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domingo, 7 de agosto de 2016

a veces lloro en mis ratos libres

a veces lloro en mis ratos libres
cuando tengo un hueco
un agujero
un vacío en las entrañas

lloro cuando la gravedad es tan alta
tan alta
que las posibilidades de caer de mis expectativas y morir aplastada por mi propio peso me hacen creer que he llegado a Venus
en lugar de a olvidarte

cuando la cremallera se engancha
y no me cierra la chaqueta
y cojo frío
y no lo suelto porque es lo único que tengo

cuando no tengo otra cosa que hacer
porque es mi rato libre y
tengo un hueco
aquí
debajo de esta piel
a la altura del pecho


a veces lloro en mis ratos libres
cuando tengo un hueco
un agujero
negro que lo absorbe todo menos la tristeza

cuando no encuentro la aguja en el pajar que cosa este desgarro del vientre
cuando      encuentro la aguja
en el pajar
y ya es tarde

porque en vez de un descosido

soy un roto.

jueves, 7 de abril de 2016

miércoles, 23 de marzo de 2016

viernes, 2 de octubre de 2015

insignificante

No puedo llevar yo sola toda esta tristeza, pero
levanto la mano y casi puedo tocar el techo.
Me miran los ciento catorce ojos de la orla del colegio y
me pregunto por qué narices no existe ninguna asignatura que te enseñe a sobrellevar la congoja;
por qué Conocimiento del Medio no te explica cómo digerir el desconsuelo;
por qué las matemáticas no te ayudan a dividir la melancolía en partes tan pequeñas que ni se aprecien a simple vista;
por qué en Educación Física no te preparan para levantar este pesar.

La cama es más estrecha ahora que te has ido y
yo intento distanciarme del vacío que has dejado.
Acercándome al precipicio mientras finjo que
el área del colchón es solo esa orilla en la que me apoyo.
Todo lo demás no existe.

El suelo está frío porque la ausencia es fría.
Mis pies no caminan porque la desdicha no parte.
Las cuatro paredes me aplastan y
mi pijama favorito me ahoga.
Todo lo que como es amargo,
todo lo que bebo es por ti.

No puedo llevar yo sola toda esta tristeza, pero
levanto las manos y puedo coger una a una todas las estrellas.
Me quemo las palmas y
se resquebrajan las yemas de los dedos con los que
suelo escribirte tonterías como esta.
Descienden los días de fiesta,
disminuyen las personas a mi alrededor,
menguan las luces de neón de las ciudades,
desaparecen las puestas de sol.
Y
aún no sé si el mundo se está haciendo más pequeño
o
es mi cuerpo el que está creciendo para poder soportar tanto dolor.

viernes, 21 de agosto de 2015

cuando me dices adiós con mi corazón

No suelo llorar en las despedidas, siempre llego tarde.

Lloro cuando ya es oficial, cuando no va ha volver,
cuando he sido demasiado estúpida como para no decirle que se quede, joder.

Lloro cuando no puedo dormir porque tengo frío,
cuando duermo de un tirón sin su ayuda,
cuando me despierto y no tengo a quien llevarle el desayuno a la cama.

Lloro cuando me ducho y alcanzo yo sola el centro de mi espalda.

Cuando cocino para dos
y sobra,
cuando no da tiempo a que se enfríe la comida.

Cuando me bebo de un trago todas las cervezas de la nevera y no tengo a quien quejarme de lo poco que me gusta la cerveza.

Cuando llaman y es para mí,
cuando llaman y no es para decirme que me quieren.

Y lloro, sobre todo,
cuando salgo de casa
sin tener que despedirme.