domingo, 22 de noviembre de 2020

L - IV (LVA)

Me vino el olor a limpio que impregnaba la pequeña cabaña de dos pisos. Sin duda, la mujer se encontraba en plena operación de limpieza.

—¿Necesita usted ayuda? —Quise ser cortés con la que podría llegar a ser mi nueva compañera de piso.

—¡Oh, no! No se moleste —respondió sin disimular la ingente carcajada que salió de su minúscula boca—. Es mi invitada y no voy a ponerla a trabajar nada más llegar —deduje entonces que sí me había oído llamar y había permitido que entrara—. Ya veremos mañana qué hago con usted. Quizá cambie de opinión, pero hoy...

Su pícara sonrisa y la complicidad de su mirada, así como el guiño que me lanzó sin pensárselo dos veces, me trastocó aún más de lo que estaba. ¿Su invitada? Quizá, en parte, sí lo fuera; pero aquella mujer no me había llamado previamente para proporcionarme un techo bajo el que dormir. Yo, simplemente, me había acercado a su casa y me había colado sin tener la seguridad de que sería bienvenida. «Ya veremos mañana». Ni siquiera me explicaba cómo podía tratarme de manera tan familiar. Sobre todo después de ver cómo habían reaccionado sus vecinos al verme invadir su aldea.

—¿Le apetece tomar algo? —Ofreció con esa amplia sonrisa que no se borraba de su rostro a la vez que cerraba la puerta de la despensa—. Tengo té, zumo de naranja preparado par moi-même, un poco de agua... Vino tinto, tal vez...

—¡Oh! No se preocupe. Con agua está bien.

—También tengo pastas. ¡Y fruta! —Cada vez se la veía más animada—. Y por supuesto también tengo chocolate... ¡Todo el mundo adora el chocolate! Moi, par exemple, j'aime le chocolat.

—Oh, no, no hace falta tanto...

Parfait —me di cuenta entonces de aquel pequeño detalle: hablaba con un suave acento francés ya difícil de quitar y algunas palabras las pronunciaba en ese idioma, seguramente el que había utilizado toda la vida—, iré a preparar un té y traeré unos dulces. ¡Oh! Pero, por favor, entre en la sala de estar, venga. Es esta puerta de aquí —señaló la que había a la derecha del pasillo—. Póngase cómoda mientras yo lo preparo todo. ¡Debe estar usted hambrienta!

—De verdad, con sólo un poco de agua bastará... Si yo lo único que quiero es descansar en un sitio medianamente cómodo...

S'il vous plâit, seguramente lleva usted horas andando... Muchas horas... ¡Es imposible que sólo quiera agua! Desea usted descansar y eso lo entiendo, pero descansará mejor con el estómago lleno.

Era una mujer difícil de convencer, así que desistí y decidí entrar en el salón a la espera del suculento manjar con el que pretendía obsequiarme por haber irrumpido de repente en su hogar.

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