Estamos en la cima del mundo. Podríamos extender la mano hacia arriba y tocar el sol, pero él prefiere tocarme a mí.
Se
deshace de mi ropa como el viento se deshace de las hojas de los
árboles. Para él sólo soy la madera que toca cuando todo lo demás le
falla y él necesita sentir que aún no se le ha acabado toda la suerte.
Sabe
que sigo enamorada de él. Y yo sé que él tardará un tiempo en olvidar
eso que siente por mí. Pero de lo que aún no he querido darme cuenta es
de que él siempre tiene un plan B por si le fallo. Y él no quiere
aceptar que por mucho que lo intente yo jamás podré corresponderle.
Estamos destinados al fracaso.
Estamos en la cima del mundo y seguimos juntos
Creo ingenuamente que ha vuelto a casa. Faltan cinco días para que termine febrero y soy su casa de verano.
Nos fundimos en un beso apasionado en el que no hay amor. Sólo desesperación.
Podría extender la lengua hacia el cielo y quemármela con el sol, pero la deslizo hacia el centro de su virilidad.
Soy un cordero recién nacido recibiendo por primera vez el néctar que lo mantendrá con vida por un tiempo.
Cada
vez me falta menos para saber que jamás volveremos a vernos. Que a
partir de entonces seremos dos desconocidos que fingirán no haber
compartido nunca nada de lo que ahora comparten. Pero de momento
seguimos en la cima del mundo. Y no hace falta precipitarse para llegar
al suelo.
Nos alimentamos
mutuamente como dos amantes. Como dos amantes que no se ocultan nada.
Como dos amantes que se comparten enteramente.
Y si él tuviera más paciencia... podría llegar a dárselo todo. Pero está a punto de marcharse.
Pasarán años antes de que deje de pensar en él. Porque el olvido es paciente y no tiene prisa.
Él nunca revelará mi secreto.
Yo nunca lo creeré capaz de hacerlo.
Pero seguimos en la cima del mundo. Y nuestra risa se oye desde todos los rincones de La Tierra.
No
tarda en darse cuenta de que entrar en mi vida no depende de mí. No
controlo las aduanas de mi cuerpo. Sólo puedo desear una cosa y desear
que esa cosa se cumpla, pero no cumplirla.
El breve acercamiento que habíamos experimentado no tarda en desaparecer. Como lo hará él en unos momentos.
Me gusta estar en la cima del mundo con él porque no me da miedo. Sé que es incapaz de empujarme. Sé que lo echaré de menos.
Estoy sangrando. Pero lo que me duele es la despedida.
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