He dicho que estoy bien
tantas veces
que ya no me lo creo ni yo.
Y eso que siempre me creo
cuando me digo
que todo va a mejorar.
Que las cosas pueden irme bien.
Que el fondo es un colchón elástico y ahora
sólo puedo ir hacia arriba
hasta que la gravedad me reclame.
He dicho una mentira y he llorado después.
Porque no me gusta decir mentiras.
Pero siempre las digo.
Porque yo siempre estoy bien.
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