jueves, 12 de diciembre de 2019

Me he fotografiado justo después de haber tenido un orgasmo y he salido triste


Por qué hablar de esta muerte
ya descrita
en otro cielo rojo.

Y el resto del poema de Odile l'Autremonde


De nuevo este silencio que me embriaga. La oscuridad dando a luz a un sueño. Un sueño varón que un día esparcirá tu apellido por el campo. Germinarán las ganas de vivir y seguir hacia delante.

Pero hoy,
cariño,
me siento triste.

Rompe el llanto este silencio y vuelve el frío. Tiembla el cuerpo sobre la cama. Las manos ya no me acarician, ya no me consuelan, ya no me idolatran. Mi sexo sigue recordando la calidez que un día le proporcionó tu piel.

Pero hoy
cariño,
me siento sola.

La noche se ha vuelto mi enemiga. El recuerdo es lo único que me consuela. El abrazo de las sábanas, la timidez de tus manos cuando cubrían este cuerpo vacío, la intimidad con la que me besabas. La euforia de los días de fiesta, cuando el circo invadía la ciudad.

Pero hoy,
cariño,
me siento triste.

Esta vez han sido mis dedos, estos torpes dedos de solista, los que han recorrido el camino que un día emprendió tu lengua. Esta vez sólo hallarán mis huellas dactilares por toda la escena del crimen y no habrá rastro alguno del ADN con el que antaño me deleitaste. Ni evidencias de nuestro encuentro, ni pruebas de nuestro amor.

Porque hoy,
cariño,
he muerto sola.

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