Mostrando entradas con la etiqueta in nomine patris. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta in nomine patris. Mostrar todas las entradas

viernes, 5 de marzo de 2021

Vestida de dol (5/6)

ad ell

tot aquest greix

estacionat

al meu ventre

hivernant

baix la meua pell

florint de sobte

entre les cuixes

estiuejant

dotor

pertot arreu

 

creus, pare

que a la tardor

caurà, com les fulles

del meu tronc?

viernes, 19 de febrero de 2021

Vestida de dol (3/6)

ad ell

he tancat els ulls i he desitjat

la teua mort

no vuic3 que continues sentint

aquesta vergonya que sents

quan parles de mi quan em mires

quan em miren aquells a qui parles de mi

 

dius que estic a soles i que et fa mal

jo et crec sense pensar-m'ho massa

no hi ha motius perquè siga mentida

però més mal em fa a mi

que digues que estic a soles i que la culpa és meua

 

que no sóc normal

que jo m'ho he buscat

 

he tancat els ulls i he desitjat

la meua mort

tinc por de sobreviure't

tinc por de sobreviure't i que mai arribes a estar

orgullós de mi

 

els morts només

arrepleguen flors

 

les llàgrimes ajuden

a que cresquen en5 força

 

digues:

encà que avui no em vullgues

ploraràs demà

al meu soterrament?




[Desplegar para el poema original publicado -y eliminado más tarde- el viernes 25 de marzo de 2016]

viernes, 5 de febrero de 2021

Vestida de dol (1/6)

ad ell

em mires com si fóra

una desconeguda

com si fóra aquesta

la primera vegada

que hi veus algú

al meu llit

 

com si haguera crescut tant

que ja no fóra la mateixa

 

sé que de vegades

t’agradaria

sé que voldries

tindre una altra

que penses

fins i tot

que sóc una altra

 

qui dormia abans

en aquesta habitació?

 

t’en recordes?

sábado, 23 de marzo de 2019

[Enterramos a mi padre el sábado]

Enterramos a mi padre el sábado. Bajo una lluvia de hojas secas fruto del otoño. Octubre es el mes de las calabazas. Yo llevaba una falda naranja el día en que lo encontramos muerto. Enterrar no es la palabra. Lo dejamos en un nicho. En el tercer piso de una finca a medio habitar. Nosotros también vivíamos en un tercer piso —bueno, seguimos viviendo— de una finca habitada sobre todo por la tercera edad. Mi vecina de la puerta quince se sigue acordando de cuando yo era así de pequeña y mis padres me dejaban al cuidado de sus hijas cuando se iban a trabajar. Mi vecina de la puerta siete me sigue llamando por el diminutivo. Mi vecina de la puerta uno ya no se burla de mí. Mis vecinos de la puerta cuatro ya no mencionan a mi abuela cuando me ven. Quizá ya no les recuerdo a ella. Quizá ya no tenemos nada en común, ahora que han cortado la cuerda que nos unía.

Tuve que vestirme de marrón oscuro en el funeral. Lo único negro que tengo son una colección de medias que he usado una vez en la vida y un vestido ajustado por el que se me asoma demasiado el corazón. Demasiado para el funeral de un padre, quiero decir. Demasiado para los demás. Octubre también es el mes de las ramas desnudas, pero yo cubrí mis brazos con la chaqueta más oscura que encontré que podía valerme. Una con la cremallera desgastada que costaba mucho de subir.

Después de introducir la caja alargada en el hueco, fuimos a comer a un McDonald's. Mi padre odiaba el McDonald's salvo cuando nos íbamos de viaje. En Madrid comimos McDonald's. En París comimos McDonald's. En Roma comimos McDonald's y pizza. Primera y última vez que me comí una pizza grande entera yo sola. Yo sola también estaba la última vez que mi padre se fue al campo. Así que sólo se despidió de mí.

El último viaje que hicimos juntos fue el de Venecia. El foto-libro sigue cogiendo polvo en la estantería. La tienda en la que nos lo hicimos ya no existe. Ahora si queremos hacernos otro tiene que ser a través de Internet. Todo tiene que ser a través de Internet. Mandar currículos, inscribirte en la bolsa de trabajo, actualizar la cartilla del banco. Ya ni siquiera te dan cartilla. Ahora hay una aplicación para el móvil con la que puedes ver tus cuentas. Todo muy cómodo y sencillo. Mi padre lo odiaba. Como también odiaba el campo de mis abuelos. Por eso me extrañó que se fuera así como así.

Llevaba unos días comportándose de forma extraña. En silencio. Pasando por alto cosas que de normal no pasaba por alto. Ponernos a fregar tarde, olvidarnos de decir que la puerta había vuelto a chirriar, terminar las infusiones y no ir a por más. Esas cosas le molestaban. Como que mi hermano saliera a correr a las nueve de la noche o mi obstinada negativa a sacarme el carnet de conducir. Ahora que él no está, no hay nadie que pueda obligarme a ello.

Suponemos que fue un accidente. Intentaba levantar un muro y se le cayó encima. Intentaba levantar una fortaleza y se le derrumbó. Intentaba construir un hogar y nosotros le fallamos.

El campo de mis abuelos siempre ha estado en ruinas. La piscina, un socavón en la tierra. La puerta del baño, una triste cortina. Las sillas, inexistentes. Salvo si nos acordamos de subir al coche las plegables. Llevamos años toda la familia diciendo que tenemos que quedar para arreglarlo. Empezar a quitar las malas hierbas y construir aunque sea un rinconcito decente para hacer paellas. Nunca nos ponemos de acuerdo con el día. Él llevaba varios días recluido en esas tierras. No sabíamos qué hacía y por eso fuimos a mirar. Encontramos los escombros y al principio no supimos lo que significaban. Los restos de una vida, pensé yo, sin saber que él estaba ahí debajo.

Tampoco sé muy bien cómo nos dimos cuenta. Quizá empezamos a remover en el polvo, quizá quisimos comprobar el peso del ladrillo, quizá olimos la carne muerta, o advertimos la silueta de un cuerpo, o simplemente ya nos lo imaginábamos. El caso es que lo enterramos el sábado. Bajo una lluvia de hojas secas fruto del otoño. Y ahora, cada vez que piso sin querer un montículo de hojas caducas, sólo puedo acordarme de mí misma con una falda naranja subiendo hasta la cima del montículo de ladrillos y cemento, pisando sin querer el cadáver de mi padre.

viernes, 14 de julio de 2017

Imagínatelo



El hermoso canto del silencio lo envuelve todo. A veces la cama cruje, cuando yo me muevo, pero la balada no termina. A veces el viento, el fuerte viento, intenta romperla, pero sólo la hace aún más bella. Nada puede estropear este vals. Hasta que ocurre.

¡Habla! ¡Él dice unas palabras y una estampida de guerricornios recorre mi pecho! Si lo prefieres, todos los murciélagos revolotean en la cueva de Batman. Una pecera se vacía en menos de un segundo y todos los peces saltan y saltan intentando no morir, sin saber exactamente qué ha pasado.

Todo esto sucede en mi caja torácica. Y mientras el miedo invade mi mente y me la llena de dolor y oscuridad. Aprieto fuertemente los puños y la mandíbula intentando contener el pánico. Pero consigue abrirse paso a través de mis ojos.

Dos enormes cataratas aparecen en ellos de repente. Mi cuerpo se divide en dos placas tectónicas que chocan entre sí. Todo está perdido. No quiero seguir escuchándolo...

Imagínate si esas palabras estuvieran dirigidas a mí.

lunes, 1 de mayo de 2017

«¿cuánto de todo esto es una proyección de mi paranoia?»

No existirá jamás el hombre que ame mi cuerpo. esta piel quebrada. esta carne blanda y putrefacta. 

No existirá jamás el hombre que bese estos labios. estos labios callados. estos labios tan serios. esta boca pequeña y marchita que no puede dar luz. que no puede dar vida. que no puede.

No existirá jamás el hombre que me abrace como yo quiero que lo haga. que sujete estos brazos antes de que se partan como ramas de un viejo árbol. que recoja este peso muerto antes de que llegue a tocar el suelo.

Me deslizo a través de la niebla y tengo miedo. tengo miedo porque sí existe el hombre capaz de hacerme pedazos. capaz de aplastar mi útero hasta carbonizarlo. capaz de desenvolver estos huesos como si fueran un regalo. como si fueran un tesoro enterrado bajo esa enorme equis. como si fueran.

Sí existe el hombre capaz de vulgarizarme. capaz de humillarme ante los demás hombres. capaz de hundirme bajo tierra mientras aún respiro agonizante. capaz.

Y lo peor de todo es que lo está haciendo.


lunes, 27 de marzo de 2017

Sus palabras me hieren en lo más profundo


Soy un error. Una mala decisión fruto del fervor del verano, donde todo parece más bello de lo que es en realidad. Merezco el dolor que me causo por no saber defenderme del dolor que me causan los demás. El llanto forma ya parte de mi estado natural. Cada vez tardo más en cicatrizar. Cada vez me importa menos esconderme.