domingo, 22 de enero de 2017

doctora, quería comentarle que me estoy muriendo

me he pasado la noche despierta pensando en cómo decírselo para cambiar absolutamente todas las palabras escogidas en cuanto estuviera diciéndoselo. perdón, rectifico: me he pasado la noche despierta, y de paso he estado pensando en cómo decírselo.

sé que me estoy muriendo porque yo veo cómo me descompongo poco a poco. cada vez se me cae más el pelo. cada vez tengo más ojeras. cada vez me duele más el cuerpo. cada vez se me agrieta más la piel.

doctora, el mal lo llevo dentro y es necesario extirparlo. no me mire así, yo no tengo la culpa. el mal me posee desde dentro y por eso, de vez en cuando, cuando estoy más lúcida o todo lo contrario, intento sacarlo. voy a la cocina, me preparo un té, cojo un cuchillo, parto un trozo de turrón que aún llena el estante de las pastas desde las navidades pasadas, me hago un corte en el vientre, abro la herida, dejo que sangre, la acaricio, la mimo, la adoro. pero el mal que me carcome desde lo más profundo de mí es escurridizo, doctora, y no quiere salir así como así. así que voy a mis muslos, voy a mis piernas, voy a mi nuca, voy a mi pecho.

doctora, quería comentarle que con suerte dentro de poco tendrá una paciente menos. no quiero seguir luchando contra este mal que me absorbe hasta los huesos. doctora, quería comentarle que me estoy muriendo, pero al final no.

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