lunes, 6 de julio de 2020

El otro día te vi en el hospital

Claro, que no eras tú; sólo otro médico que se te parecía. Con la mascarilla, lo único que pude verle fueron los ojos. Igual tenía otra mandíbula otros dientes otra boca que besar, pero estaba escondida.

Me quedé observándolo un rato, incapaz de apartar la mirada, echándote —como siempre— de menos. Espero que no se sintiera muy incómodo, pero no sabría decirte lo que le pasó por la cabeza con sólo verle media expresión facial.

He descubierto que no hay que juzgar un libro por su portada hasta cierto punto. Las editoriales suelen ser fieles a la estética de sus cubiertas y los catálogos tienden a combinar bien entre sí; ya sea por los temas escogidos, el estilo o la generación a la que pertenecen. Y una vez asocias texto con portada, es fácil que ya sepas si te va a gustar o no. A mí al menos me ha funcionado el noventa y cinco por ciento de las veces; y de ese otro cinco por ciento, la mayoría de las veces, ha sido para decepcionarme. *Válido también para los títulos.

Quiero pensar que, si hubieras sido tú, me habrías saludado. Porque si hubieras sido tú ten por seguro que tampoco te habría reconocido. Pero no por la mascarilla.

Me da pena tener que cubrir mi rostro. Aunque mi estado natural sea el silencio, aunque permanezca callada durante toda la jornada laboral, yo sonrío mucho. Con la mascarilla, ya no se me ve sonreír; así que ya no sé cómo hacer para que sepan que los estoy escuchando, que presto atención a todo lo que dicen, que no me molesta que hablen, que les estoy dando la razón.

Tampoco tenía tu voz.

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