Señalan la enfermedad como el niño señala la pequeña mariposa. La describen, la definen, te la explican. Cogen la enfermedad con sus minúsculas manos y la plantan delante de tus ojos. La enfermedad crece y crece con cada palabra que surge de sus minúsculas bocas. Y tú asimilas la enfermedad como algo terrible. La acunas entre los brazos con miedo a que no tenga otro sitio al que ir y tenga que quedarse contigo para siempre. Empapelas cada centímetro de tu gigantesca ciudad con la esperanza de que alguien esté buscando algo parecido. Como cuando encuentras un pequeño cachorro al que, muy a tu pesar, no puedes cuidar. Compartes el mensaje en tus redes sociales. El mensaje se extiende como un virus, como una enfermedad. Y una epidemia de se ofrece enfermedad se expande por todo el país. Pero nadie quiere tu enfermedad. Nadie quiere tu dolencia. Ellos sólo querían señalarla. Ellos sólo querían que no olvidaras que la tienes, que está ahí, que no te puedes curar.
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