martes, 7 de febrero de 2017

a veces me paro en el umbral de la puerta del cuarto de baño

la luz sigue encendida. no me atrevo a salir. el corazón es una bomba de relojería a punto de hacer saltar todo por los aires. tengo miedo. tiemblo. ¿qué le pasa a mi respiración? no funciona bien. tengo que llevarla a reparar. su voz es un cuchillo atravesando mi estómago. una sierra troceando mi esternón. su voz son unas manos rompiendo una a una las vértebras de mi columna. me siento una estúpida. detesto el ruido. a veces me paro en el umbral de la puerta del cuarto de baño. la luz sigue encendida. estoy lista para volver a entrar al mínimo ruido. al mínimo ruido vuelvo a entrar. me lavo las manos. me lavo la cara. lloro. me lavo la cara. me miro al espejo. me golpeo. lloro. me lavo la cara. me seco las manos, la cara, las penas. se ha hecho el silencio. el silencio también me da miedo. el silencio es débil. el silencio también es frágil. el silencio se puede romper con una mano. cogerlo con una mano. cerrar la mano. apretar fuerte. fuerte. fuerte. no hace falta tanta fuerza. he dicho que el silencio es débil, frágil. cuando abres la mano, el silencio ha sido pulverizado. ya no hay silencio. pero el sonido es lejano y constante. es la única melodía que me gusta. lejana y constante. no parece que tenga intención de acercarse. apago la luz. cruzo el umbral. dos, tres pasos. estoy en mi habitación. mi habitación contiene una cama. esa cama es mi búnker, mi salvavidas, mi matriz. estoy a salvo.

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