viernes, 6 de octubre de 2017

[no puedo decirle a la doctora que]

no puedo decirle a la doctora que
no puedo decirle lo que en realidad
no quiero decirle pero debo decirle.
por eso casi nunca abro la boca.
 
he acostumbrado tanto a los que me rodean a no oír mi voz que yo creo que ni siquiera la recuerdan.
 
el otro día mi psicóloga me dijo algo tan bonito que ojalá pudiera decir que no me lo dijo mi psicóloga sino tú.
pero tú no estás aquí.
tú no estás aquí.
tú no eres tangible.
 
la doctora que trata de tratarme cree que me está tratando bien.
lo cree tanto que a veces yo también lo creo.
pero cada vez que me dirijo a su consulta siento miedo.
siento miedo aunque sea cierto que a ella no le importa que esté callada.
siento miedo porque aunque a ella no le importe que esté callada a mí me sabe mal.
siento miedo porque aunque a mí me sepa mal no puedo remediarlo. 
 
escribe. 
no me hables pero escribe. 
yo creo que te vendrá bien. 
pero a mí escribir me duele casi tanto como pensar en alguien a quien nunca he besado.
 
tengo una cicatriz con la forma de la inicial del apodo que le puse al hombre que más me ha ayudado y más daño me ha hecho en la vida y da la casualidad de que también es la inicial del apellido de la mujer que está intentando curarme.
pero esto tampoco se lo puedo decir a la doctora.
 
a la doctora sólo puedo decirle que sí,
que lo estoy intentando.
que a veces, cuando puedo, escribo.
que tengo una libreta de flores sólo para hablar de lo que ella me pide.
que es difícil.
que pensar que luego tengo que léerselo en voz alta es lo que me paraliza.
 
qué pasaría si se enterara de que escribo de ella a sus espaldas.

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