viernes, 13 de octubre de 2023
ME MUDÉ Y DE VERDAD PENSABA QUE VENDRÍAS A VERME
domingo, 9 de octubre de 2022
Capítulo eliminado de una novela inédita
Durante un tiempo estuve adaptándome a la vida de recién independizada, atravesando altibajos en los que a veces llegaba a odiar la casa, desde el ruido que hacían los electrodomésticos por la noche hasta el largo de las cortinas. Odiaba lo incómodas que a la larga resultaban las sillas y lo rápido que se hundía el viejo sofá bajo mi peso, lo mucho que se escuchaba a los vecinos del piso de arriba y el tic-tac del reloj que yo misma había colgado en la pared de justo al lado de mi cama. Y pronto empecé a odiar también la falta de espacio.
Traté de adquirir una rutina, de levantarme temprano, comer sano y hacer un poco de ejercicio, de escribir de manera habitual, ya que en realidad había sido mi mayor motivación a la hora de mudarme. Conseguí trabajo y volví a enamorarme, esta vez de un técnico de rayos con quien apenas intercambié un par de frases.
[Cuatro entradas de mi diario]*
Sí, amigas, en medio de este programa de autoayuda, entre las idas y venidas a este pequeño salón de actos, me he visto en la obligación de soltar la mano que me había sido tendida con tanto cariño.
Veréis, después de unos meses intentando no morir en el intento de vivir por mi cuenta, tratando de ser una mujer autosuficiente, de escribir mi propia entrada en esta enciclopedia cósmica, convencida de que para una mayor estabilidad emocional sólo me hacía falta ser, en fin, adulta, me di cuenta de que
domingo, 3 de enero de 2021
El título de una novela de Carmen Martín Gaite*
miércoles, 23 de diciembre de 2020
🍳
Hace mes y medio intenté suicidarme. Te lo digo por aquí porque sé que no encontraré la fuerza para decirte que te quiero y te echo mucho de menos y ojalá me cogieras de la mano mientras duermes. Era sábado y no encontré ninguna farmacia abierta en la que canjear las recetas que me quedaban de mi anterior psiquiatra, así que cogí todas las pastillas que tenía y me fui a mi casa (he dicho «mi»). Después de volver a guardar mis cosas menos el único recuerdo que tengo de ti, cogí mi botella ecofriendly de Natura y la llené de agua de grifo (por si no lo sabías, yo bebo agua de grifo). Me tomé unas 28 pastillas de Anafranil 25 mg, 10 o 12 de Zolpidem, 10 Diazepames si es que este plural existe, un único Lorazepam, cuatro pastillas que parecían Lacasitos pero que no sabían a chocolate y ahora pienso que probablemente no te parezcan tantas, pero yo me eché en la cama llorando porque tenía miedo. Cuando me desperté, ya no estaba en mi nueva cama sino en la vieja. No estaba en mi nueva casa sino en la vieja. No eras tú el que me miraba mientras dormía y desde luego no me cogías de la mano. Luego me dijeron que me había desmayado, pero no me confirmaron si me había o no golpeado la cabeza a pesar de que me dolía, me dolía mucho el lateral izquierdo y tenía un moratón en la cadera izquierda, señal inequívoca de que me había caído al suelo al desmayarme. Al día siguiente volví a mi casa con miedo de haber roto algún mueble y que el casero se enfadara conmigo y me echara. Pero en lugar de un mueble roto vi medio vómito en el suelo y otro medio en papel higiénico porque al parecer había intentado limpiarlo y por eso mi pantalón nuevo estaba manchado (ya es la segunda vez que me vomito sobre un pantalón nuevo y no sé si es que el universo trata de decirme algo). También le faltaba una patita, y esto me dolió más que cualquier otra cosa, a la única caricia que me queda de ti. Me entraron muchas ganas de llorar, pero afortunadamente la encontré en el suelo y se la puse mientras le pedía perdón. Perdón, perdón, perdón. Alguna sombra de lo que había ocurrido recorría a ratos mi mente y me di cuenta, por último, de que te había enviado un mensaje. Cuando mi cerebro decidió no guardar un registro de lo que estaba pasando, cuando mi cerebro creyó divertido actuar a mis espaldas, te envié un mensaje, normal y corriente, para saber de ti.