No tengo amigos. No tengo amigos porque no hablo. No sé por qué no hablo.
No me considero tímida ni reservada, a pesar de lo que digan, simplemente tengo miedo y estoy más cómoda en silencio, evitando las situaciones en las que pueda tener la obligación de decir algo. Por eso me he construido la reputación de ser la rara, lo cual me ha llevado a pensar que soy rara.
Soy rara, no hablo. Y, como no hablo porque soy rara, me he quedado sin amigos. Aunque tampoco voy a echarles a los demás toda la culpa, algunos amigos los he perdido porque yo me he ido. Un claro ejemplo es Xxxxxxx. Pero si me he ido ha sido porque de repente ya no me sentía cómoda al lado de esa persona. Supongo que no es culpa de nadie.
Se me hace extraño mantener una conversación. Admiro realmente a todos los componentes de esos grupos que son capaces de mantener amenamente una charla sobre un tema en concreto. Y ríen y se ponen serios y dicen cosas lógicas y todos aportan algo y hacen alguna gracia y no tienen miedo de abrir la boca. No sé cómo lo hacen. Yo no me veo capaz.
Cada vez que tengo que hablar, se me forma un fuerte nudo en el estómago. Siento que, literalmente, no tengo voz. El nudo del estómago se ata a su alrededor y no la deja salir. Es horrible. Ni siquiera soy capaz de hablar con los miembros de mi familia. Hace más de un año que no me hablo con me autocensuro porque soy una paranoica (había un ejemplo de persona física cercana) y es un alivio, porque sé que él no me va a preguntar nada y yo no tendré la obligación de contestar. Porque me da miedo. Me da miedo que me pregunten. Y me da igual quién sea el que me pregunta.
También siento ese miedo a través de Internet. Cuando [...] tengo que contestar siempre leo la conversación diez veces hasta que me atrevo a darle a «enviar». A veces incluso lo hago con los ojos cerrados, aceptando así el riesgo de que mi respuesta no le guste a la otra persona, o de haberme equivocado y habérselo enviado a quien no toca. Eso es algo que me da verdadero pavor.
Creo que mi mutismo me ha conducido a la depresión. Duermo mal, me mareo con facilidad, sufro de ansiedad, lloro sin aparente motivo, tiendo a depender de los demás, aunque sea algo imaginario, no sé si me explico, me autolesiono, me auto sobre medico, no salgo de casa, paso unas veinte horas diarias en la cama, no sonrío, odio mi cuerpo, estoy engordando, dónde está mi pecho, me ausento mentalmente, soy incapaz de concentrarme incluso cuando juego a un videojuego, siempre pienso en otra cosa que no tiene nada que ver, nunca estoy a lo que debería estar, se me olvidan cosas importantes como comer, no sé en qué día vivo, pero aún me acuerdo de su número de teléfono, soy negativa, pienso que vaya donde vaya molesto a todo el mundo, que todos se ríen de mí, que si alguien se interesa un poco por mí es para después burlarse con sus amigos.
Cada dos años me encapricho del único tío que se ha interesado en conocerme de la sala. [Bla, bla, bla] y de repente, cuando se da cuenta de que le quiero, sí le importa que no hable como cualquier otra persona normal y se va de mi lado. Entonces [hago mogollón de cosas] tardo más o menos un año en superarlo y vuelta a empezar. Y vuelvo a estar sola, claro, como al principio, sólo que con un número de móvil más en la cabeza.
A veces cometo la estupidez de desear volver a tener amigos, pero ¿qué haría con ellos? Si yo no hablo. No soy ni divertida ni inteligente ni interesante, no tengo nada que aportarles salvo mi silencio. Y parece que a la larga les molesta. No puedo estar con nadie porque no me gusta hablar de mí. Acabaría mintiendo sobre algún aspecto crucial de mi vida porque, al contrario que ellos, yo no hago nada importante. Yo sólo soy la rara que llora cuando una amable señora le informa de que hoy no pasan por aquí los autobuses.
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