la luz
sigue encendida. no me atrevo a salir. el corazón es una bomba de
relojería a punto de hacer saltar todo por los aires. tengo miedo.
tiemblo. ¿qué le pasa a mi respiración? no funciona bien. tengo que
llevarla a reparar. su voz es un cuchillo atravesando mi estómago. una
sierra troceando mi esternón. su voz son unas manos rompiendo una a una
las vértebras de mi columna. me siento una estúpida. detesto el ruido. a
veces me paro en el umbral de la puerta del cuarto de baño. la luz
sigue encendida. estoy lista para volver a entrar al mínimo ruido. al
mínimo ruido vuelvo a entrar. me lavo las manos. me lavo la cara. lloro.
me lavo la cara. me miro al espejo. me golpeo. lloro. me lavo la cara.
me seco las manos, la cara, las penas. se ha hecho el silencio. el
silencio también me da miedo. el silencio es débil. el silencio también
es frágil. el silencio se puede romper con una mano. cogerlo con una
mano. cerrar la mano. apretar fuerte. fuerte. fuerte. no hace falta
tanta fuerza. he dicho que el silencio es débil, frágil. cuando abres la
mano, el silencio ha sido pulverizado. ya no hay silencio. pero el
sonido es lejano y constante. es la única melodía que me gusta. lejana y
constante. no parece que tenga intención de acercarse. apago la luz.
cruzo el umbral. dos, tres pasos. estoy en mi habitación. mi habitación
contiene una cama. esa cama es mi búnker, mi salvavidas, mi matriz.
estoy a salvo.
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