viernes, 29 de septiembre de 2017

Tres deseos

(Se conforma con uno)

1. No se molesta en limpiar la sangre del cuchillo porque no hay necesidad de ocultar el cadáver. Así que va directa a su habitación y se tumba en la cama. Tiene demasiado sueño acumulado, pero al menos ya puede tachar «atravesar garganta» de los que le quedan por cumplir.

Seguramente se queda dormida. No sabe durante cuánto tiempo. El suficiente para que la sangre que ha salpicado su cara y sus manos se seque del todo. Tampoco sabe cuándo ha dejado de respirar, pero el cuerpo de la cocina ha dejado de moverse.

Yace en el colchón con la misma ropa sucia. No quiere levantarse. Quiere, al igual que el difunto, que la levanten otros. Que la cojan en brazos y se la lleven, quizá también a un hoyo, donde pueda permanecer en estado vegetativo durante el resto de su mísera vida.

¿Mejorará todo ahora que él está muerto? No es probable, pero le da igual. Está como ida. Tanto que no se da cuenta de toda esa gente que camina a su alrededor y le habla.

¿Qué es todo ese ruido? ¿Ha llegado ya la policía? ¿Quién les ha llamado? ¿Ha sido ella? ¿Por qué hay una ambulancia en la puerta de casa si padre está muerto y ella no está herida?

2. Madre llora. Han llamado por teléfono y le han dicho que a partir de ahora debe vestir de negro riguroso. El negro estiliza. ¿Por qué llora madre? Quizá porque siempre dice que está muy delgada y cree que el negro hará que parezca un esqueleto. Como la muerte. Sólo le falta valerse de una guadaña para poder caminar erguida. Quizá por eso llora madre. Porque ahora tiene que esforzarse más en caminar. Ahora que está sola. Ahora que no puede permitirse el lujo de arrastrarse como las serpientes.

Madre llora. ¿Y ella? ¿También llora ella? No, ella no puede. Lo intenta, pero no sabe. Por eso de esconde y se niegan a que la vean. «Pobrecita, está destrozada», piensan los demás. Lo difícil va a ser fingir que llora en el funeral.

3. No le gustan las armas, pero tiene que admitir que son de gran utilidad en determinados momentos.

No recuerda de dónde ha sacado esa pistola que ahora tiene en la boca, pero sabe a hierro, como la sangre, y eso le gusta.

Tiene dos vecinos policías y un primo militar. ¿Tiene esto algo que ver con la procedencia del arma? ¿Importa, acaso?

Lame la pistola de a saber qué calibre porque no entiende de armas de fuego y se acuerda de todas las veces que ha chupado una polla.

Adentro, afuera, adentro, afuera, adentro, afuera. La pistola está a punto de descargarse. Será la primera vez que se trague el semen y se corra al mismo tiempo.

Las paredes blancas pasan a ser burdeos.

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