He imaginado mil insultos con los que definir la relación entre tu ausencia y este lleno de miedo que me has dejado en el vientre. Mil palabras malsonantes con las que describir cada latido con el que el corazón me pide salir por la boca del estómago mientras yo me empeño en vomitarlo. He buscado en el diccionario la definición de abandono y salías tú. Tan guapa como siempre que te marchabas sin despedirte y luego me llamabas por teléfono pidiéndome perdón. Tan guapa como siempre que te perdonaba con el mismo polvo mediocre a la luz de las velas mientras sonaba tu canción favorita en mi cabeza.
He imaginado mil insultos con los que llamarte cuando tengo miedo de quedarme a solas conmigo sólo porque me han dicho que puede ser peligrosa. Mil palabras malsonantes que me abran todas las puertas para que pueda marcharme sin que nadie me lo impida. La Real Academia Española ha eliminado mi palabra favorita y yo ya no encuentro ninguna foto tuya en la que sonrías como antes. Como antes de aprender a huir como si no hubiera un ayer al que darle explicaciones. Como antes de aprender a lamer la herida por temor a no volver a hacerte daño.
He llorado mil maneras de insultarme por no saber quererte como te mereces. Por no darme cuenta de cuándo estabas aquí y cuándo me pedías que te sujetara. Por no matar el tiempo que acabó colocándote en un lugar tan alejado de la realidad.
He llorado mil maneras de insultarme
Y al final resulta
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