jueves, 25 de julio de 2019
[Me ducho con agua caliente para sentirme menos sola]
martes, 18 de abril de 2017
acuérdate de que hoy te tienes que ir, sara
martes, 31 de mayo de 2016
salir de casa
viernes, 27 de mayo de 2016
A veces salgo a comprar por la mañana y convierto esa salida en mi salida diaria
jueves, 19 de mayo de 2016
Mi habitación es un búnker y fuera hay una guerra de la que no quiero formar parte
lunes, 16 de mayo de 2016
H
domingo, 21 de febrero de 2016
Soy esa chica que se sienta en ese banco de madera y observa
Contemplo a los hombres que miran el reloj, contemplo a las madres que tiran de sus hijos, contemplo a los que fingen llevar una vida sana por salir a correr todos los martes. A veces saco un libro de mi bolso y leo. Subrayo un par de frases, señalo una página, memorizo un diálogo. Y después continúo admirando el paisaje. La joven pareja que camina agarrada de la mano, el anciano que pasea con su nieto, el chico que no sabe si venir a saludarme o girar a la derecha. Soy esa chica que lleva consigo una libreta de tamaño mediano. Escribo lo bien que se está en silencio y lo agradecida que le estoy al chico por haber decidido girar a la derecha. Era bastante guapo; esta noche soñaré con él y mañana al despertar ya lo habré olvidado. Me fijo en los pequeños detalles, en los gestos. En ese movimiento de muñeca, en esa tos, en ese fruncir el ceño. Para olvidarlos en cuanto encuentre otra cosa que me llame la atención. Me gusta mirar cómo corren los perros, pero solo los acaricio si se me acercan directamente. También sonrío a los niños. Ellos me devuelven la sonrisa como si la necesitara y yo finjo no ver a los padres así como he fingido no ver a mi antigua compañera de clase, a mi primo por parte de padre o al chico que esta noche soñará conmigo y mañana al despertar ya me habrá olvidado. Porque yo soy esa chica que se sienta en ese banco de madera y de verdad espera que nadie la observe.
jueves, 4 de febrero de 2016
el pavimento
A veces me siento tan pequeña que creo que si volviera al colegio no destacaría entre los demás niños. Tan pequeña que necesito que me cojas de la mano para cruzar la carretera. Tan minúscula que seguro que cabría en la palma de la mano de la niña a la que coges para cruzar la carretera.
A veces me siento tan diminuta que creo que si me columpiara entre los cabellos de la chica que no se sienta nunca en el autobús nadie se daría cuenta. Tan mínima que si me pisaran ni siquiera bajarían la vista al suelo al tiempo que alzan el pie. Tan microscópica que si me pisaran ni siquiera yo lo notaría.
A veces me siento tan imperceptible que creo que es mentira. Tan ínfima que me vuelvo paranoica y os creo a todos capaces de cosas peores. Tan invisible que desisto.
Desisto.
Pero siempre aprovecho mi inexistencia y termino volviendo sin que se note que me he ido. Vaya.