jueves, 7 de noviembre de 2019

Bienaventurados sean los muertos, pues ellos ya no necesitan la belleza de las flores


I

Soy el único campanario de una iglesia en el que no anidan las golondrinas

Mi cuerpo es un templo en el que ya nadie rinde culto

En esta parroquia sólo se celebran funerales


II

He arado mis brazos de la misma forma
en la que se aran los campos

La tierra ha sangrado

He sembrado el pánico como se plantan
los cereales

La tierra ha sangrado

He segado la carne con la misma hoz
con la que recojo la cosecha de mis piernas

La tierra ha expulsado el endometrio


III

A mí

Y tú pretendes morirte de hambre Tú que te alimentas de la ira
Tú que lames hasta las lágrimas de los desconocidos
Tú que lames hasta los huesos de los cerdos

que no comes
que no comes
que no comes

Sólo vives con la esperanza de poder seguir el ejemplo de las hermanas Lisbon
Has venido aquí arrastrándote con la esperanza
de no tener que volver a levantarte
Tú que no eres capaz ni de desenterrar tus viejos libros de debajo del polvo
pretendes cavar tu propia tumba


IV

y si no bebo
y si no fumo
y si no lloro

y si sólo abro las piernas para acariciar la herida

la herida abierta la puerta abierta la sangre a punto de salir

soy un frasco pequeño
pequeño
que se derrama

mamá está rota, dices
ha abierto el terrario y ha salido la serpiente

soy una lágrima impaciente por ver mundo
ya tengo la maleta sólo me falta
coger el pasaporte

soy un cúmulo de sangre expulsado injustamente de la matriz

tengo hambre, pero la despensa está vacía

—tan vacía—

que también tiene hambre

y si no bebo
y si no fumo
y si no follo

para qué

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