Esto es anónimo, ¿verdad? O sea... No va a salir de aquí, ¿no?
Vale. A ver. Yo les dije que Lucas era mi novio, pero no lo era. Pero tampoco era ésa la única mentira y mucho menos la más grave, o sea... Sí que lo conocí mientras yo estaba en Maulévrier, pero ¡no en persona!
Más o menos... No. A ver. Yo estaba en la casa de mis abuelos viendo la tele, aburridísima junto con mi hermana y mis primas. Bueno, nuestras primas. El caso es que de repente me vibró el móvil y yo, pues, fui a mirar qué era. Vi que tenía una nueva notificación de Facebook y abrí creyendo que igual era algún like en la foto que había subido apenas unos minutos antes. O algún comentario. Porque la verdad es que el paisaje de allí es precioso y obviamente nunca pierdo la oportunidad de fardar de pueblo siempre que voy. ¡Ni que estuviera loca! Pero no era ningún like, sino una petición de amistad de un tal Lucas. Hice clic en su perfil para ver quién era; no lo conocía de nada pero era muy guapo, así que acepté.
Las chicas se quejaban de que sólo tenía una foto, pero no es verdad; había alguna más de él, lo que pasa es que no le gustaba subir fotos de su cara...
Hadiya y Alejandra.
[Entre risas]. Sí, claro, quién [sic] van a ser si no.
Bueno, nada más aceptar su petición, me mandó un mensaje privado. Puedo enseñárselo, por si quiere escribirlo también en el ordenador. Es esto: lo primero. [Entrega su teléfono móvil].
[Entre risas]. Tiene un montón de faltas de ortografía, pero me pareció adorable.
Yo le contesté en seguida; es lo que hay justo debajo.
Desliza un poco, sí.
Sí, ponlo también si quieres. Bueno... Lo que vean, que yo no...
A partir de ahí empezamos a hablar prácticamente todos los días. Al principio hablábamos de cosas muy generales: qué música escuchábamos, qué libros habíamos leído, qué deportes hacíamos... No sé... Muchas cosas, está todo ahí, en el móvil; sigue deslizando hacia abajo. Hablábamos de los estudios; Lucas acababa de empezar segundo de bachiller. Se había metido en la rama de ciencias porque quería estudiar... No me acuerdo, la verdad, algo de ciencias.
Empezó a tontear conmigo en seguida. Cada vez que subía una foto al Face, él me enviaba un mensaje privado diciéndome lo sexy que salía o que qué pena no estar ahí él para hacerme la foto desde otro ángulo o chorradas de ese estilo. A mí me hacía gracia. Me hacía sentirme importante; me hacía sentirme deseada. En clase había muchos chicos medio colados por mí, pero se conformaban con darme likes y comentar emoticonos; hablaban de mí, pero ninguno se acercaba a ligar conmigo.
Se hizo Instagram aposta para seguirme porque yo le dije que si quería ver todo lo que subía tenía que seguirme en Instagram. ¡Hay fotos que no puedo compartir en Facebook, con toda la familia mirándome!
Pero si tú haces lo mismo, ¿qué me estás contando? Pf.
Poco a poco empezamos a enviarnos algo más que mensajes. Me refiero a canciones que nos recordaban al otro o vídeos de YouTube que creíamos que le iban a gustar. Ese tipo de cosas. Le envié una foto del corazón con nuestras iniciales que pinté en una barandilla el primer día de insti; le gustó mucho, dijo que era muy tierna. [Ríe].
Cuando llegó el día de Navidad, le envié una foto para que viera lo guapa que iba a ir a la cena con la familia. ¡Ah, bueno, es verdad! Después de seguirnos en Instagram, también nos dimos nuestros números de teléfono para hablar por WhatsApp porque es mucho más cómodo que el chat del Facebook. Y en el WhatsApp tiene una foto totalmente diferente a la de Facebook, o sea que eso de que sólo existe una foto de su cara es mentira.
Bueno, yo le envié una foto de mí con la ropa que me iba a poner para la cena y él me envió una foto de la ropa que pensaba ponerse. Le dije que la camisa que había escogido no pegaba nada con los pantalones y me mandó una foto de otras posibles camisas. El pobre no tenía mucha idea de vestirse, ¡menos mal que estaba yo ahí!
Yo estaba supercontenta y no podía parar de hablarles de él a las chicas de clase. Y aunque digan ahora que yo era una pesada, ya les digo yo que ellas también me preguntaban. E incluso intentaban averiguar cosas por su propia cuenta; o sea, Hadi, por ejemplo, averiguó que se llamaba Lucas porque vio que el único «Lu» que tenía de amigo en Facebook que ella no conociera era él. Porque hay un Lucas en clase y un Louis que es el novio de un primo mío y Hadi sabe quién es. O sea, no es que lo conozca personalmente, pero sabe de su existencia, quiero decir.
Lo que no sabían era el apellido, ya que no lo tenía puesto en Facebook ni en Instagram; por eso me preguntaron si era francés. Yo intenté no mentirles, pero es que tampoco podía decirles que era español y que me preguntaran entonces por qué no quedábamos. No sabía qué decirles; pero no sabía qué decirles porque ni siquiera yo lo entendía. O sea, vale, sí: si es de Extremadura, por ejemplo, o de Galicia, pues obviamente no nos podemos ver porque está en la otra punta. Pero no sé... Yo les dije que no era francés, pero que vivía en Francia, en Maulévrier, y así me evitaba más comidas de coco. Se extrañaron un poco, pero les recordé que yo soy francesa y vivo aquí. También les dije que hablábamos en los dos idiomas; a veces en francés, a veces en castellano; para que fuera creíble. [Entre risas]. No habría tenido ningún sentido que les dijera que Lucas no entendía ni papa de francés.
Les dije que no teníamos fotos juntos porque no se nos había ocurrido. Durante el verano que habíamos pasado, supuestamente, juntos, pues lo habíamos pasado disfrutando y no se nos había ocurrido hacernos fotos. Que besaba muy bien y olía a desodorante Axe. No, obviamente no se lo había contado a mis padres; no se lo conté a ésta de aquí, así que imagínense.
[Entre risas]. Qué tonta. Si je t’aime.
Un día, bueno, una noche, así, de repente, me dijo que se aburría y me pidió que le mandara una foto de mí en ropa interior. Me hice un montón de fotos en sujetador y bragas porque no sabía desde qué ángulo hacérmela. Al final le mandé una en la que parecía que tenía más tetas. Me dejó en visto y me sentí un poco indignada; encima de que me lo curro... Al cabo de un rato lo vi escribiendo. Me dijo que le gustaba mucho la foto y que se acababa de masturbar mirándola. Luego nos despedimos, eliminé de mi móvil todas las fotos que me había hecho y me fui a dormir porque al día siguiente había clase.
Como se pueden imaginar, empezamos a enviarnos ese tipo de imágenes más seguido. Al principio yo le enviaba fotos de mí en ropa interior y él me enviaba una foto de su paquete en calzoncillos; para enseñarme cómo le había hecho empalmarse, ya saben. Era como una especie de juego porque las fotos eran cada vez más provocativas. Una vez yo, por ejemplo, le envié una foto sin sujetador pero tapándome las tetas con el brazo; y él me respondió con el calzoncillo medio bajado enseñando los pelillos de más arriba, pero sin mostrar nada más: sólo pelo.
No, no conservo las fotos. Las borraba justo después. [Entre risas]. Por si acaso alguien me cogía el móvil y se ponía a cotillear, claro. ¡Me da un infarto como me pase eso!
Ni idea. Yo imagino que sí... Por el mismo motivo, ¿saben? Por si, yo qué sé, va a enseñarle una imagen en concreto a su madre, su madre empieza a pasar las fotos y se encuentra con el percal. Pero no lo sé seguro porque nunca hablamos de eso.
¡Llegamos incluso a mandarnos vídeos! Vaya tela... Una foto aún tiene su punto, pero un vídeo... Pfff... [Cubre su rostro con las manos]. Vaya tela.
¡Empezó él! Después de enviarle yo una foto completamente desnuda, me mandó un vídeo de él haciéndose una paja. Literalmente. No se veía nada más; era un vídeo de su polla empinada, cegada por el flash, y su mano derecha arriba, abajo, arriba, abajo, arriba, abajo. [Gesticula con la mano y la cabeza].
¡Sí! Como un partido de tenis, pero en vertical. Y me envió varios vídeos así. Sabía que no eran el mismo porque se le veían diferentes calzoncillos, pero el cariz no cambiaba en absoluto. Una vez hasta me mandó uno con un mensaje de texto que ponía: «Chúpamela».
[Entre risas]. Sí, sí, tal cual. Yo flipaba con el pavo. Creo que contesté con una carita sonrojada o yo qué sé. El vídeo no creo, pero a lo mejor mi respuesta sigue estando ahí. [Mira su teléfono móvil].
Bueno, no la encuentro, da igual.
Él volvió a repetir el mensaje: «Chúpamela». Me quedé un poco parada y le pregunté si iba en serio; me dijo que sí y yo le dije que vale. Supongo que fue ese el momento en el que me di cuenta de que la cosa se estaba poniendo un poco turbia. Dejé el móvil en la mesita y me fui a hacer otra cosa; deberes o algo; fregar los platos, no sé. Al rato vi que tenía un nuevo mensaje suyo y leo: «¿Me la has chupado ya?». Claro, respondí que sí, ¡por decirle alguna cosa! Creo que quería que lamiera la pantalla, ¿no? Eso parecía. Luego me escribió algo como... Si me había gustado, supongo. Le dije que sí, mucho, carita sonrojada, y me contestó que ojalá me hubiera visto hacerlo, que quería agarrarme del pelo mientras se la chupaba o rodearme el cuello o no sé qué historias. [Entre risas]. Se le iba un poco la pinza.
Pero no fue ahí cuando decidí romper con él. De hecho, días más tarde, yo también intenté enviarle un vídeo masturbándome. Porque me lo pidió, claro. Y... no sé... Quería probar yo también. Eso sí: me resultó muy complicado.
¡Porque me faltaban manos! O sea, necesitaba una mano para coger el móvil, otra para abrir los labios de la vagina y otra para meterme los dedos por el coño. Era imposible. Pero al final lo conseguí: dejé el móvil en la cama y yo me arrodillé justo encima de la cámara para masturbarme.
Al principio no me sentí muy cómoda. Entre el dolor de meterme un par de dedos y el pensar que luego él me estaría mirando... Estaba muy nerviosa. Intenté relajarme respirando hondo. Ya me había quitado las bragas para el vídeo, así que simplemente las cogí y me froté toda la zona con ellas; porque, si lo hago sin nada de por medio, siento como un escozor. No es un escozor, es que no sé cómo explicarlo. Da igual.
Cuando ya parecía haber lubricado un poco, dejé las bragas arrugadas a un lado, lamí mi dedo corazón de la mano derecha y lo introduje. Hice círculos dentro del músculo para relajarlo. Luego saqué el dedo y lo volví a chupar, pero esta vez también junto con el dedo anular. Los introduje los dos en la vagina, sintiendo daño. Siempre me pasa igual, pero me he dado cuenta con el tiempo de que el daño se pasa mientras me masturbo; así que, como no era un dolor insoportable, no los saqué.
Moví verticalmente mis dedos hasta que ese dolor se convirtió en placer; y seguí así hasta que dejé de estar pendiente del teléfono móvil y la vagina empezó a contraerse, a palpitar, más bien, contribuyendo al orgasmo. Lancé un gemido y me senté encima de la pantalla. Saqué los dedos de mi cuerpo y fui al baño a lavarme. Después vi el vídeo tapándome la cara de vergüenza y lo envié sin pensármelo demasiado, no fuera a ser que al final no se lo enseñara. No lo volví a hacer.
Vale. A ver. Yo les dije que Lucas era mi novio, pero no lo era. Pero tampoco era ésa la única mentira y mucho menos la más grave, o sea... Sí que lo conocí mientras yo estaba en Maulévrier, pero ¡no en persona!
Más o menos... No. A ver. Yo estaba en la casa de mis abuelos viendo la tele, aburridísima junto con mi hermana y mis primas. Bueno, nuestras primas. El caso es que de repente me vibró el móvil y yo, pues, fui a mirar qué era. Vi que tenía una nueva notificación de Facebook y abrí creyendo que igual era algún like en la foto que había subido apenas unos minutos antes. O algún comentario. Porque la verdad es que el paisaje de allí es precioso y obviamente nunca pierdo la oportunidad de fardar de pueblo siempre que voy. ¡Ni que estuviera loca! Pero no era ningún like, sino una petición de amistad de un tal Lucas. Hice clic en su perfil para ver quién era; no lo conocía de nada pero era muy guapo, así que acepté.
Las chicas se quejaban de que sólo tenía una foto, pero no es verdad; había alguna más de él, lo que pasa es que no le gustaba subir fotos de su cara...
Hadiya y Alejandra.
[Entre risas]. Sí, claro, quién [sic] van a ser si no.
Bueno, nada más aceptar su petición, me mandó un mensaje privado. Puedo enseñárselo, por si quiere escribirlo también en el ordenador. Es esto: lo primero. [Entrega su teléfono móvil].
Eey, hola Ivette
No nos conocemos pero the visto de casualidad x el feis i me as parecido muy guapa. Tu nombre tambien mola. Espero q no t moleste q t haya agregado [Sic].
No nos conocemos pero the visto de casualidad x el feis i me as parecido muy guapa. Tu nombre tambien mola. Espero q no t moleste q t haya agregado [Sic].
[Entre risas]. Tiene un montón de faltas de ortografía, pero me pareció adorable.
Yo le contesté en seguida; es lo que hay justo debajo.
Desliza un poco, sí.
Sí, ponlo también si quieres. Bueno... Lo que vean, que yo no...
Holaa. Noo no te preocupes, no me molesta :) Tú también me pareces muy guapo. De donde eres?? [Sic].
A partir de ahí empezamos a hablar prácticamente todos los días. Al principio hablábamos de cosas muy generales: qué música escuchábamos, qué libros habíamos leído, qué deportes hacíamos... No sé... Muchas cosas, está todo ahí, en el móvil; sigue deslizando hacia abajo. Hablábamos de los estudios; Lucas acababa de empezar segundo de bachiller. Se había metido en la rama de ciencias porque quería estudiar... No me acuerdo, la verdad, algo de ciencias.
Empezó a tontear conmigo en seguida. Cada vez que subía una foto al Face, él me enviaba un mensaje privado diciéndome lo sexy que salía o que qué pena no estar ahí él para hacerme la foto desde otro ángulo o chorradas de ese estilo. A mí me hacía gracia. Me hacía sentirme importante; me hacía sentirme deseada. En clase había muchos chicos medio colados por mí, pero se conformaban con darme likes y comentar emoticonos; hablaban de mí, pero ninguno se acercaba a ligar conmigo.
Se hizo Instagram aposta para seguirme porque yo le dije que si quería ver todo lo que subía tenía que seguirme en Instagram. ¡Hay fotos que no puedo compartir en Facebook, con toda la familia mirándome!
Pero si tú haces lo mismo, ¿qué me estás contando? Pf.
Poco a poco empezamos a enviarnos algo más que mensajes. Me refiero a canciones que nos recordaban al otro o vídeos de YouTube que creíamos que le iban a gustar. Ese tipo de cosas. Le envié una foto del corazón con nuestras iniciales que pinté en una barandilla el primer día de insti; le gustó mucho, dijo que era muy tierna. [Ríe].
Cuando llegó el día de Navidad, le envié una foto para que viera lo guapa que iba a ir a la cena con la familia. ¡Ah, bueno, es verdad! Después de seguirnos en Instagram, también nos dimos nuestros números de teléfono para hablar por WhatsApp porque es mucho más cómodo que el chat del Facebook. Y en el WhatsApp tiene una foto totalmente diferente a la de Facebook, o sea que eso de que sólo existe una foto de su cara es mentira.
Bueno, yo le envié una foto de mí con la ropa que me iba a poner para la cena y él me envió una foto de la ropa que pensaba ponerse. Le dije que la camisa que había escogido no pegaba nada con los pantalones y me mandó una foto de otras posibles camisas. El pobre no tenía mucha idea de vestirse, ¡menos mal que estaba yo ahí!
Yo estaba supercontenta y no podía parar de hablarles de él a las chicas de clase. Y aunque digan ahora que yo era una pesada, ya les digo yo que ellas también me preguntaban. E incluso intentaban averiguar cosas por su propia cuenta; o sea, Hadi, por ejemplo, averiguó que se llamaba Lucas porque vio que el único «Lu» que tenía de amigo en Facebook que ella no conociera era él. Porque hay un Lucas en clase y un Louis que es el novio de un primo mío y Hadi sabe quién es. O sea, no es que lo conozca personalmente, pero sabe de su existencia, quiero decir.
Lo que no sabían era el apellido, ya que no lo tenía puesto en Facebook ni en Instagram; por eso me preguntaron si era francés. Yo intenté no mentirles, pero es que tampoco podía decirles que era español y que me preguntaran entonces por qué no quedábamos. No sabía qué decirles; pero no sabía qué decirles porque ni siquiera yo lo entendía. O sea, vale, sí: si es de Extremadura, por ejemplo, o de Galicia, pues obviamente no nos podemos ver porque está en la otra punta. Pero no sé... Yo les dije que no era francés, pero que vivía en Francia, en Maulévrier, y así me evitaba más comidas de coco. Se extrañaron un poco, pero les recordé que yo soy francesa y vivo aquí. También les dije que hablábamos en los dos idiomas; a veces en francés, a veces en castellano; para que fuera creíble. [Entre risas]. No habría tenido ningún sentido que les dijera que Lucas no entendía ni papa de francés.
Les dije que no teníamos fotos juntos porque no se nos había ocurrido. Durante el verano que habíamos pasado, supuestamente, juntos, pues lo habíamos pasado disfrutando y no se nos había ocurrido hacernos fotos. Que besaba muy bien y olía a desodorante Axe. No, obviamente no se lo había contado a mis padres; no se lo conté a ésta de aquí, así que imagínense.
[Entre risas]. Qué tonta. Si je t’aime.
Un día, bueno, una noche, así, de repente, me dijo que se aburría y me pidió que le mandara una foto de mí en ropa interior. Me hice un montón de fotos en sujetador y bragas porque no sabía desde qué ángulo hacérmela. Al final le mandé una en la que parecía que tenía más tetas. Me dejó en visto y me sentí un poco indignada; encima de que me lo curro... Al cabo de un rato lo vi escribiendo. Me dijo que le gustaba mucho la foto y que se acababa de masturbar mirándola. Luego nos despedimos, eliminé de mi móvil todas las fotos que me había hecho y me fui a dormir porque al día siguiente había clase.
Como se pueden imaginar, empezamos a enviarnos ese tipo de imágenes más seguido. Al principio yo le enviaba fotos de mí en ropa interior y él me enviaba una foto de su paquete en calzoncillos; para enseñarme cómo le había hecho empalmarse, ya saben. Era como una especie de juego porque las fotos eran cada vez más provocativas. Una vez yo, por ejemplo, le envié una foto sin sujetador pero tapándome las tetas con el brazo; y él me respondió con el calzoncillo medio bajado enseñando los pelillos de más arriba, pero sin mostrar nada más: sólo pelo.
No, no conservo las fotos. Las borraba justo después. [Entre risas]. Por si acaso alguien me cogía el móvil y se ponía a cotillear, claro. ¡Me da un infarto como me pase eso!
Ni idea. Yo imagino que sí... Por el mismo motivo, ¿saben? Por si, yo qué sé, va a enseñarle una imagen en concreto a su madre, su madre empieza a pasar las fotos y se encuentra con el percal. Pero no lo sé seguro porque nunca hablamos de eso.
¡Llegamos incluso a mandarnos vídeos! Vaya tela... Una foto aún tiene su punto, pero un vídeo... Pfff... [Cubre su rostro con las manos]. Vaya tela.
¡Empezó él! Después de enviarle yo una foto completamente desnuda, me mandó un vídeo de él haciéndose una paja. Literalmente. No se veía nada más; era un vídeo de su polla empinada, cegada por el flash, y su mano derecha arriba, abajo, arriba, abajo, arriba, abajo. [Gesticula con la mano y la cabeza].
¡Sí! Como un partido de tenis, pero en vertical. Y me envió varios vídeos así. Sabía que no eran el mismo porque se le veían diferentes calzoncillos, pero el cariz no cambiaba en absoluto. Una vez hasta me mandó uno con un mensaje de texto que ponía: «Chúpamela».
[Entre risas]. Sí, sí, tal cual. Yo flipaba con el pavo. Creo que contesté con una carita sonrojada o yo qué sé. El vídeo no creo, pero a lo mejor mi respuesta sigue estando ahí. [Mira su teléfono móvil].
Bueno, no la encuentro, da igual.
Él volvió a repetir el mensaje: «Chúpamela». Me quedé un poco parada y le pregunté si iba en serio; me dijo que sí y yo le dije que vale. Supongo que fue ese el momento en el que me di cuenta de que la cosa se estaba poniendo un poco turbia. Dejé el móvil en la mesita y me fui a hacer otra cosa; deberes o algo; fregar los platos, no sé. Al rato vi que tenía un nuevo mensaje suyo y leo: «¿Me la has chupado ya?». Claro, respondí que sí, ¡por decirle alguna cosa! Creo que quería que lamiera la pantalla, ¿no? Eso parecía. Luego me escribió algo como... Si me había gustado, supongo. Le dije que sí, mucho, carita sonrojada, y me contestó que ojalá me hubiera visto hacerlo, que quería agarrarme del pelo mientras se la chupaba o rodearme el cuello o no sé qué historias. [Entre risas]. Se le iba un poco la pinza.
Pero no fue ahí cuando decidí romper con él. De hecho, días más tarde, yo también intenté enviarle un vídeo masturbándome. Porque me lo pidió, claro. Y... no sé... Quería probar yo también. Eso sí: me resultó muy complicado.
¡Porque me faltaban manos! O sea, necesitaba una mano para coger el móvil, otra para abrir los labios de la vagina y otra para meterme los dedos por el coño. Era imposible. Pero al final lo conseguí: dejé el móvil en la cama y yo me arrodillé justo encima de la cámara para masturbarme.
Al principio no me sentí muy cómoda. Entre el dolor de meterme un par de dedos y el pensar que luego él me estaría mirando... Estaba muy nerviosa. Intenté relajarme respirando hondo. Ya me había quitado las bragas para el vídeo, así que simplemente las cogí y me froté toda la zona con ellas; porque, si lo hago sin nada de por medio, siento como un escozor. No es un escozor, es que no sé cómo explicarlo. Da igual.
Cuando ya parecía haber lubricado un poco, dejé las bragas arrugadas a un lado, lamí mi dedo corazón de la mano derecha y lo introduje. Hice círculos dentro del músculo para relajarlo. Luego saqué el dedo y lo volví a chupar, pero esta vez también junto con el dedo anular. Los introduje los dos en la vagina, sintiendo daño. Siempre me pasa igual, pero me he dado cuenta con el tiempo de que el daño se pasa mientras me masturbo; así que, como no era un dolor insoportable, no los saqué.
Moví verticalmente mis dedos hasta que ese dolor se convirtió en placer; y seguí así hasta que dejé de estar pendiente del teléfono móvil y la vagina empezó a contraerse, a palpitar, más bien, contribuyendo al orgasmo. Lancé un gemido y me senté encima de la pantalla. Saqué los dedos de mi cuerpo y fui al baño a lavarme. Después vi el vídeo tapándome la cara de vergüenza y lo envié sin pensármelo demasiado, no fuera a ser que al final no se lo enseñara. No lo volví a hacer.
