jueves, 19 de febrero de 2026

IV

[Entre risas]. La verdad es que no tengo ni idea de cómo no se me ocurrió que Richy fuera a invitar a Álex a formar parte del grupo. De verdad. Claro, ahora me río, pero en aquel entonces me pareció una putada. Incluso si Hadiya también estaba entre nosotros. Quiero decir: sé que Álex estaba colada por Hadi, y a Hadi le caía muy bien Álex; pero eso no impedía que Richy insistiera en ponerse a su lado a todas horas. En clase, por ejemplo, si Hadi faltaba porque estaba enferma, él procuraba sentarse junto a Álex. Se portaba como un puto acosador. La verdad es que tampoco entiendo por qué en primero me molaba tanto. Porque estaba bueno, supongo. Aunque según mi hermana el que de verdad estaba bueno era su padre, el profesor de matemáticas; pero mi hermana también tiene el gusto en el culo, no hay más que ver los tíos con los que ha salido, todos superviejos.
    ¡Anda que no! El último con el que salió era una especie de músico de más de treinta tacos que vivía en un piso compartido. Que sí, que es mayor que yo, pero, tía, tienes veintidós: sal con uno de veintisiete, no con un uno de treinta y cuatro... Y total, ya ves, Ricardo sólo era veintitrés años mayor que nosotras, pero es que a mí ¡me parecían cincuenta! Y no es que tuviera aspecto de viejo ni nada. Quiero decir: no tenía canas ni arrugas y se movía bastante ágil; tampoco tenía chepa ni se subía los pantalones hasta casi las axilas como hace mi abuelo. A lo mejor, si nos ponemos, por no echar por tierra los gustos de mi querida hermana aquí presente, podría decirse incluso que era bastante guapo. Pero con doce años a ninguna nos lo parecía.
    El primer día que quedamos para hacer el trabajo fue el típico día de repartir tareas y no hacer prácticamente nada. Fue raro porque, como el padre de Richy estaba ahí, y encima era nuestro profesor, yo creía que se portaría como el típico sargento que manda callar cada cinco minutos; pero no, se portó guay. De hecho, nos ayudó bastante; nos aconsejó que quedáramos más veces para ver cómo nos estaba yendo el trabajo y no terminar haciendo un truño inconexo. Porque es cierto: si cada uno hace una parte y se presenta sin haber leído todo el conjunto, al final lo que hay es una serie de páginas que parece que no tienen nada que ver entre sí, cada una escrita de una forma. Qué sé yo, eh... Una en Times New Roman, otra en Arial, aquella sin justificar, la otra con los títulos de los apartados centrados y en negrita, otra a doble espacio... Ya saben a lo que me refiero, ¿no?, ¡que se nota un montón que no lo hemos hecho en grupo! Porque la idea del trabajo en grupo es hacerlo en grupo, claro. Bueno, el caso es que Ricardo nos dijo que podíamos ir a su casa siempre que quisiéramos; todos a la vez o cuando pudiéramos cada uno. Y yo, como buena chica, le tomé la palabra.
    Me quejo de Richy, pero la verdad es que yo también era un poco acosadora. O sea, a ver, no es que fuera tooodos los días a su casa, pero iba, mínimo, una vez por semana. Claro, que siempre iba con algo del trabajo hecho, o sea que al menos hacía los deberes, ¿no? ¡Yo creo que sí! Por supuesto a veces también se lo decía a las chicas, para que vinieran conmigo. Bueno, sí, vale: sólo a Hadi, porque Álex no quería que viniera. Pero si venía Hadi también venía Álex, así que...
    Hadi cree que no lo sé, pero yo sé que estaba colada por mí. No es algo que me importe, la verdad, porque al menos me trataba bien. Quiero decir que aceptaba que ella a mí no me gustaba. Tiene gracia porque sus padres son gays y ella lesbiana: es como si en esa familia nadie quisiera saber nada del sexo opuesto. [Entre risas]. Ha sonado superhomófobo, perdón. Serénate, Ivy. No era mi intención. Pero yo creo que sí que tiene gracia. Bua, recuerdo cuando íbamos al colegio y Hadi llevaba el pelo supercorto porque sus padres no sabían peinárselo. Claro, al tenerlo tan rizado y la cabeza tan delicada por ser pequeña, tiraban de él y le hacían daño.
    Sí, claro, y el rollo de los peinados.
    ¡Si no lo digo porque sean tíos! Es que me ha venido ahora a la mente. Si mamá era igual con nosotras. ¿O no te acuerdas? ¿Que de pequeñas teníamos el pelo a ras de las orejas porque no quería estar desenredándonoslo a todas horas? Que a mí ahora me encanta el pelo corto, pero sé que a Hadi, por ejemplo, no. Supongo que por eso siempre estaba diciéndole a Álex que qué cabello tan bonito le estaba saliendo. Ahora, como se peina sola, lo lleva laaargo, que es como le gusta. Y además lo tiene supersuave y superfrondoso. ¿Se han fijado? ¿Los rizos le saldrán así o usará algún producto especial para su tipo de cabello? Tengo que preguntárselo.
    Sí, sí, perdón, que me estoy desviando.
    La cuestión es que conseguí que quedáramos más seguido de lo que tenían pensado los otros tres. Yo iba a casa de Richy esperando que se enamorara de mí y él se ponía guapo para ver si había suerte y seducía a Álex. Álex procuraba alejarse todo lo posible de Richy interponiendo a Hadi y Hadi se debatía internamente entre salvar a su amiga Álex o aliviar su mal de amores pegándose a mí. Ricardo siempre estaba presente; no era el típico sargento pero sí el típico pesado: siempre ahí, mirando, cotilleando, ya saben, muchos padres son así; a lo mejor ustedes son así, si tienen hijos...
    A mí me ponía nerviosa. Al principio pasaba de él, intentaba ignorar sus comentarios. Yo llegaba a casa, él abría la puerta, me decía que iba muy guapa, yo sonreía, preguntaba si estaba Richy, me decía que estaba esperando en el comedor y yo entraba. Luego Richy nunca estaba esperando en el comedor, sino en su cuarto, y su padre lo llamaba a gritos mientras me miraba fijamente o de reojo. Richy tardaba en aparecer, imagino que por la pereza de verme a mí en vez de a Álex; creo que ha quedado claro que sé de sobra que era una puta pesada. Yo permanecía de pie esperando y en la espera el profesor rompía el silencio con alguna frase tonta que en aquel entonces yo no entendía muy bien a qué venía: «Me gusta mucho tu falda», «Te quedan muy bien esos zapatos», «Bonito pintalabios».
    Al principio lo hacía desde cierta distancia: la mesa redonda del comedor nos separaba. Luego empezó a acercarse; rodeando el mueble hasta plantarse a mi lado mientras yo esperaba ansiosa a si hijo. Un día me dijo: «Te está creciendo el pelo» y me lo echó detrás de las orejas. Yo le sonreí un poco, [entre risas] ¿qué otra cosa iba a hacer?, y volví a dejarme el pelo por encima, que es como me gusta.
 

jueves, 5 de febrero de 2026

III

En mi primer trabajo en grupo en el instituto, me tocó estar con Richy. Pero, claro, no podía decirle que no a Álex, con esa forma tan dulce de pedírmelo, y no sólo porque Ivette también estuviera dentro.
    Según parece, Ivette se lo había propuesto a Richy, con la intención de poder ir a su casa y ligárselo. Richy había aceptado, pero la profesora había especificado que los grupos tenían que ser de cuatro, así que le preguntó a Ivette si tenía alguna preferencia y, como ésta dijo que no, se lo pidió a Álex. A Álex, lógicamente, no le caía bien Richy; pero Richy le había dicho que podía elegir al cuarto miembro y, como sabía que yo seguía sin grupo, aceptó y vino a preguntarme.
    Yo me había decepcionado un poco al saber que Ivette ya no estaba disponible, así que me emocioné más de lo conveniente cuando me enteré de que me estaban pidiendo que formara parte de su grupo. Era la única de las cuatro que iba a estar con la persona que le gustaba sin haberse arriesgado a parecer desesperada pidiéndoselo.
    Obviamente, yo sabía que no tenía posibilidades con Ivette; pero, mientras siguiera gustándome y yo no hiciera daño a nadie, iba a seguir fantaseando con ella. Ahora sé que, desgraciadamente, sí hacía daño a alguien.
    Álex se empezó a fijar en mí cuando, en el colegio, le dije que tenía un pelo muy bonito y que ojalá mis padres me dejaran dejármelo largo. Para esa pequeña niña fui la primera, sin contar a su familia más cercana, en aceptarla tal y como era; y eso se le quedó grabado en el pecho. Entonces hizo lo mismo que yo hice con Ivette cuando la conocí: hacerse mi amiga. Y mientras siguiera queriéndome y no hiciera daño a nadie, iba a seguir fantaseando conmigo.
    Fui la primera en llegar a casa de Richy. No era muy grande, pero teníamos sitio de sobra en el comedor. Su padre estaba en casa para poder ayudarnos, a pesar de que el trabajo no era de matemáticas sino de castellano. Álex fue la siguiente en llegar. Richy se había arreglado; parecía tener intención de ligarse a Álex, una chica de la que se burlaba cuando estaba con sus amigos. No me explicaba, y sigo sin explicarme, cómo podía pensar en serio que tenía alguna posibilidad.
    Ivette nunca ha sido nada puntual. No por despiste o pereza, sino porque siempre le ha gustado entrar a lo grande, captar la atención, que todos se giren para verla llegar. Además, era una de esas chicas que van adelantadas al resto. Digo «era» porque ahora todas hemos crecido, pero en esa época Ivette parecía más mayor que las demás y estaba más desarrollada. Estar desarrollada parece una forma sutil de decir que ya le han crecido las tetas, pero no me refiero a eso; aunque ya le estaban creciendo, aún le faltaban un par de años para que se le formara del todo el pecho. No, quiero decir que Ivette pensaba y hacía cosas que yo, por ejemplo, empezaría a hacer en dos o tres años.
    Era un viernes por la tarde cuando quedamos por primera vez para hacer el trabajo. Lo bueno y malo de tener un padre profesor es que te obliga a no dejarlo para última hora, así que nuestro grupo fue el primero en entregarlo. Por la mañana habíamos tenido educación física, así que lo normal habría sido pensar que por la tarde no era yo la única que iba en chándal. Habría sido un error pensar lo normal. Álex, por supuesto, llevaba un vestido verde lima a juego, pobre, ni hecho aposta, con las paredes de la entrada de la casa de Richy. Richy había aprovechado para ponerse una camisa que, todo sea dicho, le quedaba bastante bien, fingiendo que esa era la ropa que solía usar los viernes. Ivette llegó a casa de Richy más guapa, si cabe, de lo normal.
    En su plan de seducir al hijo del profesor de matemáticas, había encontrado un obstáculo que no sé cómo no previó: Richy había decidido que Álex estaría en su equipo. Tal vez Ivette pensara que, aunque él quisiera a Álex en el grupo, ella se negaría. Evidentemente, no fue el caso. Al saber que yo también estaba dentro, dicho obstáculo se había vuelto menos peligroso, pero aun así no quería arriesgarse. Cuando había clase de educación física, ella siempre iba en mallas, y las mallas son ropa de deporte bonita, así que no hacía falta que se cambiara. Pero su intención era crear tal impacto en su llegada que el shock hiciera que Richy empezara a fijarse en ella; así que apareció por la puerta con una minifalda negra, unas botas de ante con apenas tres centímetros de tacón también negras, una camiseta ajustada con la que se marcaba su ombligo, una finísima gargantilla elástica y los ojos y los labios ligeramente pintados.
    No sé si Ivette pretendía fingir que esa era la ropa que llevaba los viernes o de verdad se vestía así cuando no había clase, pero a partir de ese momento empezó a vestir más provocativa para ir al instituto. También empezó, de vez en cuando, sobre todo los días en los que no había educación física, a maquillarse. Pero los tacones los guardaba para algunos fines de semana.
    Fue entonces, una vez estuvimos los cuatro sobre la mesa del comedor, cuando el profesor de matemáticas, que había pasado de nosotros desde que yo había llegado, nos ofreció su ayuda. Richy le dijo que no hacía falta; no quería que su padre entorpeciera sus ya de por sí torpes intentos de seducir a Álex. Pero aun así él se sentó en el sofá, bolígrafo y cuaderno de crucigramas en mano, cerca del grupo, palabras textuales: «Por si me necesitáis».