Por suerte, en segundo de la ESO, la cosa cambió; la gente que en primero se metía conmigo dejó de marearme. O al menos dejó de marearme tanto. Y, aunque me... fastidie, tengo que confesar que gran parte de esa “suerte” [hace el gesto de comillas con las manos] fue Ivette.
A ver, hay que tener en cuenta que a ella siempre le ha gustado ser el centro de atención; por eso se decoloró el pelo a escasos dos días de reanudar el instituto. Claro... todo el mundo fijándose en ella. Y tampoco es que me queje, o sea... Yo me había cortado flequillo ese verano y me daba miedo que me miraran y lo usaran como motivo de burla, así que por ese aspecto debo estarle agradecida; porque ella desvió la atención hacia sí. Pero no era la única con un cambio de look, ¿saben? Dani, por ejemplo, se había rapado el pelo. Lucía se había hecho mechas de colores. A Hadi le estaba creciendo tanto el pelo que su propio peso estaba deshaciendo la forma de pompón tan graciosa que hasta ahora había llevado. Pero no es por esto por lo que digo que Ivette, hmm... contribuyó a que yo me sintiera menos... objeto de burla.
Bueno, claro, tampoco sería sólo por ella. En el colegio se metieron mucho conmigo durante todo un curso y al siguiente se cansaron un poco; aquí pasaría lo mismo, digo yo. Pero el hecho de que Ivette dejara de tratarme tan mal ayudó un montón a que yo no me sintiera tan cohibida.
Aunque yo seguía teniendo miedo; me quité el flequillo en menos de un mes por si acaso resultaba que aún no se habían dado cuenta de que lo tenía y se reían entonces de mí. Nadie dijo nada, o sea que supongo que nadie se fijaba en mí. Pero, bueno, ¡Ivette! Tenía novio. ¡O eso decía ella, claro! Que no sé yo... Me lo dijo Hadi, y luego fuimos juntas a preguntarle a Ivy por él. Nos dijo que lo había conocido en su pueblo. Mau... ¿lévre [sic]? Algo así. Ya les digo que nosotras no lo conocimos en ningún momento; ni oímos su voz en ningún audio ni nada. Yo, sinceramente, creo que se lo inventó para llamar la atención.
Hadi sí que se lo creía, no dudaba nunca de su palabra, pero Ivette sólo nos pudo enseñar una foto suya: la que tenía de perfil en Facebook. El resto de las fotos de su cuenta eran de coches deportivos y demás tonterías; ceniceros con colillas, fotos borrosas supuestamente de algún botellón y paredes con grafitis, o cosas por el estilo. Nos dijo que era mayor que ella; unos diecisiete o así, creo.
Prácticamente durante todo segundo, para Ivette no existió nada más que su teléfono móvil. Se pasaba el día sonriendo a la pantalla, enviando mensajes, leyendo lo que él le escribía desde donde quiera que estuviera; supongo que Francia, no sé, digo yo que viviría allí. Más de una vez los profesores la castigaron quitándole el teléfono y obligándola a quedarse en clase en la hora del recreo.
No sé si todos, no recuerdo... cada clase en concreto. Pero supongo que sí, él también. Que se le caía la baba cada vez que la veía caminar por los pasillos. La sacaba a la pizarra y, en vez de vigilar que estuviera haciendo bien el ejercicio, lo que hacía era estudiar su figura como si la memorizara para un examen. Daba ganas de vomitar. Pero Ivette usaba el móvil delante de sus narices; por mucho que no quisiera importunar mínimamente al fuego de sus entrañas, tuvo que castigarla alguna vez o allí todos nos habríamos puesto a tuitear. No llamaría a sus padres, claro, pero al menos quitarle el móvil sí.
Bueno. El caso es que no había fotos. [Entre risas]. ¡En serio! O sea... se suponía que habían pasado un verano increíble juntos, pero ¡no tenía ni una puta foto con él en su móvil! Ejem. Perdón por la palabrota. Que no digo que sea obligatorio, pero, si vas a mantener una relación a distancia, lo normal es tener fotos en el móvil para verlas cuando lo eches de menos. Digo yo, ¿eh? Yo tengo un millón de fotos con Hadi y seguimos yendo a la misma clase. A mí no me cuadraba la historia.
Aun así, debo decir que me alegré muchísimo de su relación con ese chico, fuera real o imaginaria. Para empezar, por lo que he dicho antes: dejó de meterse conmigo. Y una menos... pues se notaba. Porque además era una de las que más me... Iba a decir jodían. De las que más daño me hacían. Porque Ivette no es que me señalara y cuchicheara desde la distancia, no; Ivette me hablaba muy bruscamente y me cortaba. Me mandaba indirectas cuando sabía que yo estaba cerca sabiendo que me hacía mucho daño. Se notaba que intentaba hacerse la superior. Pero me dejó en paz. Y, aunque por supuesto seguía sin caerme bien, me di cuenta de que Hadi ya no parecía estar tan enamoriscada, ¿saben? Es como si al verla feliz con otra persona, hubiera cambiado el chip. Eso también se lo agradecí íntimamente.
Un día Hadi me abordó a la salida del colegio con la frase: «Lucas se llama». Le pregunté de qué estaba hablando y me dijo: «¡El novio de Ivy!». Además me cogió del brazo, así, rodeándomelo con el suyo, que ya sé que es algo muy común entre las chicas, pero... ¡no voy a mentir!: hizo que las mariposas de mi estómago se revolucionaran. «”Lucas” no parece un nombre muy francés, ¿no?», le dije intentando no sonreír mucho por si se me notaba. «A ver, es que yo no sé pronunciarlo... Se dirá... “Lucá” o algo así...». Nos empezamos a reír a carcajadas y acabamos considerando la idea de que no fuera un chico francés. A fin de cuentas, Ivette tampoco vivía en Francia; igual lo había conocido mientras él también veraneaba. Quise saber si le había enseñado alguna foto más. «Qué va», fue la respuesta de Hadi. Y entonces hice un gesto con la mano y sin querer ¡le rocé una teta! [Cubre su rostro con las manos]. Diooos... ¡me morí de vergüenza, en serio! Pfff... Qué mal.
Sí, sí, pero es que lo pasé fatal. Le pedí perdón y me puse superroja. Ella se rió, nno-no-no le dio importancia. Me dijo: «Pero ¡si ni lo he notado! ¿No ves que llevo un jersey tan gordo?» mientras yo me tapaba la cara con las manos y rezaba por volver atrás en el tiempo.
Claro, ¿a quién no le ha pasado, que toca sin querer algo que no debe? Pero en ese momento yo quería que me tragara La Tierra.
Al día siguiente decidimos tenderle una emboscada a Ivette para que nos contara todo sobre ese tal “Lucá” [hace el gesto de comillas con las manos]. A mí me importaba más pasar tiempo con Hadi que cotillear acerca del supuesto novio de Ivy, pero algo de curiosidad sí tenía. Al menos por la imaginativa de las respuestas; por ver qué se iba a sacar de la manga y si soltaba sin querer algo que la contradijera.
Pues le hicimos las típicas preguntas que se hacen, ya saben, hmm... Cómo os habéis conocido exactamente, de dónde es, cómo besa, ¿se lo has contado a sus padres?, a qué huele su ropa, por qué no os habéis hecho una foto juntos para que nosotras podamos ver lo monos que sois, ¿existe de verdad o te lo has inventado? No sé...
A ver, hay que tener en cuenta que a ella siempre le ha gustado ser el centro de atención; por eso se decoloró el pelo a escasos dos días de reanudar el instituto. Claro... todo el mundo fijándose en ella. Y tampoco es que me queje, o sea... Yo me había cortado flequillo ese verano y me daba miedo que me miraran y lo usaran como motivo de burla, así que por ese aspecto debo estarle agradecida; porque ella desvió la atención hacia sí. Pero no era la única con un cambio de look, ¿saben? Dani, por ejemplo, se había rapado el pelo. Lucía se había hecho mechas de colores. A Hadi le estaba creciendo tanto el pelo que su propio peso estaba deshaciendo la forma de pompón tan graciosa que hasta ahora había llevado. Pero no es por esto por lo que digo que Ivette, hmm... contribuyó a que yo me sintiera menos... objeto de burla.
Bueno, claro, tampoco sería sólo por ella. En el colegio se metieron mucho conmigo durante todo un curso y al siguiente se cansaron un poco; aquí pasaría lo mismo, digo yo. Pero el hecho de que Ivette dejara de tratarme tan mal ayudó un montón a que yo no me sintiera tan cohibida.
Aunque yo seguía teniendo miedo; me quité el flequillo en menos de un mes por si acaso resultaba que aún no se habían dado cuenta de que lo tenía y se reían entonces de mí. Nadie dijo nada, o sea que supongo que nadie se fijaba en mí. Pero, bueno, ¡Ivette! Tenía novio. ¡O eso decía ella, claro! Que no sé yo... Me lo dijo Hadi, y luego fuimos juntas a preguntarle a Ivy por él. Nos dijo que lo había conocido en su pueblo. Mau... ¿lévre [sic]? Algo así. Ya les digo que nosotras no lo conocimos en ningún momento; ni oímos su voz en ningún audio ni nada. Yo, sinceramente, creo que se lo inventó para llamar la atención.
Hadi sí que se lo creía, no dudaba nunca de su palabra, pero Ivette sólo nos pudo enseñar una foto suya: la que tenía de perfil en Facebook. El resto de las fotos de su cuenta eran de coches deportivos y demás tonterías; ceniceros con colillas, fotos borrosas supuestamente de algún botellón y paredes con grafitis, o cosas por el estilo. Nos dijo que era mayor que ella; unos diecisiete o así, creo.
Prácticamente durante todo segundo, para Ivette no existió nada más que su teléfono móvil. Se pasaba el día sonriendo a la pantalla, enviando mensajes, leyendo lo que él le escribía desde donde quiera que estuviera; supongo que Francia, no sé, digo yo que viviría allí. Más de una vez los profesores la castigaron quitándole el teléfono y obligándola a quedarse en clase en la hora del recreo.
No sé si todos, no recuerdo... cada clase en concreto. Pero supongo que sí, él también. Que se le caía la baba cada vez que la veía caminar por los pasillos. La sacaba a la pizarra y, en vez de vigilar que estuviera haciendo bien el ejercicio, lo que hacía era estudiar su figura como si la memorizara para un examen. Daba ganas de vomitar. Pero Ivette usaba el móvil delante de sus narices; por mucho que no quisiera importunar mínimamente al fuego de sus entrañas, tuvo que castigarla alguna vez o allí todos nos habríamos puesto a tuitear. No llamaría a sus padres, claro, pero al menos quitarle el móvil sí.
Bueno. El caso es que no había fotos. [Entre risas]. ¡En serio! O sea... se suponía que habían pasado un verano increíble juntos, pero ¡no tenía ni una puta foto con él en su móvil! Ejem. Perdón por la palabrota. Que no digo que sea obligatorio, pero, si vas a mantener una relación a distancia, lo normal es tener fotos en el móvil para verlas cuando lo eches de menos. Digo yo, ¿eh? Yo tengo un millón de fotos con Hadi y seguimos yendo a la misma clase. A mí no me cuadraba la historia.
Aun así, debo decir que me alegré muchísimo de su relación con ese chico, fuera real o imaginaria. Para empezar, por lo que he dicho antes: dejó de meterse conmigo. Y una menos... pues se notaba. Porque además era una de las que más me... Iba a decir jodían. De las que más daño me hacían. Porque Ivette no es que me señalara y cuchicheara desde la distancia, no; Ivette me hablaba muy bruscamente y me cortaba. Me mandaba indirectas cuando sabía que yo estaba cerca sabiendo que me hacía mucho daño. Se notaba que intentaba hacerse la superior. Pero me dejó en paz. Y, aunque por supuesto seguía sin caerme bien, me di cuenta de que Hadi ya no parecía estar tan enamoriscada, ¿saben? Es como si al verla feliz con otra persona, hubiera cambiado el chip. Eso también se lo agradecí íntimamente.
Un día Hadi me abordó a la salida del colegio con la frase: «Lucas se llama». Le pregunté de qué estaba hablando y me dijo: «¡El novio de Ivy!». Además me cogió del brazo, así, rodeándomelo con el suyo, que ya sé que es algo muy común entre las chicas, pero... ¡no voy a mentir!: hizo que las mariposas de mi estómago se revolucionaran. «”Lucas” no parece un nombre muy francés, ¿no?», le dije intentando no sonreír mucho por si se me notaba. «A ver, es que yo no sé pronunciarlo... Se dirá... “Lucá” o algo así...». Nos empezamos a reír a carcajadas y acabamos considerando la idea de que no fuera un chico francés. A fin de cuentas, Ivette tampoco vivía en Francia; igual lo había conocido mientras él también veraneaba. Quise saber si le había enseñado alguna foto más. «Qué va», fue la respuesta de Hadi. Y entonces hice un gesto con la mano y sin querer ¡le rocé una teta! [Cubre su rostro con las manos]. Diooos... ¡me morí de vergüenza, en serio! Pfff... Qué mal.
Sí, sí, pero es que lo pasé fatal. Le pedí perdón y me puse superroja. Ella se rió, nno-no-no le dio importancia. Me dijo: «Pero ¡si ni lo he notado! ¿No ves que llevo un jersey tan gordo?» mientras yo me tapaba la cara con las manos y rezaba por volver atrás en el tiempo.
Claro, ¿a quién no le ha pasado, que toca sin querer algo que no debe? Pero en ese momento yo quería que me tragara La Tierra.
Al día siguiente decidimos tenderle una emboscada a Ivette para que nos contara todo sobre ese tal “Lucá” [hace el gesto de comillas con las manos]. A mí me importaba más pasar tiempo con Hadi que cotillear acerca del supuesto novio de Ivy, pero algo de curiosidad sí tenía. Al menos por la imaginativa de las respuestas; por ver qué se iba a sacar de la manga y si soltaba sin querer algo que la contradijera.
Pues le hicimos las típicas preguntas que se hacen, ya saben, hmm... Cómo os habéis conocido exactamente, de dónde es, cómo besa, ¿se lo has contado a sus padres?, a qué huele su ropa, por qué no os habéis hecho una foto juntos para que nosotras podamos ver lo monos que sois, ¿existe de verdad o te lo has inventado? No sé...