domingo, 16 de octubre de 2022

ELECCIÓN - capítulo eliminado de una novela inédita

Tal vez porque nací en viernes trece o porque, mientras mi madre me gestaba en su vientre, una mujer le echó un mal de ojo tras negarse a comprarle un ramito de romero por sobrarle en el apellido, la mala suerte me acompaña desde que nací.

Por ejemplo mis padres no pudieron acudir al bautizo de mi prima más cercana en edad, por coincidir la fecha. Mala suerte. Por ejemplo ese mismo día, tras lavarme la enfermera o la auxiliar (no sé quién de las dos lo haría pero me lo imagino) me devolvieron a una madre que no era mi madre mientras a mi madre le daban otro bebé que no era el suyo. Mala suerte. Afortunadamente el otro era un varón y se dieron cuenta en seguida, así que nos volvieron a cambiar. Buena suerte.

También es cierto que la suerte hay que buscarla, que no llega porque sí, mientras te encuentras tirada en el sofá de tu diminuto apartamento contemplando el techo blanco e inamovible; que en todo caso deberías estar escribiendo tu novela, por muy cutre que te parezca, para ver si consigues algo con ella, bueno o malo.

Por ejemplo, al contrario que mi hermano, yo nunca fui a la guardería porque hasta los tres años (hasta empezar el cole) se me daba genial hacer amigos en el parque. Los buscaba. Por ejemplo un día de Carnaval, en una fiesta de disfraces del colegio, un día en el que hicimos una actividad fuera de clase pero dentro del edificio, en el mismo recibidor al que me toca ir a votar cuando hay elecciones, me hurgué la nariz de manera inconsciente y tan fuerte que me sangró. Estábamos todos en círculo, en grupos de tres o cuatro, cada grupo disfrazado de un ejemplar de la naturaleza distinto (yo era una flor), mientras las que iban de abejitas (entre ellas, la maestra) saltaban de grupo en grupo para seguir con la historia que estábamos contando. Al plantarse delante de mí, la maestra me preguntó en voz alta y sin consideración alguna si me había estado hurgando la nariz, con lo que yo me eché a llorar, paramos el juego y entramos todos en clase: la maestra, los alumnos y mi deseo de desaparecer para siempre de este mundo. Me lo busqué.

Supongo que a lo largo de mi vida me he buscado muchas cosas, pero nos habíamos quedado en mi posible siguiente psicóloga, así que allá vamos.

En menos de una semana, conseguí cita en una clínica con nombre de secta comercial. La cita era dos días después de que se acabara el cursillo que estaba haciendo en ese momento, con lo cual todo parecía cuadrar a la perfección. Recuerdo que el penúltimo día hicimos un examen que acabamos aprobando todos, yo además con una nota bastante aceptable (un siete con seis). También recuerdo que no pasaba nada si suspendíamos porque al día siguiente habría otro examen para los que ese día no habían aprobado o, por el motivo que fuera, no habían acudido a la clase. ¿Y para los que no faltábamos nunca y tampoco necesitábamos la recuperación? Pues bien: a la profesora se le ocurrió la brillante idea de que hiciéramos una pequeña redacción de un tema en concreto. Pero no una redacción cualquiera, a partir de los folletos y apuntes que habíamos tomado durante esas semanas, nooo, qué va... ¡Una redacción con búsqueda en Google incluida!

Miré a mi alrededor y vi a todo el mundo con la cara enfocada en sus teléfonos inteligentes buscando información en Internet acerca del tema que habían decidido desarrollar. Yo elegí la Toxoplasma Gondii porque me pareció lo más sencillo que había en el temario; sin embargo el verdadero problema era que yo no tenía datos en el móvil y, por tanto, tampoco forma de buscar en Google. La escuela ni siquiera contaba con Wi-Fi gratis para los alumnos y, sinceramente, me daba vergüenza levantar la mano y decirle a esa mujer tan parecida a Rossy de Palma, delante de todo el mundo, que era la única pringada de la clase sin una triste tarifa de Internet en el móvil. La ansiedad alcanzó niveles insospechados cuando la profesora nos avisó de que, después de escribir las redacciones, las leeríamos en voz alta para formar un pequeño debate (un speech, según ella, que sonaba mejor). Fue entonces cuando mi cerebro se puso a trazar un plan para escapar de esa planta baja digno de Prison Break.

¿Por qué os cuento todo esto? Pues porque decidimos que, antes de leer las redacciones, podríamos irnos juntos a almorzar a una cafetería, a modo de cálida despedida. Era la ventana que necesitaba para huir despavorida. El día anterior me habían llamado de la clínica para confirmar la cita del jueves y eso me dio la idea de poner la excusa de estar esperando una llamada para no tener que acudir directamente a la cafetería. No fui la única que se quedó en el aula, con lo cual nadie me insistió en acompañarlos, pero eso significaba que seguía sin tener vía libre del todo. Unos minutos después de que se fueran, cogí mis cosas y me metí en el baño a fingir que hacía pis. Un rato después salí, me lavé las manos, me quedé en el pasillo, cogí el teléfono móvil y salí por la puerta de cristal sin decirle nada a nadie, como si tuviera intención de volver a entrar. Entonces comencé a caminar y caminar mirando a todas partes y asegurándome de no pasar cerca de ningún bar o cafetería, ya que no tenía ni idea de qué sitio habían escogido. Cuando estuve a una distancia que consideré prudencial, me relajé, puse en silencio y modo avión mi teléfono móvil para no enterarme de las llamadas que me iban a hacer después para ver dónde diablos me había metido y me dirigí a la calle Colón, para irme de compras. El jueves, sin una razón específica de mucho peso, cancelé mi cita con la nueva psicóloga y decidí no volver a intentarlo hasta el año siguiente.

Al año siguiente volví a coger cita con otro psicólogo, esta vez un hombre, por variar, mediante la misma página con la que había cogido cita la primera vez. Me abrí del todo, le dije que quería suicidarme y que por favor me enviara un mensaje para confirmar la cita porque si no yo no sabría si de verdad la página funcionaba. Cuando llegó el día de la supuesta cita, no había leído ningún mensaje suyo, así que volví a poner el móvil en silencio y modo avión por si acaso (una parte de mí sabía lo que iba a pasar). Un poco más tarde vi que me había llamado un número que no tenía registrado en la agenda. Mucho más tarde vi que sí me había enviado un mensaje para confirmar la cita, pero no a través de WhatsApp como la primera, sino al correo electrónico; así que me sentí la persona más estúpida del mundo y mis ganas de morir volvieron a llegar a lo más alto.

Me lo busqué.

domingo, 9 de octubre de 2022

Capítulo eliminado de una novela inédita

Durante un tiempo estuve adaptándome a la vida de recién independizada, atravesando altibajos en los que a veces llegaba a odiar la casa, desde el ruido que hacían los electrodomésticos por la noche hasta el largo de las cortinas. Odiaba lo incómodas que a la larga resultaban las sillas y lo rápido que se hundía el viejo sofá bajo mi peso, lo mucho que se escuchaba a los vecinos del piso de arriba y el tic-tac del reloj que yo misma había colgado en la pared de justo al lado de mi cama. Y pronto empecé a odiar también la falta de espacio.

Traté de adquirir una rutina, de levantarme temprano, comer sano y hacer un poco de ejercicio, de escribir de manera habitual, ya que en realidad había sido mi mayor motivación a la hora de mudarme. Conseguí trabajo y volví a enamorarme, esta vez de un técnico de rayos con quien apenas intercambié un par de frases.

[Cuatro entradas de mi diario]*

Sí, amigas, en medio de este programa de autoayuda, entre las idas y venidas a este pequeño salón de actos, me he visto en la obligación de soltar la mano que me había sido tendida con tanto cariño.

Veréis, después de unos meses intentando no morir en el intento de vivir por mi cuenta, tratando de ser una mujer autosuficiente, de escribir mi propia entrada en esta enciclopedia cósmica, convencida de que para una mayor estabilidad emocional sólo me hacía falta ser, en fin, adulta, me di cuenta de que

Al final, el hecho de vivir sola no cambió nada en mí.
Ella y su gato, de Naruki Nagakawa y Makoto Shinkai.
 

martes, 4 de octubre de 2022

Ejercicio - cómo sabrías decir que estás bien

Si un día, de la noche a la mañana, se solucionaran todos mis problemas y yo me despertara sintiéndome bien conmigo misma, lo notaría porque a la hora de vestirme escogería el vestido más bonito que tuviera y lo combinaría que esos zapatos de tacón ancho que tanto me gustan y casi nunca me pongo. Saldría a la calle sin preguntarme qué piensan de mí los demás; escucharía reír a otras personas sin dar por hecho que se están burlando de mí. Caminaría tranquila, haría un par de fotos, me pararía a mirar los escaparates de las tiendas, acariciaría a algún gato callejero. En el trabajo sería capaz de participar en las conversaciones que mantienen mis compañeras porque el muro de mi garganta se habría derrumbado. Al llegar a casa me daría una ducha. Haría el amor con Xxxxx sin sentir esa parálisis que me dicta que cualquier movimiento que haga, cualquier verbo que deje de pronunciar, puede ser el último. No tendría miedo de volver a quedarme sola. No se me pasaría por la cabeza que merezco quedarme sola.

domingo, 2 de octubre de 2022

Fragmento eliminado de una novela inédita

Hola, me llamo Sara y soy una exagerada.

No es culpa mía, es el miedo, la ansiedad. Si por mí fuera, dejaría de darle importancia a las cosas. O al menos no darles tantas vueltas, para que no terminen vomitando en la alfombrilla del coche. Pero no puedo.

WordReference nos lo advierte:


1. tr. e intr. Dar proporciones excesivas a lo que se dice o hace, encarecer, aumentar mucho una cosa sin someterse a la realidad ni a la verdad.


Pero la realidad de quién.

Veréis: exagerar es una cuestión de perspectiva. Depende mucho de tu estado de ánimo, del día que lleves, de con qué pie te hayas levantado esa mañana (cosa que nunca he entendido, pero bueno, si siempre te levantas por el mismo lado de la cama, lo más lógico es que siempre pises primero con el mismo pie, ¿no?). También influye mucho tu estado económico: un billete de veinte no vale lo mismo para una persona u otra. A mí, cuando tenía edad de ir al instituto y me dejaban coger el autobús para ir al centro comercial, gastarme treinta pavos en unos zapatos me parecía una barbaridad; ahora cuarenta, e incluso cincuenta, me parece un precio razonable.


2. tr. Decir, representar o hacer algo traspasando los límites de lo verdadero, natural, ordinario, justo o conveniente.


A los señores encorbatados de la RAE se les olvida, como siempre, lo más importante: los factores. Social, de edad, de sexo. No reacciona igual un niño de siete años que un adulto de cuarentaitrés; si lo hicieran, probablemente uno de los dos estaría exagerando de verdad. Sus perspectivas, su manera de razonar las cosas que atraviesan sus respectivos cerebros, son totalmente distintas y, por tanto, su forma de proceder también lo es. Nadie puede acusarte de exagerar si no sabe qué pasa por tu mente, si no conoce tus miedos, si no recuerda lo que es formar parte de la infancia.

domingo, 25 de septiembre de 2022

8

Mi psiquiatra me prescribe verte más a menudo. Yo pienso que por fin te has cansado de mí, que mi personalidad dependiente y mi ansiedad son demasiadas para ti. Mientras te escribo fingiendo que todavía creo que me quieres, oigo decir a Alejandra: No es verdad que vendrá. Así que paso a otra cosa distinta. Veo una serie en producción, juego a otro juego indie, leo un libro de segunda mano; haciendo como que no me duele tener que mentirle a Víctor a la hora de contarle que sí nos hemos visto, que su receta contra mi trastorno es lo más efectivo que he probado nunca. Entonces me sorprendes en la puerta del patio y un cosquilleo invade todo mi cuerpo. Pizarnik continúa: No es verdad que no vendrá.

viernes, 26 de agosto de 2022

LIMPIEZA

he abierto el armario y me he probado el vestido 
que me compré un día pensando que te gustaría 
 
al final nunca lo estrené 
 
así que he cogido unas tijeras y lo partido en dos 
 
ahora tengo un top de tirantes 
con escote corazón 
 
también me he deshecho de la idea 
de que mientras sigas teniendo el libro 
que te presté 
 
exista la esperanza de que volvamos a vernos 
 
quizá si te lo quedas en tu estantería
te duela pensar en mí
 
 

viernes, 1 de julio de 2022

EL BUEN USO DE LAS COSAS

es importante hacer 
un buen uso de las cosas 
 
meter en el microondas recipientes aptos 
            para microondas 
no más de tres minutos cuidado 
con las quemaduras 
 
es mejor cubrir el alimento con una tapa apta
            para las altas temperaturas 
lavar a cuarenta grados evitar el suavizante 
en la ropa interior es mejor 
 
dejar las cosas claras desde el principio 
dejar secar al sol 
 
es importante saber hacer 
un buen uso de las cosas 
 
lavarse bien las manos antes de comer 
y justo después de hacer el amor 
            en solitario 
no vaya a ser que sin querer 
aparezca un nuevo condimento 
 
dos comprimidos diarios cada doce horas 
no aumentar la dosis sin previa orden 
            de la doctora 
tomar con abundante agua y meditar 
todos los días nada más levantarte 
 
mantener lejos del alcance 
de los niños 
 
es importante hacer 
un buen uso de las cosas 
 
preguntar primero, besar después 
 
besar primero en la mejilla 
besar después en el mentón 
y esperar 
                                                que la boca 
                        acuda a ti 
 
saber con exactitud hacia dónde 
mover las manos qué parte de la piel 
hay que tocar y qué es mejor 
 
dejar a un lado 
 
es importante saber hacer 
un buen uso de las personas 
 
es importante que las lenguas 
            se entiendan 
hablen el idioma que hablen 
es importante que la saliva 
            sea convertible 
a la sensibilidad del otro 
 
abrazar hasta quedarse dormido 
después de hacer el amor
                                    utilizar sábanas limpias 
acomodar la almohada a cada una de las cabezas 
una con otra las piernas
                                    un brazo con una cintura 
una nariz con una barbilla amoldar delicadamente 
                        los cuerpos 
sobre el colchón 
 
mantener cerca del alcance 
del amante

domingo, 22 de mayo de 2022

POEMA *DESCARTADO* BASADO EN UNA ENTRADA DE DIARIO ESCRITA UN JUEVES TRES DE FEBRERO DESPUÉS DE PASAR, COMO LA LLAMÉ AQUEL DÍA, LA PEOR NOCHE DE MI VIDA A CAUSA DE OTRA PASTILLA PARA DORMIR

También titulado Parón onírico o Jueves de madrugada
 
me despierto cada dos por tres
como siempre ahora que tomo 
        aquilea sueño 
y después son casi las seis y media 
y me despierto definitivamente 
y procedo a levantarme 
 
llega la primera parálisis del sueño 
de la noche 
 
me levanto por el lado derecho 
de la cama –el único posible– 
e intento enfundarme la zapatilla 
de estar por casa         me resbalo 
de la cama al suelo– y justo 
en el instante en que mi espalda 
toca el suelo vuelvo a estar sentada 
vuelvo a intentar enfundarme la zapatilla 
de estar por casa y vuelvo a resbalarme 
de la cama al suelo– y justo 
en el instante en que mi espalda vuelve 
a tocar el suelo vuelvo a estar sentada 
vuelvo a intentar enfundarme la zapatilla 
de estar por casa y vuelvo a resbalarme 
de la cama al suelo– y pienso 
asustada como nunca que ya está 
 
mi cerebro se ha roto y estoy sufriendo 
un daño irreparable 
 
entonces 
oh auxilio divino 
 
consigo ponerme en pie 
enfundadas las zapatillas 
de estar por casa y camino 
dos, tres pequeños pasos 
pero justo al llegar al sofá 
de mi diminuto apartamento 
 
llega la segunda parálisis del sueño 
 
me resbalo y caigo de espaldas 
y en el momento en que mi cabeza 
va a tocar el suelo vuelvo a estar 
de pie junto al sofá 
 
y vuelvo a resbalarme y vuelvo a caer de espaldas 
y de nuevo en el momento en que mi cabeza 
está a punto otra vez de tocar el suelo 
vuelvo a estar de pie junto al sofá 
 
y mientras yo caigo y caigo y caigo 
y vuelvo a caer vuelvo a asustarme 
 
pensando que estoy sufriendo indudablemente 
un derrame cerebral 
 
y mientras caigo y caigo y caigo y sigo 
cayendo se me ocurre que la respuesta 
más lógica es que yo siga durmiendo 
teniendo quizá una pesadilla 
más probablemente una alucinación 
 
y no sé cómo me despierto y estoy tumbada 
sobre el colchón viscoelástico que venía con el piso 
son casi las seis y media y aún no he ido a levantarme 
por el único lado posible de la cama –el derecho– 
ni a enfundarme las zapatillas de estar por casa 
 
y llegan la tercera y cuarta parálisis del sueño 
de la mañana 
 
esta vez sin complementos 
 
sólo yo 
oh amparo divino 
 
rigor uitae 
 
sobre la cama