Dime qué
palabras quieres que salgan de mi boca, madre, y te las diré. Pero no me pidas
que te diga cómo me siento si después vas a decirme que no. No me pidas que te
explique lo que pienso si tu diagnóstico va a ser que no soy normal. O vas a
decirme que debo cambiar, que sólo digo tonterías, que tú también te
avergüenzas de mí.
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