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domingo, 20 de mayo de 2018

[he guardado en una caja de costura]

he guardado en una caja de costura todos los poemas que escribí a todos los chicos a los que he besado. la he cerrado tanto y tan bien que ahora no puedo abrirla sin sentirme culpable por destapar un secreto que mi yo de hace años decidió esconder para que nunca nadie lo viera. ahora intento hacer memoria, hacer memoria, hacer memoria, como si a la tercera fuera la vencida o repetir las cosas tres veces fuera una fórmula mágica

 

pero no sé de qué.

domingo, 2 de julio de 2017

M

Se han acabado las clases y he suspendido todo menos mis ganas de estar con él. El latín y el griego clásico dan paso a las lenguas vivas.

He aprendido cosas que jamás pensé que aprendería en la universidad. He aprendido lo que es el deseo y mi maestro ni siquiera sabe que ha sido mi maestro.

Las aulas vacías, los baños, los pasillos y yo. Intento llenarlo todo con él. Que el calor que me produce lo sientan también estas paredes. ¿Tan difícil es?

Me besa de la misma forma que come: con ansia. Y yo apenas pruebo bocado en la cafetería.

El último examen está a la vuelta de la esquina y yo no sé si estoy preparada. Las puertas se cierran y no hay marcha atrás.

Me abraza de la misma forma que besa: con ganas de más. Y yo me conformo con unos pocos besos en la mejilla.

Su pene erecto me contempla. Yo me abrazo a él, pero me siento estúpida. Él me toca y yo me siento estúpida...

¿Adónde ha ido todo el deseo?

domingo, 4 de junio de 2017

L (vol. III)

Estamos en la cima del mundo. Podríamos extender la mano hacia arriba y tocar el sol, pero él prefiere tocarme a mí.

Se deshace de mi ropa como el viento se deshace de las hojas de los árboles. Para él sólo soy la madera que toca cuando todo lo demás le falla y él necesita sentir que aún no se le ha acabado toda la suerte.

Sabe que sigo enamorada de él. Y yo sé que él tardará un tiempo en olvidar eso que siente por mí. Pero de lo que aún no he querido darme cuenta es de que él siempre tiene un plan B por si le fallo. Y él no quiere aceptar que por mucho que lo intente yo jamás podré corresponderle. Estamos destinados al fracaso.

Estamos en la cima del mundo y seguimos juntos

Creo ingenuamente que ha vuelto a casa. Faltan cinco días para que termine febrero y soy su casa de verano.

Nos fundimos en un beso apasionado en el que no hay amor. Sólo desesperación.

Podría extender la lengua hacia el cielo y quemármela con el sol, pero la deslizo hacia el centro de su virilidad.

Soy un cordero recién nacido recibiendo por primera vez el néctar que lo mantendrá con vida por un tiempo.

Cada vez me falta menos para saber que jamás volveremos a vernos. Que a partir de entonces seremos dos desconocidos que fingirán no haber compartido nunca nada de lo que ahora comparten. Pero de momento seguimos en la cima del mundo. Y no hace falta precipitarse para llegar al suelo.

Nos alimentamos mutuamente como dos amantes. Como dos amantes que no se ocultan nada. Como dos amantes que se comparten enteramente.

Y si él tuviera más paciencia... podría llegar a dárselo todo. Pero está a punto de marcharse.

Pasarán años antes de que deje de pensar en él. Porque el olvido es paciente y no tiene prisa.

Él nunca revelará mi secreto.

Yo nunca lo creeré capaz de hacerlo.

Pero seguimos en la cima del mundo. Y nuestra risa se oye desde todos los rincones de La Tierra.

No tarda en darse cuenta de que entrar en mi vida no depende de mí. No controlo las aduanas de mi cuerpo. Sólo puedo desear una cosa y desear que esa cosa se cumpla, pero no cumplirla.

El breve acercamiento que habíamos experimentado no tarda en desaparecer. Como lo hará él en unos momentos.

Me gusta estar en la cima del mundo con él porque no me da miedo. Sé que es incapaz de empujarme. Sé que lo echaré de menos.

Estoy sangrando. Pero lo que me duele es la despedida.

jueves, 18 de mayo de 2017

L (vol. II)

No sé qué está buscando, pero lo busca desesperadamente.

Mi cuerpo es una remota isla de Pacífico y él es un pirata profanando mis tierras.

No sé qué mapa lo ha conducido hasta mí, pero insiste deliberadamente.

Debe haber un tesoro enterrado en lo más profundo de mi cuerpo. Y yo sin enterarme...

¿Dónde han quedado los abrazos? ¿Dónde han ido los besos con los que antes me pedía que me quedara? ¿Acaso se han caído por la borda todas sus muestras de afecto? ¿Es que ya no me quiere?

Sus manos son ahora excavadoras. Su boca me succiona como si de un agujero negro se tratase. Su lengua de serpiente inyecta el veneno en mi boca inocente. Su mirada se ha vuelto oscura. Sus dedos son gusanos y mi sexo es su manzana.

A mí me gustaría seguir siendo una isla deshabitada. Una isla tranquila en medio del Pacífico. Pero ya es tarde.

No puedo decirle que pare.

lunes, 15 de mayo de 2017

R

Las olas acarician mis muslos de la misma forma en que las yemas de sus dedos pasean por mi espalda.

Hemos pasado la tarde riendo y robándole el protagonismo al mar. Lo sé por la manera en la que nos miraba todo el mundo.

Ahora que el sol se ha ido sin despedirse, la luna (tan brillante allá en lo alto del cielo) agita las aguas y acerca su sexo al mío. Nuestros cuerpos son dos imanes que se atraen. Nuestras bocas son dos estrellas a punto de chocar.

Nos fundimos en un abrazo eterno y el tiempo se detiene. Ya no me importa que se hagan las doce. Ya no me importa haber olvidado el camino de regreso a casa. Sólo quiero que no dejen de besarme esos prediosos ojos azules.

L (vol. I)

Nunca antes he estado en su casa. Entre esos brazos que me rodean y esa húmeda boca que me succiona las pocas dudas que haya podido tener. Estoy en DEFCON 4: un poco nerviosa, pero nada grave.

Alivia la tensión del momento señalándonos en el gran espejo que tenemos en frente. Nos piropea. No sé si de verdad cree que soy preciosa, pero a su lado yo me siento así.

Soy una frágil margarita y él se encarga de quitarme uno a uno todos los pétalos mientras reza por que haya traído un número impar de prendas de vestir.

Estoy desnuda frente a él, pero no tengo miedo. Me siento cómoda a su lado. Me siento fuerte. Sé que no hice mal en cortar con él porque en aquel momento no lo amaba, pero ahora tengo una segunda oportunidad. Sólo necesito no desperdiciarla.

Se despoja entonces él de todas sus hojas y me doy cuenta de que es mi primera vez. O podría serlo, si todo fuera distinto.

La llave no encaja en la cerradura.

Me besa como si temiera que vaya a marcharme. Otra vez. Yo lo observo detenidamente mientras se alimenta de mí. Acaricio suavemente sus cabellos. Es como un cachorro sediento después de pasar ocho días en el desierto. Siento lástima por él. Pero también por mí. No puedo quedármelo. No me dejan tener mascotas en casa. Y sé que aunque pudiera no sabría cuidarlo.

Es el principio de todo.