jueves, 23 de junio de 2016

¿Por qué yo no puedo ser como ellos? ¿Es que no quiero?

Se lo he preguntado a mi diario, se lo he preguntado al espejo de la entradita, lo he consultado con la almohada, se lo he preguntado a N. En mi cabeza. Os lo pregunto a vosotros.

A veces dejo pasar al tiempo primero porque yo no estoy segura de querer entrar.

Oigo sus conversaciones, las memorizo, y me imagino ahí, con ellos, aportando datos y riendo mientras ellos hacen lo mismo.

Me imagino divertida. Me imagino capaz de hacer algo extraordinario que ninguno de ellos sepa hacer. Tocar el piano, cantar, ser adorable, hacer poesía. Besar a N.

A veces ensayo qué decir ante un recepcionista pero luego el recepcionista no interpreta bien su papel y la que queda como una estúpida soy yo. Por ensayar una conversación espontánea.

A veces lloro porque no me han sonreído al indicarme el camino.

Me imagino espontánea. Me imagino guapa al llorar. Me imagino llorando poco. Imaginando poco y haciendo más. Una relación estable con un chico que no me deje por otra al mes siguiente y al mes siguiente vuelva y yo vuelva a dejarle entrar. Terminar de estudiar después de empezar a hacerlo, claro. No volver a llorar en el trabajo. Tener un trabajo. Volver a salir con las amigas. Volver a besar a N. (Lo siento mucho, N). Volver a tener ganas de.

Me imagino curada de esta enfermedad que me impide abrir la boca hasta para pedir auxilio. No necesitar auxilio tiene que ser casi tan bonito como donarlo a los pobres. Me imagino abriendo la puerta y cruzando el umbral sin titubear. Porque puedo hacerlo. Porque yo soy fuerte.

Y tengo miedo. Tengo miedo de curarme de verdad y ser esa sara que quiero ser. Porque no sé si sabré ser de otra manera que no sea la que soy ahora. Por eso a veces creo que no es que yo no pueda ser como ellos: es que no quiero.

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