martes, 26 de mayo de 2015

La mariposa

Mírate.
Qué grande estás
y qué pequeña se te ve.

Todo lo que has crecido en estos últimos años
lo has perdido en ilusión.
En fuerzas.
En ganas.
En determinación.

Ya no quieres seguir adelante,
pero tampoco quieres ir hacia atrás.
No quieres llamar al timbre,
pero te niegas a volver a casa.
Así.
Con las manos vacías
y los ojos llenos de lágrimas.
Con los pies cansados
y la garganta a punto de ahorcarse
con tanta cuerda y tanto nudo...

Solo piensas en quedarte plantada a ver si con suerte te salen peras
y dejas ya de pedírselas al olmo,
que está hasta las narices
de que le pidan tanta fruta
y no lo admiren florecer.


Pero mírate.
Recién salida de la crisálida
y con ganas de echar a volar.

Qué guapa y qué cara más larga.
Qué joven y cuántos años llevas ya.
Cuesta arriba.
Sin ayuda.
Con el ala izquierda rota y la derecha sin nacer.
Atragantándote con las pocas ganas que te quedan y arrastrando los pies.

Dejándote caer.

Hundiéndote.
Huyéndote.


De verdad.
Mírate.

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