Ese día no intenté borrar mis huellas porque no era necesario.
Verás: yo tenía intención de suicidarme después. Alisarle la camisa, recogerme bien el pelo, tumbarme a su lado, despedirme con un beso en su fría mejilla, morder sin piedad el arma y eyacular dentro de mi boca.
Un último acto dramático en esta pantomima que ni siquiera había escrito yo.
Me sentía sola. Todos me habían abandonado. Yo había dejado que se fueran y ahora me tocaba a mí partir.
Pero al final no lo hice.
Este texto forma parte de una novela cuya última actualización se realizó durante el primer trimestre del año 2018. Ya no recuerdo cuándo la empecé (alrededor del 2011), pero sí que el tema y el título han cambiado más de una vez durante todos estos años. Sé que no voy a terminarla y ya no me importa, así que simplemente me dedicaré a subir todos (o sólo algunos, aún no lo sé) los fragmentos que logré terminar, aunque no se parezcan en nada a lo que eran en un principio.
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