domingo, 3 de marzo de 2019

Soy un acordeón en manos de un niño despistado que todo lo rompe

Soy un acordeón en manos de un niño despistado
que todo lo rompe
El vaso en manos de la viajera
que no sabe a dónde ir

No sabía que te echaba de menos hasta que te vi en ese rellano

Tampoco la necesidad que tenéis de rellenar los silencios
como si de antiguos agujeros en las paredes de tratasen
como si de verdad creyerais que ese espejo
nunca estuvo ahí

Reflejándoos Mirándoos Rompiéndoos

Algún día haré como Alejandra y me quitaré años
No quiero que pase el tiempo porque
no hago nada con él

Tengo veinte, veintiuno, veintidós:                           sigo en el mismo curso
Tengo veintitrés, veinticuatro, veinticinco:               sigo en la misma mentira

Mi columna vertebral son las teclas de un piano y tú la tocas
como si fuera una guitarra Las notas salen de mi boca
como si mi cuerpo fuera una caja de música como si mi cuerpo fuera una caja de música como si mi cuerpo fuera una caja

Pero dentro no guardo nada

Me pregunto cuándo se cansarán de apretar mi cráneo
Cuándo la caricia no será amenaza Cuándo los besos no resultarán extraños
Cuándo volveré a sentirme a salvo Cómo volveré a sentirme a salvo

Si todo lo que hago me conduce al miedo Si todo lo que hago es intentar esconder
los mismos defectos con otros defectos que después intento esconder
Si todo lo que hago es intentar comprender

Cómo voy a dar cobijo al algodón
si no soy capaz de cuidar el recipiente



[Desplegar para el original en prosa]

Soy un acordeón en manos de un niño despistado que todo lo rompe. El vaso en manos de la viajera que no sabe a dónde ir. No sabía que te echaba de menos hasta que te vi en ese rellano. Tampoco la necesidad que tenéis de rellenar los silencios como si de antiguos agujeros en las paredes de tratasen. Como si de verdad creyerais que ese espejo nunca estuvo ahí. Reflejándoos. Mirándoos. Rompiéndoos.

Algún día haré como Alejandra y me quitaré años. No quiero que pase el tiempo porque no hago nada con él. Tengo veinte, veintiuno, veintidós: sigo en el mismo curso. Tengo veintitrés, veinticuatro, veinticinco: sigo en la misma mentira.

Mi columna vertebral son las teclas de un piano y tú la tocas como si fuera una guitarra. Las notas salen de mi boca como si mi cuerpo fuera una caja de música como si mi cuerpo fuera una caja de música como si mi cuerpo fuera una caja. Pero dentro no guardo nada.

Me pregunto cuándo se cansarán de apretar mi cráneo. Cuándo la caricia no será amenaza. Cuándo los besos no me resultarán extraños. Cuándo volveré a sentirme a salvo. Cómo volveré a sentirme a salvo. Si todo lo que hago me conduce al miedo. Si todo lo que hago es intentar esconder los mismos defectos con otros defectos que después intento esconder. Si todo lo que hago es intentar comprender.

Cómo voy a dar cobijo al algodón
si no soy capaz de cuidar el recipiente.

No hay comentarios:

Publicar un comentario