[Entre risas]. La verdad es que no tengo ni idea de cómo no se me ocurrió que Richy fuera a invitar a Álex a formar parte del grupo. De verdad. Claro, ahora me río, pero en aquel entonces me pareció una putada. Incluso si Hadiya también estaba entre nosotros. Quiero decir: sé que Álex estaba colada por Hadi, y a Hadi le caía muy bien Álex; pero eso no impedía que Richy insistiera en ponerse a su lado a todas horas. En clase, por ejemplo, si Hadi faltaba porque estaba enferma, él procuraba sentarse junto a Álex. Se portaba como un puto acosador. La verdad es que tampoco entiendo por qué en primero me molaba tanto. Porque estaba bueno, supongo. Aunque según mi hermana el que de verdad estaba bueno era su padre, el profesor de matemáticas; pero mi hermana también tiene el gusto en el culo, no hay más que ver los tíos con los que ha salido, todos superviejos.
¡Anda que no! El último con el que salió era una especie de músico de más de treinta tacos que vivía en un piso compartido. Que sí, que es mayor que yo, pero, tía, tienes veintidós: sal con uno de veintisiete, no con un uno de treinta y cuatro... Y total, ya ves, Ricardo sólo era veintitrés años mayor que nosotras, pero es que a mí ¡me parecían cincuenta! Y no es que tuviera aspecto de viejo ni nada. Quiero decir: no tenía canas ni arrugas y se movía bastante ágil; tampoco tenía chepa ni se subía los pantalones hasta casi las axilas como hace mi abuelo. A lo mejor, si nos ponemos, por no echar por tierra los gustos de mi querida hermana aquí presente, podría decirse incluso que era bastante guapo. Pero con doce años a ninguna nos lo parecía.
El primer día que quedamos para hacer el trabajo fue el típico día de repartir tareas y no hacer prácticamente nada. Fue raro porque, como el padre de Richy estaba ahí, y encima era nuestro profesor, yo creía que se portaría como el típico sargento que manda callar cada cinco minutos; pero no, se portó guay. De hecho, nos ayudó bastante; nos aconsejó que quedáramos más veces para ver cómo nos estaba yendo el trabajo y no terminar haciendo un truño inconexo. Porque es cierto: si cada uno hace una parte y se presenta sin haber leído todo el conjunto, al final lo que hay es una serie de páginas que parece que no tienen nada que ver entre sí, cada una escrita de una forma. Qué sé yo, eh... Una en Times New Roman, otra en Arial, aquella sin justificar, la otra con los títulos de los apartados centrados y en negrita, otra a doble espacio... Ya saben a lo que me refiero, ¿no?, ¡que se nota un montón que no lo hemos hecho en grupo! Porque la idea del trabajo en grupo es hacerlo en grupo, claro. Bueno, el caso es que Ricardo nos dijo que podíamos ir a su casa siempre que quisiéramos; todos a la vez o cuando pudiéramos cada uno. Y yo, como buena chica, le tomé la palabra.
Me quejo de Richy, pero la verdad es que yo también era un poco acosadora. O sea, a ver, no es que fuera tooodos los días a su casa, pero iba, mínimo, una vez por semana. Claro, que siempre iba con algo del trabajo hecho, o sea que al menos hacía los deberes, ¿no? ¡Yo creo que sí! Por supuesto a veces también se lo decía a las chicas, para que vinieran conmigo. Bueno, sí, vale: sólo a Hadi, porque Álex no quería que viniera. Pero si venía Hadi también venía Álex, así que...
Hadi cree que no lo sé, pero yo sé que estaba colada por mí. No es algo que me importe, la verdad, porque al menos me trataba bien. Quiero decir que aceptaba que ella a mí no me gustaba. Tiene gracia porque sus padres son gays y ella lesbiana: es como si en esa familia nadie quisiera saber nada del sexo opuesto. [Entre risas]. Ha sonado superhomófobo, perdón. Serénate, Ivy. No era mi intención. Pero yo creo que sí que tiene gracia. Bua, recuerdo cuando íbamos al colegio y Hadi llevaba el pelo supercorto porque sus padres no sabían peinárselo. Claro, al tenerlo tan rizado y la cabeza tan delicada por ser pequeña, tiraban de él y le hacían daño.
Sí, claro, y el rollo de los peinados.
¡Si no lo digo porque sean tíos! Es que me ha venido ahora a la mente. Si mamá era igual con nosotras. ¿O no te acuerdas? ¿Que de pequeñas teníamos el pelo a ras de las orejas porque no quería estar desenredándonoslo a todas horas? Que a mí ahora me encanta el pelo corto, pero sé que a Hadi, por ejemplo, no. Supongo que por eso siempre estaba diciéndole a Álex que qué cabello tan bonito le estaba saliendo. Ahora, como se peina sola, lo lleva laaargo, que es como le gusta. Y además lo tiene supersuave y superfrondoso. ¿Se han fijado? ¿Los rizos le saldrán así o usará algún producto especial para su tipo de cabello? Tengo que preguntárselo.
Sí, sí, perdón, que me estoy desviando.
La cuestión es que conseguí que quedáramos más seguido de lo que tenían pensado los otros tres. Yo iba a casa de Richy esperando que se enamorara de mí y él se ponía guapo para ver si había suerte y seducía a Álex. Álex procuraba alejarse todo lo posible de Richy interponiendo a Hadi y Hadi se debatía internamente entre salvar a su amiga Álex o aliviar su mal de amores pegándose a mí. Ricardo siempre estaba presente; no era el típico sargento pero sí el típico pesado: siempre ahí, mirando, cotilleando, ya saben, muchos padres son así; a lo mejor ustedes son así, si tienen hijos...
A mí me ponía nerviosa. Al principio pasaba de él, intentaba ignorar sus comentarios. Yo llegaba a casa, él abría la puerta, me decía que iba muy guapa, yo sonreía, preguntaba si estaba Richy, me decía que estaba esperando en el comedor y yo entraba. Luego Richy nunca estaba esperando en el comedor, sino en su cuarto, y su padre lo llamaba a gritos mientras me miraba fijamente o de reojo. Richy tardaba en aparecer, imagino que por la pereza de verme a mí en vez de a Álex; creo que ha quedado claro que sé de sobra que era una puta pesada. Yo permanecía de pie esperando y en la espera el profesor rompía el silencio con alguna frase tonta que en aquel entonces yo no entendía muy bien a qué venía: «Me gusta mucho tu falda», «Te quedan muy bien esos zapatos», «Bonito pintalabios».
Al principio lo hacía desde cierta distancia: la mesa redonda del comedor nos separaba. Luego empezó a acercarse; rodeando el mueble hasta plantarse a mi lado mientras yo esperaba ansiosa a si hijo. Un día me dijo: «Te está creciendo el pelo» y me lo echó detrás de las orejas. Yo le sonreí un poco, [entre risas] ¿qué otra cosa iba a hacer?, y volví a dejarme el pelo por encima, que es como me gusta.
¡Anda que no! El último con el que salió era una especie de músico de más de treinta tacos que vivía en un piso compartido. Que sí, que es mayor que yo, pero, tía, tienes veintidós: sal con uno de veintisiete, no con un uno de treinta y cuatro... Y total, ya ves, Ricardo sólo era veintitrés años mayor que nosotras, pero es que a mí ¡me parecían cincuenta! Y no es que tuviera aspecto de viejo ni nada. Quiero decir: no tenía canas ni arrugas y se movía bastante ágil; tampoco tenía chepa ni se subía los pantalones hasta casi las axilas como hace mi abuelo. A lo mejor, si nos ponemos, por no echar por tierra los gustos de mi querida hermana aquí presente, podría decirse incluso que era bastante guapo. Pero con doce años a ninguna nos lo parecía.
El primer día que quedamos para hacer el trabajo fue el típico día de repartir tareas y no hacer prácticamente nada. Fue raro porque, como el padre de Richy estaba ahí, y encima era nuestro profesor, yo creía que se portaría como el típico sargento que manda callar cada cinco minutos; pero no, se portó guay. De hecho, nos ayudó bastante; nos aconsejó que quedáramos más veces para ver cómo nos estaba yendo el trabajo y no terminar haciendo un truño inconexo. Porque es cierto: si cada uno hace una parte y se presenta sin haber leído todo el conjunto, al final lo que hay es una serie de páginas que parece que no tienen nada que ver entre sí, cada una escrita de una forma. Qué sé yo, eh... Una en Times New Roman, otra en Arial, aquella sin justificar, la otra con los títulos de los apartados centrados y en negrita, otra a doble espacio... Ya saben a lo que me refiero, ¿no?, ¡que se nota un montón que no lo hemos hecho en grupo! Porque la idea del trabajo en grupo es hacerlo en grupo, claro. Bueno, el caso es que Ricardo nos dijo que podíamos ir a su casa siempre que quisiéramos; todos a la vez o cuando pudiéramos cada uno. Y yo, como buena chica, le tomé la palabra.
Me quejo de Richy, pero la verdad es que yo también era un poco acosadora. O sea, a ver, no es que fuera tooodos los días a su casa, pero iba, mínimo, una vez por semana. Claro, que siempre iba con algo del trabajo hecho, o sea que al menos hacía los deberes, ¿no? ¡Yo creo que sí! Por supuesto a veces también se lo decía a las chicas, para que vinieran conmigo. Bueno, sí, vale: sólo a Hadi, porque Álex no quería que viniera. Pero si venía Hadi también venía Álex, así que...
Hadi cree que no lo sé, pero yo sé que estaba colada por mí. No es algo que me importe, la verdad, porque al menos me trataba bien. Quiero decir que aceptaba que ella a mí no me gustaba. Tiene gracia porque sus padres son gays y ella lesbiana: es como si en esa familia nadie quisiera saber nada del sexo opuesto. [Entre risas]. Ha sonado superhomófobo, perdón. Serénate, Ivy. No era mi intención. Pero yo creo que sí que tiene gracia. Bua, recuerdo cuando íbamos al colegio y Hadi llevaba el pelo supercorto porque sus padres no sabían peinárselo. Claro, al tenerlo tan rizado y la cabeza tan delicada por ser pequeña, tiraban de él y le hacían daño.
Sí, claro, y el rollo de los peinados.
¡Si no lo digo porque sean tíos! Es que me ha venido ahora a la mente. Si mamá era igual con nosotras. ¿O no te acuerdas? ¿Que de pequeñas teníamos el pelo a ras de las orejas porque no quería estar desenredándonoslo a todas horas? Que a mí ahora me encanta el pelo corto, pero sé que a Hadi, por ejemplo, no. Supongo que por eso siempre estaba diciéndole a Álex que qué cabello tan bonito le estaba saliendo. Ahora, como se peina sola, lo lleva laaargo, que es como le gusta. Y además lo tiene supersuave y superfrondoso. ¿Se han fijado? ¿Los rizos le saldrán así o usará algún producto especial para su tipo de cabello? Tengo que preguntárselo.
Sí, sí, perdón, que me estoy desviando.
La cuestión es que conseguí que quedáramos más seguido de lo que tenían pensado los otros tres. Yo iba a casa de Richy esperando que se enamorara de mí y él se ponía guapo para ver si había suerte y seducía a Álex. Álex procuraba alejarse todo lo posible de Richy interponiendo a Hadi y Hadi se debatía internamente entre salvar a su amiga Álex o aliviar su mal de amores pegándose a mí. Ricardo siempre estaba presente; no era el típico sargento pero sí el típico pesado: siempre ahí, mirando, cotilleando, ya saben, muchos padres son así; a lo mejor ustedes son así, si tienen hijos...
A mí me ponía nerviosa. Al principio pasaba de él, intentaba ignorar sus comentarios. Yo llegaba a casa, él abría la puerta, me decía que iba muy guapa, yo sonreía, preguntaba si estaba Richy, me decía que estaba esperando en el comedor y yo entraba. Luego Richy nunca estaba esperando en el comedor, sino en su cuarto, y su padre lo llamaba a gritos mientras me miraba fijamente o de reojo. Richy tardaba en aparecer, imagino que por la pereza de verme a mí en vez de a Álex; creo que ha quedado claro que sé de sobra que era una puta pesada. Yo permanecía de pie esperando y en la espera el profesor rompía el silencio con alguna frase tonta que en aquel entonces yo no entendía muy bien a qué venía: «Me gusta mucho tu falda», «Te quedan muy bien esos zapatos», «Bonito pintalabios».
Al principio lo hacía desde cierta distancia: la mesa redonda del comedor nos separaba. Luego empezó a acercarse; rodeando el mueble hasta plantarse a mi lado mientras yo esperaba ansiosa a si hijo. Un día me dijo: «Te está creciendo el pelo» y me lo echó detrás de las orejas. Yo le sonreí un poco, [entre risas] ¿qué otra cosa iba a hacer?, y volví a dejarme el pelo por encima, que es como me gusta.
NOTA de la publicación en este blog:
Novela terminada el 22 de febrero de 2020, publicada a plazos en este blog. Puede leerse entera a través de este enlace a Google Drive.
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