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jueves, 25 de julio de 2019

[Me ducho con agua caliente para sentirme menos sola]

Me ducho con agua caliente para sentirme menos sola — me hago daño, claro — quema // El flujo que aparece después de masturbarme no sirve para controlar el moco cervical // Hoy (23) estoy muy despistada — he vuelto a guardar las zapatillas en la taquilla y casi salgo a trabajar con las sandalias — he usado gel corporal para lavarme el pelo — ojalá el agua quemara un poco menos que el hecho de que no me estés abrazando // Hoy (23) iba a salir pero ya se me ha hecho tarde — hoy (23) iba a salir pero lo he ido retrasando de tal manera que ya se me ha hecho tarde // He llorado en la ducha para ensayar tu abandono y que no me pille por sorpresa — me hago daño, aclaro — hierve // No hay que hacer caso a Internet en cuestiones médicas pero todas las aplicaciones para el móvil me piden que vaya a un psicólogo — o a un psiquiatra — o a un psicoanalista — o a un podador para que me arranque este pesar — como las ramas de los árboles de la avenida // Todos los días muere alguien en el hospital — en días de luna llena hay más partos — ahora en julio me confunden con una de verano // Hoy (24) directamente no tenía pensado salir — hoy (24) sabía que de todas formas no iba a salir de la cama y no he hecho planes — ya veremos mañana (25) // Por favor, no te enfades conmigo

martes, 18 de abril de 2017

acuérdate de que hoy te tienes que ir, sara

tienes que salir de casa comprarte un libro tomar el sol dejar que el viento te despeine llorar mientras cruzas la carretera ignorar al gilipollas que te mira el culo esforzarte por no pensar en ya sabes qué rezar a algún dios romano por una muerte rápida perder la noción del tiempo ver cómo el autobús se va sin ti llegar tarde a casa decir que estás bien te ha llamado una amiga y habéis ido a merendar a una cafetería y por eso no tienes hambre, sara, por eso no tienes hambre.

martes, 31 de mayo de 2016

salir de casa

es lunes por la mañana y los lunes por la mañana son principio de semana y todos se están despertando mañana salgo

pero anoche me dormí muy tarde y he ignorado el despertador ya es demasiado tarde esta tarde salgo pero ella no trabaja y no me gusta despedirme mañana salgo

ayer me levanté muy tarde y por consiguiente hoy me dormí muy tarde y volví a levantarme tarde esta tarde salgo pero si salgo tendré que decirle que vaya él a comprar y no me gusta tener que decirle que vaya él a comprar mañana salgo

ayer me dormí muy tarde y por consiguiente hoy me dormí muy tarde pero he hecho un esfuerzo y sólo he dormido una hora más de lo que me pedía el despertador pero él está en casa y yo no quiero salir si él está en casa aunque eso sea exactamente lo que tengo que hacer esta tarde salgo pero ella no trabaja y no me gusta despedirme mañana salgo

ayer me levanté más o menos pronto pero hoy me dormí muy tarde y me levanté también muy tarde esta tarde salgo pero es viernes y los viernes sale todo el mundo y yo no quiero despedirme ni cruzarme con todo el mundo sólo quiero hacerme el seppuku pero mejor no mañana salgo

hoy ya da igual que me levante tarde porque si salgo es sólo por la tarde pero no lo voy a hacer porque hay más mundo que ayer en la calle debería haber aprovechado y haber salido ayer que no era tan raro y tampoco tan excesivo mañana salgo

hoy es domingo y los domingos se duerme todo el día se está en la cama se ve Decogarden en el sofá se salva Hyrule desde la comodidad de las sábanas limpias se lee ese libro que me está costando tanto terminarme mañana salgo

viernes, 27 de mayo de 2016

A veces salgo a comprar por la mañana y convierto esa salida en mi salida diaria

A veces mi salida diaria se convierte en mi salida semanal. A veces me visto, me trenzo el pelo y me pinto las uñas para salir pero en el último momento me arrepiento y vuelvo a meterme en el pijama. A veces ya sé que debería salir más, pero para qué. Para coger el autobús y bajarme enfrente del Centro Comercial donde voy a llorar cuando no hay más mujeres en el baño. Para pasar al lado de la librería de segunda mano a la que prometo visitar la próxima vez que vaya a Valencia y acabar entrando en otro sitio más frío, más grande y más lleno, pero menos amable con los clientes. Para que después me duelan los pies. Para tener que volver de todas formas a casa y decir: ya he salido y aún es martes, hasta la semana que viene.

jueves, 19 de mayo de 2016

Mi habitación es un búnker y fuera hay una guerra de la que no quiero formar parte

Mi habitación es un búnker y fuera hay una guerra de la que no quiero formar parte ni en las estadísticas de daños colaterales ni supervivientes.

Porque yo no sobrevivo:
yo sólo tengo mala suerte y sigo viva.

Me da miedo salir.
No salir, sino que la gente también salga.
Me da miedo la gente.

Cruzármela,
que me miren me sonrían me saluden me hablen se rían de mí se burlen me empujen me pregunten cosas me sigan me peguen me abracen.

En mi cama estoy bien:
¿por qué no puedo quedarme para siempre en mi cama?

lunes, 16 de mayo de 2016

H

Hoy he vuelto a ver a Hache en el autobús. Y él me ha tenido que ver porque desde que perdió el sentido del oído tiene más desarrollados los otros cuatro. Me he pasado por la Fnac para fichar un par de libros que me niego a comprar sin antes conseguir los otros dos que tengo fichados y no encuentro por ninguna parte. He acariciado a un perro. He dejado que me lama a un perro. He compadecido a un perro. Mi banco favorito de mi parque favorito estaba ocupado y yo he jugado al no pienso llorar porque no me importa. He perdido. Al final siempre me encuentro en un cuarto de baño. Me he imaginado escuchando música por la calle porque me gusta imaginarme en situaciones que nunca ocurrirán. Como sonriendo al chico que me gusta para que se entere de que me gusta. He querido gastarme la voz gritando y perder la lengua besando. He querido saltar a la comba con mis cuerdas vocales. He querido. Y todo porque Hache no puede hablar y a mí no me permiten estar callada.

domingo, 21 de febrero de 2016

Soy esa chica que se sienta en ese banco de madera y observa

Contemplo a los hombres que miran el reloj, contemplo a las madres que tiran de sus hijos, contemplo a los que fingen llevar una vida sana por salir a correr todos los martes. A veces saco un libro de mi bolso y leo. Subrayo un par de frases, señalo una página, memorizo un diálogo. Y después continúo admirando el paisaje. La joven pareja que camina agarrada de la mano, el anciano que pasea con su nieto, el chico que no sabe si venir a saludarme o girar a la derecha. Soy esa chica que lleva consigo una libreta de tamaño mediano. Escribo lo bien que se está en silencio y lo agradecida que le estoy al chico por haber decidido girar a la derecha. Era bastante guapo; esta noche soñaré con él y mañana al despertar ya lo habré olvidado. Me fijo en los pequeños detalles, en los gestos. En ese movimiento de muñeca, en esa tos, en ese fruncir el ceño. Para olvidarlos en cuanto encuentre otra cosa que me llame la atención. Me gusta mirar cómo corren los perros, pero solo los acaricio si se me acercan directamente. También sonrío a los niños. Ellos me devuelven la sonrisa como si la necesitara y yo finjo no ver a los padres así como he fingido no ver a mi antigua compañera de clase, a mi primo por parte de padre o al chico que esta noche soñará conmigo y mañana al despertar ya me habrá olvidado. Porque yo soy esa chica que se sienta en ese banco de madera y de verdad espera que nadie la observe.

jueves, 4 de febrero de 2016

el pavimento

A veces me siento tan pequeña que creo que si volviera al colegio no destacaría entre los demás niños. Tan pequeña que necesito que me cojas de la mano para cruzar la carretera. Tan minúscula que seguro que cabría en la palma de la mano de la niña a la que coges para cruzar la carretera.

A veces me siento tan diminuta que creo que si me columpiara entre los cabellos de la chica que no se sienta nunca en el autobús nadie se daría cuenta. Tan mínima que si me pisaran ni siquiera bajarían la vista al suelo al tiempo que alzan el pie. Tan microscópica que si me pisaran ni siquiera yo lo notaría.

A veces me siento tan imperceptible que creo que es mentira. Tan ínfima que me vuelvo paranoica y os creo a todos capaces de cosas peores. Tan invisible que desisto.

Desisto.

Pero siempre aprovecho mi inexistencia y termino volviendo sin que se note que me he ido. Vaya.