Me sentía... Me sentía traicionada. Sí. Pero no quería estallar sin darle siquiera una oportunidad de explicarse; qué sé yo... igual se me escapaba algo. Decidí esperar y ver qué tenía que decirme, si es que tenía algo que decirme.
Dejamos primero a Álex. Ivette insistió; su casa se encontraba más cerca, pero dijo que como había comido un poco ya no tenía tanta prisa. «Luego hablamos», le susurré a Álex al oído mientras nos abrazábamos para despedirnos. Le di un beso y me fui con Ivy.
Una vez nos quedamos las dos a solas, me cogió fuertemente del brazo y empezó a titubear. «Tía... sabes que a Toni le cayó una y tuvo que ir a septiembre, ¿no?». Asentí: por muy cierto que sea que Toni se ha estado esforzando en aprobar, es innegable que siempre ha sido un pasota. Se ha habituado a ser un pasota. Cuesta mucho cambiar el chip de tu cerebro; lo quiera o no, esta condición asoma de vez en cuando la patita y le hace no concentrarse lo suficiente, con la consecuencia lógica de suspender algún examen o dos. «Lo acompañé, ¿sabes? Nunca había ido y... no sé, me hacía ilusión». Sonreía mucho y muy bien, se notaba que estaba contenta con su novio; pero también la noté un poco triste al decir esto. «Y mientras esperaba a que hiciera el examen, me crucé con Ricardo, el profesor. ¿Te acuerdas del año pasado, cuando estaba tan pendiente de mí? Por que aprobara la asignatura y todo eso». Empecé a entender por qué estaba triste, y además me imaginaba por dónde iban a ir los tiros; pensar en Ivette a solas con el profesor de matemáticas, aunque sólo fuera en medio del pasillo, lugar al que cualquiera puede acceder en cualquier momento, me daba escalofríos. Por supuesto, tenía la esperanza de que la bala se desviara en el último momento; nadie quiere imaginarse lo peor. «Ssíí...». «Ya... Pfff... Es que... tía, no me apetece que sea así. ¡Me da rabia! Prefiero no ir a su clase y que me suspenda». Supongo que no estaba preparada.
Cuando llegamos a mi portal, la abracé muy fuerte. Le hizo gracia. Intentaba consolarla de alguna forma más bien torpe, ya que no sabía con exactitud sobre qué tenía que consolarla. Sabía que tenía que ver con Ricardo y, probablemente, con el día en que Toni hizo su examen de recuperación; pero no conocía más detalles. ¿Qué le había dicho? ¿Qué le había hecho? ¿Qué le había insinuado? ¿Tenía que ver con ese «Toni x Ivo» mal terminado que había en una de las barandillas del piso de arriba?
Estuvimos así un par de minutos, cabeza con cabeza; yo rodeándola a ella por la espalda y ella rodeándome a mí por la cintura; su cuello olía ligeramente a frambuesa, como siempre; hasta que ella empezó a despegarse poco a poco de mí, me dio un beso en la mejilla y me sonrió tiernamente. Era su forma de darme las gracias. Su forma de decirme que sabía de sobra que podía confiar en mí, a pesar de no haberse atrevido a hablar en ese momento. Su forma de decirme que se alegraba de tenerme como amiga.
Dejamos primero a Álex. Ivette insistió; su casa se encontraba más cerca, pero dijo que como había comido un poco ya no tenía tanta prisa. «Luego hablamos», le susurré a Álex al oído mientras nos abrazábamos para despedirnos. Le di un beso y me fui con Ivy.
Una vez nos quedamos las dos a solas, me cogió fuertemente del brazo y empezó a titubear. «Tía... sabes que a Toni le cayó una y tuvo que ir a septiembre, ¿no?». Asentí: por muy cierto que sea que Toni se ha estado esforzando en aprobar, es innegable que siempre ha sido un pasota. Se ha habituado a ser un pasota. Cuesta mucho cambiar el chip de tu cerebro; lo quiera o no, esta condición asoma de vez en cuando la patita y le hace no concentrarse lo suficiente, con la consecuencia lógica de suspender algún examen o dos. «Lo acompañé, ¿sabes? Nunca había ido y... no sé, me hacía ilusión». Sonreía mucho y muy bien, se notaba que estaba contenta con su novio; pero también la noté un poco triste al decir esto. «Y mientras esperaba a que hiciera el examen, me crucé con Ricardo, el profesor. ¿Te acuerdas del año pasado, cuando estaba tan pendiente de mí? Por que aprobara la asignatura y todo eso». Empecé a entender por qué estaba triste, y además me imaginaba por dónde iban a ir los tiros; pensar en Ivette a solas con el profesor de matemáticas, aunque sólo fuera en medio del pasillo, lugar al que cualquiera puede acceder en cualquier momento, me daba escalofríos. Por supuesto, tenía la esperanza de que la bala se desviara en el último momento; nadie quiere imaginarse lo peor. «Ssíí...». «Ya... Pfff... Es que... tía, no me apetece que sea así. ¡Me da rabia! Prefiero no ir a su clase y que me suspenda». Supongo que no estaba preparada.
Cuando llegamos a mi portal, la abracé muy fuerte. Le hizo gracia. Intentaba consolarla de alguna forma más bien torpe, ya que no sabía con exactitud sobre qué tenía que consolarla. Sabía que tenía que ver con Ricardo y, probablemente, con el día en que Toni hizo su examen de recuperación; pero no conocía más detalles. ¿Qué le había dicho? ¿Qué le había hecho? ¿Qué le había insinuado? ¿Tenía que ver con ese «Toni x Ivo» mal terminado que había en una de las barandillas del piso de arriba?
Estuvimos así un par de minutos, cabeza con cabeza; yo rodeándola a ella por la espalda y ella rodeándome a mí por la cintura; su cuello olía ligeramente a frambuesa, como siempre; hasta que ella empezó a despegarse poco a poco de mí, me dio un beso en la mejilla y me sonrió tiernamente. Era su forma de darme las gracias. Su forma de decirme que sabía de sobra que podía confiar en mí, a pesar de no haberse atrevido a hablar en ese momento. Su forma de decirme que se alegraba de tenerme como amiga.
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