Mostrando entradas con la etiqueta masturbación solitaria. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta masturbación solitaria. Mostrar todas las entradas

jueves, 29 de abril de 2021

Que del carrer eres l'ama (5/5)

PERÒ ABANS hauràs deprés
que no és pecat tot el que diuen 
que la humitat del llavis és 
            (de fet) 
preferible a la dels llagrimals
 
que no totes les flors han de ser 
pol·linitzades (algunes escullen 
—en lloc d’obrir-se al primer 
borinot que vole distretament 
per damunt d’elles—
 
anar per lliure) 
 
hauràs deprés la pirotècinia 
de la carn —aquell joc primitiu 
que no té edat— hauràs deprés 
a utilitzar (diran que perillosament 
però tu no els faces molt de cas) 
una mistera (fer foc en la llar 
mai ha sigut més fàcil) i res
 
podrà ja
 
frenar-te en sec
 
pujaran les temperatures i creuràs que estàs 
en el infern —destinació turística 
com qualsevol altra— i els teus dits
            decidits 
a xopar-se de plaer 
organitzaran rítmicament 
traques i masclets
 
creu-me quan et dic que hauràs deprés 
a entonar l’himne del supervivents 
(un aplaudiment —abans que se’ns 
oblide— a tots els que han fet possible 
            l’espectacle) 
creu-me quan et dic que res 
podrà ja
 
tornar-te arrere
 
(metxa encesa un calfred 
recorre el teu cos un castell 
la Nit del Foc
 
i tu, 
afortunada de tu
 
esclates)

jueves, 12 de diciembre de 2019

Me he fotografiado justo después de haber tenido un orgasmo y he salido triste


Por qué hablar de esta muerte
ya descrita
en otro cielo rojo.

Y el resto del poema de Odile l'Autremonde


De nuevo este silencio que me embriaga. La oscuridad dando a luz a un sueño. Un sueño varón que un día esparcirá tu apellido por el campo. Germinarán las ganas de vivir y seguir hacia delante.

Pero hoy,
cariño,
me siento triste.

Rompe el llanto este silencio y vuelve el frío. Tiembla el cuerpo sobre la cama. Las manos ya no me acarician, ya no me consuelan, ya no me idolatran. Mi sexo sigue recordando la calidez que un día le proporcionó tu piel.

Pero hoy
cariño,
me siento sola.

La noche se ha vuelto mi enemiga. El recuerdo es lo único que me consuela. El abrazo de las sábanas, la timidez de tus manos cuando cubrían este cuerpo vacío, la intimidad con la que me besabas. La euforia de los días de fiesta, cuando el circo invadía la ciudad.

Pero hoy,
cariño,
me siento triste.

Esta vez han sido mis dedos, estos torpes dedos de solista, los que han recorrido el camino que un día emprendió tu lengua. Esta vez sólo hallarán mis huellas dactilares por toda la escena del crimen y no habrá rastro alguno del ADN con el que antaño me deleitaste. Ni evidencias de nuestro encuentro, ni pruebas de nuestro amor.

Porque hoy,
cariño,
he muerto sola.

martes, 3 de diciembre de 2019

Me entrego a él


El diablo me posee esta noche.

La humedad de mis labios me advierte de que ya casi es el momento. Hace calor y no consigo dormir, así que miro al cielo y acepto este valioso regalo.

Lamo uno a uno los dedos de mi mano y los introduzco poco a poco dentro de mí. Suben y bajan como el agua de los géiseres y yo siento ese dulce cosquilleo del único amor correspondido que conozco: el propio.

Abandono la comodidad del colchón y me planto en la fría tierra. Si es Satanás quien me controla, lo mínimo que puedo hacer es mirarlo a los ojos.

Acaricio mi cuerpo ardiente y siento cómo una oleada de hormigas me recorre entera. Me convierto en una lluvia de fuegos artificiales y entono el himno de los supervivientes.

Regreso a las sábanas arrugadas medio llena, medio vacía. Regreso al abrazo de mi amado colchón. Al beso de buenas noches del cabecero y de la almohada.

Y termino escribiéndote, en esta noche oscura y solitaria, totalmente desnuda, sobre la cama.

miércoles, 30 de marzo de 2016

Yazco en mi lecho como los animales

Las flores se ahogan por el abundante riego que les proporciono. Astromelias, crisantemos y siemprevivas. Todas muertas.

Acaricio su recuerdo de costado. Los cabellos cortos y negros. La nariz romana, la barbilla pronunciada. En un susurro. Por mí. La luna llena de. (No lo sabe ni ella). Me rodean el frío y el viento. Me lamen los ciervos, me acompañan los lobos. El sexo se vuelve un lago y las manos solo ansían abastecerse de esa agua templada.

Acaricio su recuerdo boca abajo. Lo beso. Me inclino hacia él. Me alejo. Me acerco de nuevo. Bailamos al son de la brisa entre las hojas de los árboles del bosque. Me balanceo. Somos la dulce melodía que surge de una caja de música.

Acaricio su recuerdo boca arriba. Es ya una caricia sutil y con un atisbo de dejadez. Apenas miro el cuerpo. Los ciervos se han marchado y han dejado paso a los lobos, que olisquean el cadáver putrefacto del recuerdo ya gastado y olvidado.

sábado, 6 de febrero de 2016

las paredes

Me siento en el frío suelo de granito y le doy la espalda a la ventana. Tengo una habitación con vistas a una habitación desde la que se ve la espalda de mi cuerpo desnudo. He abierto de par en par. También se han corrido las cortinas. A veces me giro y lo miro a los ojos. Me lo imagino pensando en mí mientras se baja los pantalones. Su ropa interior suele ser oscura. La mano izquierda sobre el cristal, húmedo de vaho y saliva, justo al lado de la boca. Nos tenemos en frente. Podríamos tocarnos si no fuera por el abismo que separa los dormitorios. Los labios saben muy bien de lo que hablo. Los ojos en blanco, la temperatura en aumento, la respiración. Entrecortada. Llegamos al orgasmo de la mano y susurramos el primer nombre que nos viene a la cabeza. Después me ruborizo y vuelvo a darle la espalda a la ventana. ¿Qué estás haciendo, sara?

Pienso en N.

Derramo un par de lágrimas y me masajeo el rostro con ellas. Él sigue mirándome. Ya se ha abrochado los pantalones.



Escribo.