Ojalá fuera lo
suficientemente pequeña como para poder morir ahogada dentro de un vaso de
agua. O de té recién hecho o de Coca Cola desventada. Tan pequeña como para
poder atravesarme el vientre con una aguja y morir ahorcada con un simple hilo
de coser. Tan diminuta como para ahogarme dentro de un dedal lleno de lágrimas
y lo suficientemente minúscula como para esconderme debajo de un botón.
Ojalá pudiera
coserme botones de colores en los ojos para no ver más allá de mis propios
pensamientos. Pensar que todo va bien y no tener la capacidad de destaparme los
ojos para comprobar que en realidad todo va de mal en peor. No ver que ya no es
hora de dormir, que aún no estoy vestida, que hay que cumplir con unos horarios
previamente mal establecidos; no ver tu ausencia, no ver mi soledad.
Ojalá pudiera
estar sola sin que nadie me juzgara por el simple hecho de estarlo. Poder estar
triste y llorar silenciosamente en la biblioteca sin sentir que molesto.
Destapar esta tristeza y mostrarle al mundo estas ganas de morir que me inundan
cada día. Explicar a los demás que quiero morir joven y que me dejen en paz,
que ya no me queda vida guardada, que ya la he gastado toda y que no quiero
comprar más.
—¿Qué quieres ser de mayor?
—Un cadáver.
No hay comentarios:
Publicar un comentario