jueves, 4 de junio de 2015

Cortarse las penas

Ojalá fuera lo suficientemente pequeña como para poder morir ahogada dentro de un vaso de agua. O de té recién hecho o de Coca Cola desventada. Tan pequeña como para poder atravesarme el vientre con una aguja y morir ahorcada con un simple hilo de coser. Tan diminuta como para ahogarme dentro de un dedal lleno de lágrimas y lo suficientemente minúscula como para esconderme debajo de un botón.

Ojalá pudiera coserme botones de colores en los ojos para no ver más allá de mis propios pensamientos. Pensar que todo va bien y no tener la capacidad de destaparme los ojos para comprobar que en realidad todo va de mal en peor. No ver que ya no es hora de dormir, que aún no estoy vestida, que hay que cumplir con unos horarios previamente mal establecidos; no ver tu ausencia, no ver mi soledad.

Ojalá pudiera estar sola sin que nadie me juzgara por el simple hecho de estarlo. Poder estar triste y llorar silenciosamente en la biblioteca sin sentir que molesto. Destapar esta tristeza y mostrarle al mundo estas ganas de morir que me inundan cada día. Explicar a los demás que quiero morir joven y que me dejen en paz, que ya no me queda vida guardada, que ya la he gastado toda y que no quiero comprar más.

—¿Qué quieres ser de mayor?
—Un cadáver.

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