sábado, 3 de noviembre de 2018

“Hay cosas que nunca cambian”

Siguen gustándome los vampiros de Anne Rice.
Sigo bebiendo como una cosaca cuando salgo de fiesta.
Sigo pensando que fumar es sexy.
Sigo teniendo acné.
Sigo tarareando las melodías del Ocarina of Time cuando bajo por las escaleras.
Sigo mordiéndome los labios cuando estoy nerviosa.
Y los dedos.
Y los nudillos.
Sigo emocionándome cuando veo Dragon Ball.
Sigo echando de menos Venecia.
Sigo pensando en ti cada vez que pienso en Marvin.
Sigo sin contestar al teléfono.
Sigo sin saber por qué dejamos de hablarnos.
Sigo queriendo tener hijos
antes de los treinta.
Sigo llorando sin motivo aparente.
Sigo escribiendo la novela.

Por qué no puedo seguir durmiendo.

martes, 23 de octubre de 2018

Estoy enamorada de alguien a quien nunca he besado y seguramente sea lo más triste que le ha pasado en la vida

A él*

Ojalá pudiera explicaros lo maravilloso que es, lo rayito de esperanza, lo luz al final del túnel, mucho antes incluso de que llegue la salida, lo reconfortante ducha cálida después de un largo día de trabajo.

Ojalá pudiera haceros ver lo mucho que se parece a ese esponjoso pijama por el que esperas que llegue el invierno, nube de algodón, algodón de azúcar, azúcar glas, pompa de chicle al primer intento, música en las calles, días de feria, ropa recién salida de la secadora, olor a champú infantil.

Ojalá fuera capaz de crearos una idea aproximada de lo bello que es, lo bueno que es, lo brisa fresca en la playa en pleno mes de julio al mediodía, plácida tarde de domingo leyendo a Douglas Adams, película de Tim Burton, bellísima canción de France Gall, cualquier canción de France Gall, chupitos gratis para todos, este trabajo es suyo, ha ganado el euromillón.

Porque entonces os habríais enamorado de él,

él habría encontrado el amor
y yo podría dejar de hacerme tontas ilusiones.

lunes, 15 de octubre de 2018

Útero helado de fresa

Puedes descargarlo y leerlo aquí en PDF.

Puedes leerlo aquí en Issuu (este enlace puede no funcionar actualmente).

jueves, 20 de septiembre de 2018

El universo ha hablado

Desde que cumplí los veinticuatro años,
mis ciclos menstruales se han vuelto menos irregulares

—que no más regulares—

Ya no me duran
treinta/treinta y cinco/cuarenta días

—dependiendo del mes en el que estemos, dependiendo de si mi útero está o no enfadado conmigo y quiere o no que me baje justo ese día tan importante o puede esperar un poco—

Ahora la regla me baja cada
veintisiete/veintiocho/veintinueve días

Ahora que me queda menos de un año para los veinticinco,
he empezado a trabajar
 
Aún no sé cuál es mi sueldo
Aún no sé cuándo prescindirán de mí
Aún no he hecho ninguna cagada importante, así que
aún no hace falta que me torture
 
También he empezado a abrirme más a las personas
 
—benditos sean los eufemismos—
 
y creo que todo esto significa algo
 
Pero no os puedo decir el qué

sábado, 1 de septiembre de 2018

Un mes de poemas (los que faltan)

3.
El terror en las manos
de quien descubre un hijo muerto
en su regazo

8.


12.
Palpo con las manos temblorosas las clavículas
Me aseguro de que estén ahí
Me aseguro de que sean firmes
Me aseguro de que no se estén desintegrando
No se estén convirtiendo en polvo no se estén volviendo de gelatina
Hace ya tiempo que no me escribes
Creo que ya no me quieres,
pero la realidad es muy distinta:
Nunca me has querido
Hoy he tenido una pesadilla y tú estabas allí
No me dabas miedo, pero tampoco me lo quitabas
Sólo me quitas la única pérdida que no le atribuyen a Pandora
Porque Pandora cerró la caja a tiempo
Menos mal
Menos bien
que mal,
en realidad
Ya no sé si seré capaz de volver a verte
¿Qué pasaría si me derrumbara?
¿Si cayera sobre tus brazos?
¿Si cayera y tú no me recogieras?
Creía que te importaba
Últimamente cometo muchos errores

13.
Se fue con prisas y no dio tiempo a que metiera también el amor en la maleta.
Por eso dejé la puerta abierta.
Por eso no ha vuelto a ponerse este pijama.

15.
Mi dormitorio
En la cama tumbada
Mucho cansancio

17.
«El Amor me sacudió
como el viento que en el monte
estremece las encinas»
y mis cabellos ondearon
como bandera nativa ante lo hostil
decididos a quedarse.

18.
Una gota de sangre sobre
Dos dedos blancos
Tres días para marcharme
Cuatro noches
Cinco días
Mucho miedo
Un beso amargo en la boca del estómago
Dos días
Atrás
Tres dedos blancos
Mucho miedo
Cinco sentidos
Ninguno encendido
Ahora mismo

20.
Son apenas dos horas de viaje y el sonido de los coches irrumpe el sueño.
Apenas se oye apenas se oye apenas se oye la radio.
Una canción que nunca antes había escuchado y que al parecer me duele.
Me duele me duele me duele la herida profunda
adentro adentro adentro todo el cuerpo en la cueva.
Yo creía que estaría totalmente en ruinas y no es así.
Qué lástima no haber hecho fotos.
No voy a volver.

22.
«El amor es el muchacho que ardía»
en el centro de la casa vacía
en la que ni una ventana se abría
la noche en que se suicidó el día

24.
En el ascensor hay dos puertas pero sólo un espejo
Él se mira el pelo
Él se retoca es pelo
Yo observo su boca
Yo lamo mis labios
Saboreo el minuto de después
Cuando el ascensor vaya ya por el segundo piso
Cuando estemos a punto de llegar al tercero
Aún vamos por el primero

27.
Desabrocha su camisa
botón a botón
d
e
a
r
r
i
b
a
a
b
a
j
o
y su pecho huele a lecho
Yo me tumbo sobre él y oigo sus latidos
Su latidos siguen el compás de quien sabe
que hoy
va a echar un polvo
Y el polvo se esparce por toda la habitación mientras nosotros
nos esparcimos sobre el colchón
como un líquido
o un gato
—creo que esto ya lo he dicho—
dentro de un recipiente
Y la almohada ya no tiene razón de ser
Y las sábanas tienen calor de nosotros
La cama nos contiene
inquietos
—in quie tos—
Me quiere

28.
No estabas ese día en que me dio la mano
Si lo hubieras visto...
Si lo hubieras notado...
No hace falta que te diga que el sudor no me importaba
Ni el sudor de su espalda
Ni el sudor de su frente
Ni el sudor de su entrepierna
Si lo hubieras visto...
No parecía que quisiera volver a verme
Quizá a ti
Quizá a ti sí
Quizá a ti sí te lo habría parecido
Pero yo no estaba tan segura
Ni lo estoy ahora
Necesitaba que me dijeras que sí
Sí que quiere volver a verte
No es una despedida para siempre
No te está diciendo hasta nunca
Hasta nunca
Nunca
Nunca
Estoy segura
Nunca estoy segura de nada
Y tú habrías pensado lo mismo de estar en mi piel
En mis pies
En mi mano
En mi cabeza
Si lo hubieras notado...

31.
A lo mejor para no
tener que escribir-
te directamente
Para no decir-
te que te quiero
a la cara porque
te quiero de verdad
Para que no sepas que
todo esto es para ti
Todo esto es para ti
y no quiero que lo sepas
Para que parezca que
escribo para otros que
escribo para nadie que
escribo para mí
Para no sentir vergüenza
Para no tener miedo
Para no sentirme
observada señalada odiada
Para que no se me note
Para que no se me note
Para que no se me no-
te quiero de verdad

viernes, 31 de agosto de 2018

breves apuntes sobre una improbable curación



Es evidente que no estás bien. Se nota.

Las palabras no me impactan tanto como deberían.
No es la primera vez que las escucho.

I

Ve al psicólogo para que te confirmen lo que ya sabes. Que no se puede estar tan triste. Que a estas alturas ya deberías haber hecho algo con tu vida. O al menos haber plantado la semilla que en breve brotará. Que hay que relacionarse con los demás seres humanos. Que lo normal es querer vivir. Que estás enferma. Que nadie te puede curar.

II

Intenta explicar qué te pasa. Repite tu problema como el creyente el canto de su rosario. Date cuenta de que no sirve de nada. Llora. Llorar es una de las pocas cosas que no te dan miedo. Sal de la consulta peor de lo que estabas.

III

Rellena el cuestionario que te ofrece y cuestiona en silencio su forma de proceder. Contesta vagamente sus preguntas. La mayoría de ellas ni siquiera debería hacértelas. Están fuera de lugar. Pero no protestes. Finge que su método funciona para poder irte antes a casa.

IV

Invéntate tu propia terapia. Espera a que tu terapeuta te pida exactamente lo que ya te habías pedido tú antes. Satisfaz su deseo y no le digas que vas un paso por delante de ella. Ahora ya sabes que tu propia terapia tampoco funciona.

V

Abandona la terapia. Abandona la terapia y admite el miedo a lo desconocido. Admite que es mejor estar enferma de algo a lo que ya te has habituado que estar sana y volver a tener que acostumbrarte a tu nuevo yo. Huye como haces siempre y escóndete donde nadie pueda encontrarte. Porque de todas formas: ¿qué sentido tiene todo esto? ¿Tienes algún plan para después?

¿Qué harás cuando te vayas?

¿Cuando despiertes y no sea demasiado tarde?

¿Cuando tus manos llenas de sangre sean capaces de volver a abrazar?

¿A dónde irás?

¿Cuando te des cuenta de que la llave siempre ha estado en el otro extremo de la soga donde metías la cabeza?

¿Cuando te desaparezcan las ganas antes de apretar el gatillo por sexta vez?

¿Cuando encuentres el valor de despedirte?

¿Qué harás cuando se te curen las heridas?

¿Te acordarás de mí?

jueves, 30 de agosto de 2018

Un mes de poemas (día 30)

No lo hago como ella lo hacía
No corto el aire no abro tanto la boca
No bailo la misma canción
No sigo el mismo ritmo
No desabrocho su camisa de arriba abajo
sino de abajo arriba
No descubro su fuerza con la boca
No palpo el mármol no muevo tanto las manos
No lo hago como ella lo hacía
No lloro de la risa no río no fluyo
No tengo tan largos los brazos
No tengo tan firmes las piernas
No lo hago como ella lo hacía
Yo no le gusto tanto
Yo no le gusto
No
Yo no le gusto

martes, 28 de agosto de 2018

madre, por qué me has abandonado



Acaso ya no recuerdas que me mecías en tus brazos
Que me alimentaba de tu pecho que me alimentaba de tus manos
Ya no recuerdas que me alimentaba de tu boca

Acaso has olvidado que mi hogar era tu vientre
Que mi hogar eran tus ojos que mi hogar eran tus piernas
Has olvidado que vivía en esa tumba de debajo de tu ombligo

Madre has olvidado que vivía en esa tumba de debajo de tu ombligo
Que me querías mucho antes incluso de tenerme
Que me querías mucho antes incluso de casarte

Madre me pusiste nombre en el preciso instante en que aprendiste a hablar
En el preciso instante en que la voz apareció en esa pequeña boca tuya
Y ahora ya no lo recuerdas ahora no sabes pronunciarlo ahora ya no dices nada

Madre son dos sílabas apenas
Mamá, son sólo cuatro tristes letras

Madre por qué me has abandonado
Por qué extiendo los brazos desde la cuna y no te toco
Por qué ya no escucho tus canciones antes de irme a dormir

Madre por qué te alejas de mi lado
Por qué busco tus ojos y tú me das la espalda
Por qué ya no me quieres por qué ya no me abrazas

Madre por qué no coges mis llamadas
Por qué ahora me castigas con el silencio
Por qué has dejado de responder a mis mensajes

Madre por qué ya no te siento en este mundo
Por qué parece que nunca hayas vivido en esta casa
Madre estoy empezando a creer que enterramos un ataúd vacío

Madre qué les diré a mis hijos 
Madre que pensarán tus nietos