Desde que comprendí lo que sentía, no pensaba en otra cosa que en sobrevivir a las clases y caerle bien. Porque me conformaba con que no me odiara, ¡lo juro! No me importaba que no me correspondiera. Bueno... ya me entienden... Sí me importaba, pero procuraba vivir con ello; no siempre te van a querer las personas a las que quieres. Pero ¡me daba rabia! Me daba rabia que ella sintiera lo mismo que yo, pero por otra persona; otra persona que encima no le hacía ni caso...
Ya, ya, pero... Me costó un montón. Es que era distinta. Es distinta. No sé... No se metía con nadie. A ver, tampoco es que sea distinta, o sea... Todo el mundo es distinto a su manera y eso está bien, ¿no? ¡Ay, no sé!
Tampoco sé si decirle que no habría cambiado algo... Probablemente no: habría seguido teniendo todo el curso por delante para intentarlo; porque la verdad es que perseverancia no le faltaba... Y ya les digo que yo fui contundente con mi respuesta, con... con el motivo por el que accedí. O eso creo, vamos... que le dejé claro que yo no quería nada...
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