jueves, 28 de mayo de 2026

XI

El tercer curso nos sorprendió con un Toni con el pelo corto y sin un cigarro en la oreja entrando por la puerta; por la puerta del instituto, claro, porque venía para cursar otra vez primero. Dudábamos entre acercarnos o no para hablar con él, pero al final fue él mismo quien vino a saludar. Nos dimos la mano, besos, abrazos. Le dimos una especie de pésame, sin saber muy bien qué decir y qué no; nos dio las gracias. Nos dijo que venía para hacer primero, a ver qué tal, que iba a empezar a tomárselo en serio. Le preguntamos por su madre; nos dijo que bien. Le dijimos que creíamos que se había cambiado de instituto; nos dijo que no, que su madre había entrado en una profunda depresión por la muerte de su hermano y habían decidido irse al pueblo en el que ella había nacido, para estar con sus padres, los abuelos de Toni, pero que ya estaba mucho mejor, que se había recuperado bastante y no estaba tan enferma.
    Toni ahora tenía tres años más que sus compañeros de clase. Si no me equivoco, le dejaron quedarse porque no llegaba a los dieciséis. Creo que, si hubiera tenido un año más, habría tenido que pasar directamente a la escuela de adultos. O algo así. Pero por su situación, la dirección del instituto, o quien sea, de nuevo, que se encargue de esas cosas, le permitió quedarse siempre y cuando no repitiera ningún curso a partir de ese momento.
    Al ser tan mayor en comparación con los de su clase, salía solo al patio. Nosotros ya no nos dividíamos chicas por un lado y chicos por otro, ahora hacíamos grupos mixtos; y mi grupo, por llamarlo de alguna manera, solía ir a hacerle compañía. En parte por eso decidimos hacer nuestro primer botellón.
    El treinta y uno de octubre, decidimos quedar toda la clase para celebrar la fiesta de Halloween. La idea la tuvimos un par de semanas antes. Ya no había tantos roces entre nosotros, lo digo sobre todo por la pobre Álex, y era hora de empezar a salir por la noche. Algunos ya lo hacían y a otros sus padres no les dejaron quedar, pero para la mayoría de nosotros ésa fue nuestra primera vez.
    Algunos chicos tuvieron la idea de invitar a Toni, por eso de que no se sintiera marginado, pero sobre todo porque Toni sabía cómo y dónde comprar alcohol. Pusimos cinco euros cada uno porque nos pareció una buena cifra. Éramos como mínimo veinte, así que hagan ustedes las cuentas: los vasos y los hielos no nos costaron apenas, y sólo compramos dos coca-colas y dos fantas de limón; el resto lo gastamos en bebidas alcohólicas. El par de euros o así que sobró lo gastamos en chucherías. A Toni decidimos invitarlo por haber tenido que ir a comprar.
    Para que nadie tuviera que responsabilizarse solo de todo, decidimos guardar el alcohol en diferentes casas. No en todas, claro, porque no todos teníamos dónde esconderlas, pero en total hicimos cinco o seis reparticiones. Además, así después sería más fácil transportarlo al lugar de encuentro. Ya saben, por el peso.
    No, jo en casa no guardí res.
    Empezamos el botellón en la terraza de Jaime. Dejamos todo el alcohol en el suelo, sobre una toalla que imagino subiría Jaime, y nos fuimos sirviendo. Los vasos no estaban justos, pero escatimaban un poco, así que había que guardarlos para repetir.
    El motivo de beber en la terraza era, primero, evitar que nos pillara la policía o alguien que nos conociera y pudiera chivarse a nuestros padres o a otro alguien que pudiera chivarse a nuestros padres. Después, la finca de Jaime estaba un poco deshabitada; sin ir más lejos, en el último piso había dos casas vacías. Al principio decidimos colocarnos encima de dichos pisos, para molestar lo menos posible y que no nos oyeran los vecinos, pero poco a poco el alcohol hizo que nos diera un poco igual el ruido y nos fuimos desperdigando como gotas salidas de un aspersor. Por último, esa terraza tenía, bueno, tiene unas vistas preciosas.
    Ivette y yo fuimos juntas al punto de encuentro. Ella podría haber guardado perfectamente algunas botellas en su casa, pero se las arregló para no tener que hacerlo; no le apetecía nada tener que cargar peso. La verdad es que iba guapísima. Decidimos que, ya que era Halloween, podríamos disfrazarnos. No todos se disfrazaron. Las chicas sí, todas; pero algunos chicos llevaban la misma ropa con la que habían ido esa mañana al instituto. Eran unos sosos.
    Ivette, ya les digo, muy guapa. Llevaba un vestido negro ceñido al cuerpo por arriba y acabado por debajo con una falda tipo tutú; unas medias de rayas horizontales negras y rojas, semitransparentes, que recordaban a las piernas de una bruja de dibujos animados; unos zapatos de tacón negros, creo que de charol o algún material igualmente brillante; y el típico sombrero puntiagudo de ala ancha y redondeada que no dejaba de toquetear coquetamente con las manos. Iba maquillada con los ojos principalmente negros y unos labios rojos impresionantes. Álex iba mucho más sencilla; había desgarrado una vieja camiseta y la había manchado con sangre falsa, que había usado también para mancharse un poco la cara. Yo me disfracé del típico zombi.
    Bebimos bastante en esa terraza; tanto que ni nos dimos cuenta de lo alta que teníamos la música. Yo veía a todo nuestro grupito que era la clase de tercero A repartido en trocitos por toda la superficie. Jaime, Roberto, Dani y Antón hablando en una esquina. Lucía, Jesús y Elena admirando las vistas. Clara y Alberto bailando un ritmo totalmente distinto al que salía del pequeño altavoz portátil de Lucas. Ivette riendo con Toni. El pesado de Richy mirando a Álex. Álex sentada a mi lado. Un señor mayor parado en el centro dando voces.
    Todo está un poco borroso y no me acuerdo de lo que hacía cada uno de mis compañeros de clase, pero sí de que fui la primera en ver al hombre y que cuando avisé al resto la reacción general fue la de decirme que iba muy pedo. Tampoco voy a culpar sólo al alcohol, por supuesto: todo estaba muy oscuro, era normal no verlo a la primera. E incluso verlo no era señal de reconocerlo; yo tardé unos minutos en comprender lo que estaba ocurriendo. Pero insistí. Insistí en que había alguien ahí. Y ya en cuanto los demás se dieron cuenta de que no me lo estaba imaginando, salimos corriendo por la puerta metálica. Algunos incluso se arriesgaron a pararse a coger alguna botella de alcohol, ya que habían puesto el dinero, pero yo pasé de eso.
    Ya en la calle terminamos de separarnos. Fue todo un caos porque cada uno corrió en una dirección sin mirar atrás. No sé qué sería del resto, sólo sé que yo me quedé con Isa, Jaime y Álex.
    Jaime era uno de los que habían arriesgado la vida por una botella de vodka sabor piruleta, que además estaba bastante llena, así que nos sentamos en un banco solitario y nos la bebimos a morro entre los cuatro. Después seguimos paseando por la calle dando eses y escondiéndonos de la policía como si de verdad nos estuvieran buscando. Riendo y cayendo al suelo como fichas de dominó. Un cuadro. Giramos una esquina y nos encontramos con Richy, Elena y Antón, que sorprendentemente había perdido a su amigo del alma. Estuvimos un rato juntos y al final hicimos un intercambio: Jaime se fue con los chicos y Elena se vino con nosotras.
    No sé hasta qué hora estuvimos las cuatro en la calle, y tampoco sé hasta qué hora y por dónde se quedarían los otros tres. Al lunes siguiente, no todos recordaban exactamente qué había pasado después de que el vecino nos descubriera. Algunos no se acordaban ni de haberse ido corriendo de la terraza y, quién sabe, a lo mejor de verdad alguno logró quedarse allí arriba, a merced de todas las bebidas abandonadas.
     Sé que dejamos a Isa en su casa y después a Elena. También sé que, cuando fui a darle a Álex dos besos en su portal, ella me besó en los labios. Me quedé muy sorprendida porque no tenía ni idea de que ella quisiera besarme. De repente echaba de menos ese «Hadi ♥» que tanto me había molestado durante todo el curso de primero. Me pidió perdón y automáticamente la besé yo a ella. Fue un acto reflejo, no sabía que fuera capaz de aquello. Después la luz se apagó y entramos en su patio, cerramos la puerta para que no nos vieran desde fuera y nos besamos una tercera y última vez; esta vez abrazadas y con lengua. Mi maquillaje de zombi se corrió en su boca y noté un bulto sobre mi pubis. Un desconocido y, lo cierto es que, agradable cosquilleo recorrió mi cuerpo. Volvió a encenderse la luz y me marché a casa.
 

jueves, 14 de mayo de 2026

X

Esto es anónimo, ¿verdad? O sea... No va a salir de aquí, ¿no?
    Vale. A ver. Yo les dije que Lucas era mi novio, pero no lo era. Pero tampoco era ésa la única mentira y mucho menos la más grave, o sea... Sí que lo conocí mientras yo estaba en Maulévrier, pero ¡no en persona!
    Más o menos... No. A ver. Yo estaba en la casa de mis abuelos viendo la tele, aburridísima junto con mi hermana y mis primas. Bueno, nuestras primas. El caso es que de repente me vibró el móvil y yo, pues, fui a mirar qué era. Vi que tenía una nueva notificación de Facebook y abrí creyendo que igual era algún like en la foto que había subido apenas unos minutos antes. O algún comentario. Porque la verdad es que el paisaje de allí es precioso y obviamente nunca pierdo la oportunidad de fardar de pueblo siempre que voy. ¡Ni que estuviera loca! Pero no era ningún like, sino una petición de amistad de un tal Lucas. Hice clic en su perfil para ver quién era; no lo conocía de nada pero era muy guapo, así que acepté.
    Las chicas se quejaban de que sólo tenía una foto, pero no es verdad; había alguna más de él, lo que pasa es que no le gustaba subir fotos de su cara...
    Hadiya y Alejandra.
    [Entre risas]. Sí, claro, quién [sic] van a ser si no.
    Bueno, nada más aceptar su petición, me mandó un mensaje privado. Puedo enseñárselo, por si quiere escribirlo también en el ordenador. Es esto: lo primero. [Entrega su teléfono móvil]
 
Eey, hola Ivette 
    No nos conocemos pero the visto de casualidad x el feis i me as parecido muy guapa. Tu nombre tambien mola. Espero q no t moleste q t haya agregado [Sic]

    [Entre risas]. Tiene un montón de faltas de ortografía, pero me pareció adorable.
    Yo le contesté en seguida; es lo que hay justo debajo.
    Desliza un poco, sí.
    Sí, ponlo también si quieres. Bueno... Lo que vean, que yo no... 
 
Holaa. Noo no te preocupes, no me molesta :) Tú también me pareces muy guapo. De donde eres?? [Sic]

    A partir de ahí empezamos a hablar prácticamente todos los días. Al principio hablábamos de cosas muy generales: qué música escuchábamos, qué libros habíamos leído, qué deportes hacíamos... No sé... Muchas cosas, está todo ahí, en el móvil; sigue deslizando hacia abajo. Hablábamos de los estudios; Lucas acababa de empezar segundo de bachiller. Se había metido en la rama de ciencias porque quería estudiar... No me acuerdo, la verdad, algo de ciencias.
    Empezó a tontear conmigo en seguida. Cada vez que subía una foto al Face, él me enviaba un mensaje privado diciéndome lo sexy que salía o que qué pena no estar ahí él para hacerme la foto desde otro ángulo o chorradas de ese estilo. A mí me hacía gracia. Me hacía sentirme importante; me hacía sentirme deseada. En clase había muchos chicos medio colados por mí, pero se conformaban con darme likes y comentar emoticonos; hablaban de mí, pero ninguno se acercaba a ligar conmigo.
    Se hizo Instagram aposta para seguirme porque yo le dije que si quería ver todo lo que subía tenía que seguirme en Instagram. ¡Hay fotos que no puedo compartir en Facebook, con toda la familia mirándome!
    Pero si tú haces lo mismo, ¿qué me estás contando? Pf.
    Poco a poco empezamos a enviarnos algo más que mensajes. Me refiero a canciones que nos recordaban al otro o vídeos de YouTube que creíamos que le iban a gustar. Ese tipo de cosas. Le envié una foto del corazón con nuestras iniciales que pinté en una barandilla el primer día de insti; le gustó mucho, dijo que era muy tierna. [Ríe].
    Cuando llegó el día de Navidad, le envié una foto para que viera lo guapa que iba a ir a la cena con la familia. ¡Ah, bueno, es verdad! Después de seguirnos en Instagram, también nos dimos nuestros números de teléfono para hablar por WhatsApp porque es mucho más cómodo que el chat del Facebook. Y en el WhatsApp tiene una foto totalmente diferente a la de Facebook, o sea que eso de que sólo existe una foto de su cara es mentira.
    Bueno, yo le envié una foto de mí con la ropa que me iba a poner para la cena y él me envió una foto de la ropa que pensaba ponerse. Le dije que la camisa que había escogido no pegaba nada con los pantalones y me mandó una foto de otras posibles camisas. El pobre no tenía mucha idea de vestirse, ¡menos mal que estaba yo ahí!
    Yo estaba supercontenta y no podía parar de hablarles de él a las chicas de clase. Y aunque digan ahora que yo era una pesada, ya les digo yo que ellas también me preguntaban. E incluso intentaban averiguar cosas por su propia cuenta; o sea, Hadi, por ejemplo, averiguó que se llamaba Lucas porque vio que el único «Lu» que tenía de amigo en Facebook que ella no conociera era él. Porque hay un Lucas en clase y un Louis que es el novio de un primo mío y Hadi sabe quién es. O sea, no es que lo conozca personalmente, pero sabe de su existencia, quiero decir.
    Lo que no sabían era el apellido, ya que no lo tenía puesto en Facebook ni en Instagram; por eso me preguntaron si era francés. Yo intenté no mentirles, pero es que tampoco podía decirles que era español y que me preguntaran entonces por qué no quedábamos. No sabía qué decirles; pero no sabía qué decirles porque ni siquiera yo lo entendía. O sea, vale, sí: si es de Extremadura, por ejemplo, o de Galicia, pues obviamente no nos podemos ver porque está en la otra punta. Pero no sé... Yo les dije que no era francés, pero que vivía en Francia, en Maulévrier, y así me evitaba más comidas de coco. Se extrañaron un poco, pero les recordé que yo soy francesa y vivo aquí. También les dije que hablábamos en los dos idiomas; a veces en francés, a veces en castellano; para que fuera creíble. [Entre risas]. No habría tenido ningún sentido que les dijera que Lucas no entendía ni papa de francés.
    Les dije que no teníamos fotos juntos porque no se nos había ocurrido. Durante el verano que habíamos pasado, supuestamente, juntos, pues lo habíamos pasado disfrutando y no se nos había ocurrido hacernos fotos. Que besaba muy bien y olía a desodorante Axe. No, obviamente no se lo había contado a mis padres; no se lo conté a ésta de aquí, así que imagínense.
    [Entre risas]. Qué tonta. Si je t’aime.
    Un día, bueno, una noche, así, de repente, me dijo que se aburría y me pidió que le mandara una foto de mí en ropa interior. Me hice un montón de fotos en sujetador y bragas porque no sabía desde qué ángulo hacérmela. Al final le mandé una en la que parecía que tenía más tetas. Me dejó en visto y me sentí un poco indignada; encima de que me lo curro... Al cabo de un rato lo vi escribiendo. Me dijo que le gustaba mucho la foto y que se acababa de masturbar mirándola. Luego nos despedimos, eliminé de mi móvil todas las fotos que me había hecho y me fui a dormir porque al día siguiente había clase.
    Como se pueden imaginar, empezamos a enviarnos ese tipo de imágenes más seguido. Al principio yo le enviaba fotos de mí en ropa interior y él me enviaba una foto de su paquete en calzoncillos; para enseñarme cómo le había hecho empalmarse, ya saben. Era como una especie de juego porque las fotos eran cada vez más provocativas. Una vez yo, por ejemplo, le envié una foto sin sujetador pero tapándome las tetas con el brazo; y él me respondió con el calzoncillo medio bajado enseñando los pelillos de más arriba, pero sin mostrar nada más: sólo pelo.
    No, no conservo las fotos. Las borraba justo después. [Entre risas]. Por si acaso alguien me cogía el móvil y se ponía a cotillear, claro. ¡Me da un infarto como me pase eso!
    Ni idea. Yo imagino que sí... Por el mismo motivo, ¿saben? Por si, yo qué sé, va a enseñarle una imagen en concreto a su madre, su madre empieza a pasar las fotos y se encuentra con el percal. Pero no lo sé seguro porque nunca hablamos de eso.
    ¡Llegamos incluso a mandarnos vídeos! Vaya tela... Una foto aún tiene su punto, pero un vídeo... Pfff... [Cubre su rostro con las manos]. Vaya tela.
    ¡Empezó él! Después de enviarle yo una foto completamente desnuda, me mandó un vídeo de él haciéndose una paja. Literalmente. No se veía nada más; era un vídeo de su polla empinada, cegada por el flash, y su mano derecha arriba, abajo, arriba, abajo, arriba, abajo. [Gesticula con la mano y la cabeza].
    ¡Sí! Como un partido de tenis, pero en vertical. Y me envió varios vídeos así. Sabía que no eran el mismo porque se le veían diferentes calzoncillos, pero el cariz no cambiaba en absoluto. Una vez hasta me mandó uno con un mensaje de texto que ponía: «Chúpamela».
    [Entre risas]. Sí, sí, tal cual. Yo flipaba con el pavo. Creo que contesté con una carita sonrojada o yo qué sé. El vídeo no creo, pero a lo mejor mi respuesta sigue estando ahí. [Mira su teléfono móvil].
    Bueno, no la encuentro, da igual.
    Él volvió a repetir el mensaje: «Chúpamela». Me quedé un poco parada y le pregunté si iba en serio; me dijo que sí y yo le dije que vale. Supongo que fue ese el momento en el que me di cuenta de que la cosa se estaba poniendo un poco turbia. Dejé el móvil en la mesita y me fui a hacer otra cosa; deberes o algo; fregar los platos, no sé. Al rato vi que tenía un nuevo mensaje suyo y leo: «¿Me la has chupado ya?». Claro, respondí que sí, ¡por decirle alguna cosa! Creo que quería que lamiera la pantalla, ¿no? Eso parecía. Luego me escribió algo como... Si me había gustado, supongo. Le dije que sí, mucho, carita sonrojada, y me contestó que ojalá me hubiera visto hacerlo, que quería agarrarme del pelo mientras se la chupaba o rodearme el cuello o no sé qué historias. [Entre risas]. Se le iba un poco la pinza.
    Pero no fue ahí cuando decidí romper con él. De hecho, días más tarde, yo también intenté enviarle un vídeo masturbándome. Porque me lo pidió, claro. Y... no sé... Quería probar yo también. Eso sí: me resultó muy complicado.
    ¡Porque me faltaban manos! O sea, necesitaba una mano para coger el móvil, otra para abrir los labios de la vagina y otra para meterme los dedos por el coño. Era imposible. Pero al final lo conseguí: dejé el móvil en la cama y yo me arrodillé justo encima de la cámara para masturbarme.
    Al principio no me sentí muy cómoda. Entre el dolor de meterme un par de dedos y el pensar que luego él me estaría mirando... Estaba muy nerviosa. Intenté relajarme respirando hondo. Ya me había quitado las bragas para el vídeo, así que simplemente las cogí y me froté toda la zona con ellas; porque, si lo hago sin nada de por medio, siento como un escozor. No es un escozor, es que no sé cómo explicarlo. Da igual.
    Cuando ya parecía haber lubricado un poco, dejé las bragas arrugadas a un lado, lamí mi dedo corazón de la mano derecha y lo introduje. Hice círculos dentro del músculo para relajarlo. Luego saqué el dedo y lo volví a chupar, pero esta vez también junto con el dedo anular. Los introduje los dos en la vagina, sintiendo daño. Siempre me pasa igual, pero me he dado cuenta con el tiempo de que el daño se pasa mientras me masturbo; así que, como no era un dolor insoportable, no los saqué.
    Moví verticalmente mis dedos hasta que ese dolor se convirtió en placer; y seguí así hasta que dejé de estar pendiente del teléfono móvil y la vagina empezó a contraerse, a palpitar, más bien, contribuyendo al orgasmo. Lancé un gemido y me senté encima de la pantalla. Saqué los dedos de mi cuerpo y fui al baño a lavarme. Después vi el vídeo tapándome la cara de vergüenza y lo envié sin pensármelo demasiado, no fuera a ser que al final no se lo enseñara. No lo volví a hacer.