La vida eran dos días y los días eran lunes con complejo de viernes noche.
Nos lanzábamos desde lo alto de los rascacielos y planeábamos una caída que terminaba siendo libre.
Caíamos de pie como los gatos y perseguíamos las mariposas que salían de nuestras bocas para respirar un poco de aire fresco. De tan cargado que teníamos el estómago.
Nos desnudábamos enteros y con las cuerdas hacíamos figuras con las manos.
Jugábamos a la ruleta rusa y al final de cada ronda nos dábamos un beso. Lo que tú no sabías es que siempre veía cómo le quitabas la bala al revólver y te la guardabas en el compartimento izquierdo del tórax. Junto con las ganas de seguir jugando y los años que nos quedaban por vivir.


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