domingo, 20 de septiembre de 2015

Si por mí fuera, tendrías la custodia total de todos mis cuadernos; yo ya no los quiero, me recuerdan demasiado a ti

Es increíble cómo el poco amor que me diste ha sido capaz de engendrar tantas criaturas mocosas que solo saben llorar, caerse y romperse en mil pedazos, dejando la alfombra blanca roja.

Soy tan mala madre como mala amante fui. Ni siquiera sabes cuántos alumbramientos ha presenciado mi cama. Ningún embarazo ha durado nueve meses y algunos ni siquiera han dado sus frutos. La mayoría están pudriéndose en el fondo de mi armario y solo unos pocos tienen la suerte de salir de vez en cuando de paseo.

Y no los quiero. No los quiero, no los quiero.

Pero tampoco puedo odiarlos. Son mi único legado, mi gran amor, mi vida entera.

Pero también mi condena; están llenos de recuerdos dolorosos y momentos que hubiera preferido no tener que escribir.

He abortado tantos poemas por miedo a que no los quieras...

Ojalá pudiera abortarme a mí misma y desaparecer. Tirarme desde un quinto piso y que el mundo se quedara igual, como si nada hubiera pasado. Pero habría un velatorio. Y luego un funeral. Y falsas lágrimas. Y flores de plástico. Y discursos plantilla. Y un epitafio:

"Murió como vivieron sus hijos: en silencio".

No hay comentarios:

Publicar un comentario