Era miércoles veintisiete de
enero y aún no sabía, no era consciente, de que de verdad no íbamos
a volver a vernos. Yo escribía en mi diario con la esperanza de que
algún día me contradijera y dijera mira, tengo visita dijera mira,
ya no estoy sola dijera mira, hemos hecho el amor en mi cama de uno
treinta y cinco y ya no soy la única pringada que no folla en este
piso.
Yo
tenía veintiséis años y como dicta la media europea acababa de
independizarme. En parte porque no soportaba seguir viviendo con mis
padres, en parte porque necesitaba más espacio para mis libros.
Excusa que luego utilicé para volver a mudarme dos años y medio más
tarde, después de seguir comprando libros y no tener dónde
amontonarlos a pesar de no quedármelos todos.
Yo
tenía veintiséis años y acababa de quedarme sin trabajo. No
obstante había calculado que podía vivir un año entero sin
trabajar gracias a mis ahorros. Al final no pude probárselo a nadie
porque me llamaron una o dos semanas más tarde para ofrecerme un
contrato que por supuesto acepté sin pensarlo un segundo.
La
puerta de la entrada se abría y cerraba a todas horas porque mis
compañeras de piso –que no de estudio– tenían visitas. Yo
esperaba que fueras tú quien viniera antes que nadie y vieras cómo
había dejado el piso dónde había colocado el pez espada el pequeño
altar que le había levantado a tu
nariz. Esperaba que
vinieras y te quedaras quizá un fin de semana, como las visitas de
mis vecinas a quienes escuchaba follar tras las paredes y que por una
vez fueran ellas las que me escucharan a mí. Así que te pedí que
vinieras y me dijiste que no era un buen momento. Y yo dejé pasar
los días esperando el momento propicio, esperando que de verdad
vinieras a verme, esperando que de verdad cumplieras algunas de tus
promesas.
Primero
fue el toque de queda luego las oposiciones después la remota
posibilidad de haber suspendido el mir. Después ya no pude aguantar
más y creo que te envié un audio de whatsapp –qué quieres que te
diga, estaba borracha–.
Supongo
que fue ahí cuando lo nuestro terminó.
(2022)
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