Por qué hablar de esta muerte
ya descrita
en otro cielo rojo.
Y el resto del poema de Odile l'Autremonde
De nuevo
este silencio que me embriaga. La oscuridad dando a luz a un sueño. Un sueño
varón que un día esparcirá tu apellido por el campo. Germinarán las ganas de
vivir y seguir hacia delante.
Pero hoy,
cariño,
me siento triste.
Rompe el
llanto este silencio y vuelve el frío. Tiembla el cuerpo sobre la cama. Las
manos ya no me acarician, ya no me consuelan, ya no me idolatran. Mi sexo sigue
recordando la calidez que un día le proporcionó tu piel.
Pero hoy
cariño,
me siento sola.
La noche se
ha vuelto mi enemiga. El recuerdo es lo único que me consuela. El abrazo de las
sábanas, la timidez de tus manos cuando cubrían este cuerpo vacío, la intimidad
con la que me besabas. La euforia de los días de fiesta, cuando el circo
invadía la ciudad.
Pero hoy,
cariño,
me siento triste.
Esta vez han
sido mis dedos, estos torpes dedos de solista, los que han recorrido el camino que
un día emprendió tu lengua. Esta vez sólo hallarán mis huellas dactilares por
toda la escena del crimen y no habrá rastro alguno del ADN con el que antaño me
deleitaste. Ni evidencias de nuestro encuentro, ni pruebas de nuestro amor.
Porque hoy,
cariño,
he muerto sola.
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