y ya puedo

cerrar la maleta estoy lista

para salir de tu vista

jueves, 10 de marzo de 2022

[no me da miedo llorar] - texto escrito el 12 de septiembre de 2017 para FB

no me da miedo llorar, no me da miedo mostrar esa cicatriz que me recuerda que no puedo olvidarte, ni la que está en braille, ni la que me duele, al menos una vez al día, no me da miedo desnudarme, mírame, adoro mi cuerpo, para qué querría cubrirlo, no me da miedo admitirlo, sí, a veces quiero morirme, sí, la sonrisa es sincera, sí, las lágrimas también, no, no es mi primera vez, no me da miedo la soledad, ya la he vivido, a veces la ansío, el silencio, las cenas para uno, elegir en qué lado de la cama dormir, elegir en qué lado de la cama dar vueltas durante toda la noche, no me da miedo el silencio, no me da miedo escribir, no me da miedo que todo el mundo lea lo que escribo, sí, vale, lo que tú digas, intento llamar la atención, no me importa, no me da miedo, también estoy escribiendo un libro, pero tú nunca lo leerás, voy por el tercer capítulo, llevo diecisiete páginas en el Word y creo que no voy a saber terminarlo, sí, me duele, claro que me duele, mañana a lo mejor borro todo esto y finjo no haberlo escrito, me siento sola porque casi siempre estoy sola, no pasa nada, así al menos no necesito hablar, no me da miedo que no me crean, si te miento, y seguramente lo haga a menudo, cuando me preguntas por la universidad, el trabajo o mi estado de ánimo, es porque a tu lado tengo miedo, no me da miedo admitirlo, pero tengo que escribirle un diario a la doctora y no puedo. no puedo. no puedo. no puedo.

 

no puedo leer en voz alta.