Si un día, de la noche a la mañana, se solucionaran todos mis problemas y yo me despertara sintiéndome bien conmigo misma, lo notaría porque a la hora de vestirme escogería el vestido más bonito que tuviera y lo combinaría que esos zapatos de tacón ancho que tanto me gustan y casi nunca me pongo. Saldría a la calle sin preguntarme qué piensan de mí los demás; escucharía reír a otras personas sin dar por hecho que se están burlando de mí. Caminaría tranquila, haría un par de fotos, me pararía a mirar los escaparates de las tiendas, acariciaría a algún gato callejero. En el trabajo sería capaz de participar en las conversaciones que mantienen mis compañeras porque el muro de mi garganta se habría derrumbado. Al llegar a casa me daría una ducha. Haría el amor con Xxxxx sin sentir esa parálisis que me dicta que cualquier movimiento que haga, cualquier verbo que deje de pronunciar, puede ser el último. No tendría miedo de volver a quedarme sola. No se me pasaría por la cabeza que merezco quedarme sola.
martes, 4 de octubre de 2022
Ejercicio - cómo sabrías decir que estás bien
domingo, 2 de octubre de 2022
Fragmento eliminado de una novela inédita
Hola, me llamo Sara y soy una exagerada.
No es culpa mía, es el miedo, la ansiedad. Si por mí fuera, dejaría de darle importancia a las cosas. O al menos no darles tantas vueltas, para que no terminen vomitando en la alfombrilla del coche. Pero no puedo.
WordReference nos lo advierte:
1. tr. e intr. Dar proporciones excesivas a lo que se dice o hace, encarecer, aumentar mucho una cosa sin someterse a la realidad ni a la verdad.
Pero la realidad de quién.
Veréis: exagerar es una cuestión de perspectiva. Depende mucho de tu estado de ánimo, del día que lleves, de con qué pie te hayas levantado esa mañana (cosa que nunca he entendido, pero bueno, si siempre te levantas por el mismo lado de la cama, lo más lógico es que siempre pises primero con el mismo pie, ¿no?). También influye mucho tu estado económico: un billete de veinte no vale lo mismo para una persona u otra. A mí, cuando tenía edad de ir al instituto y me dejaban coger el autobús para ir al centro comercial, gastarme treinta pavos en unos zapatos me parecía una barbaridad; ahora cuarenta, e incluso cincuenta, me parece un precio razonable.
2. tr. Decir, representar o hacer algo traspasando los límites de lo verdadero, natural, ordinario, justo o conveniente.
A los señores encorbatados de la RAE se les olvida, como siempre, lo más importante: los factores. Social, de edad, de sexo. No reacciona igual un niño de siete años que un adulto de cuarentaitrés; si lo hicieran, probablemente uno de los dos estaría exagerando de verdad. Sus perspectivas, su manera de razonar las cosas que atraviesan sus respectivos cerebros, son totalmente distintas y, por tanto, su forma de proceder también lo es. Nadie puede acusarte de exagerar si no sabe qué pasa por tu mente, si no conoce tus miedos, si no recuerda lo que es formar parte de la infancia.
domingo, 25 de septiembre de 2022
8
Mi psiquiatra me prescribe verte más a menudo. Yo pienso que por fin te has cansado de mí, que mi personalidad dependiente y mi ansiedad son demasiadas para ti. Mientras te escribo fingiendo que todavía creo que me quieres, oigo decir a Alejandra: No es verdad que vendrá. Así que paso a otra cosa distinta. Veo una serie en producción, juego a otro juego indie, leo un libro de segunda mano; haciendo como que no me duele tener que mentirle a Víctor a la hora de contarle que sí nos hemos visto, que su receta contra mi trastorno es lo más efectivo que he probado nunca. Entonces me sorprendes en la puerta del patio y un cosquilleo invade todo mi cuerpo. Pizarnik continúa: No es verdad que no vendrá.
viernes, 26 de agosto de 2022
LIMPIEZA
viernes, 1 de julio de 2022
EL BUEN USO DE LAS COSAS
domingo, 22 de mayo de 2022
POEMA *DESCARTADO* BASADO EN UNA ENTRADA DE DIARIO ESCRITA UN JUEVES TRES DE FEBRERO DESPUÉS DE PASAR, COMO LA LLAMÉ AQUEL DÍA, LA PEOR NOCHE DE MI VIDA A CAUSA DE OTRA PASTILLA PARA DORMIR
miércoles, 6 de abril de 2022
Fragmento eliminado de una novela inédita
Tampoco recuerdo muy bien cómo fue la conversación porque no la anoté. Con el tiempo una tiende a deformar la realidad de lo vivido, los recuerdos, llegando incluso a olvidar por completo una época. Yo al menos, en lugar de exagerar, minimizo lo que me ha ocurrido, lo que he sentido. De ahí la importancia de los diarios, de volver a ellos cuando no estás segura de estar haciendo memoria; y después me sorprendo al ver el dolor, lo enfadada que estaba, la rabia contenida en esas páginas a líneas.
Desafortunadamente, después de años y años de escribir todos los días, a cada minuto, mis pensamientos, terminé hartándome. No me escondo: siempre he soñado con que después de mi muerte alguien llegaría y publicaría mis diarios en un libro que otro alguien compraría. Soy así de ególatra, creyéndome Alejandra Pizarnik. Pero para eso primero tengo que publicar algo en vida, algo que me convierta en una escritora medianamente conocida aunque sólo sea en mi país, y es taaaan difícil... Así que deduje que no merecía la pena escribir un diario que nadie leería nunca y empecé a hacerlo sólo de cuando en cuando, a veces quizá una sola línea; lo que se traduce en que haya cosas que no pueda explicaros bien porque no tengo manera de recordarlas. Aunque esto no me libre de intentarlo.
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