jueves, 23 de julio de 2026

XV

A ver, no soy tonta... Sé que Toni no tenía intención de salir conmigo en serio. Sé que él sólo quería follar; pero, a pesar de no conseguirlo, seguía intentándolo. Se lo dije; y él me dijo que sí, que tenía razón, pero era evidente que había algo más. [Entre risas]. ¿Cómo va a ser sólo sexo si no hay sexo? Así que un poco antes de Fallas decidimos empezar a salir. Y al poco conseguimos acostarnos.
    Tampoco es que decidiéramos empezar a salir... Es algo que surgió de manera espontánea, como si hubiera sido evidente que íbamos a acabar así. Cada día nos acercábamos más el uno a la otra; no es que nos escondiéramos ni nada por el estilo...  Nosotros no pretendíamos ocultar que hubiera algo entre nosotros; ¡no como Álex y Hadiya! [Ríe].
    Perdón, es que me he acordado de algo buenísimo. [Ríe]. O sea... Tú las ves ahí a las dos en plan superparaditas, pero ¡me acuerdo de una vez! Creo que fue en fin de curso... ¿Fue en fin de curso? ¡Sí! Típico día en el que no hay clase, estamos todos en el patio haciendo actividades, pasando de todo... ¡Algunos ni se molestan en venir! Hay exposiciones para los padres... No sé, movidas que se hacen en el instituto; en el nuestro al menos. Íbamos Toni y yo buscando un aula vacía en la que poder enrollarnos, ¿vale? Fuimos al piso de arriba porque nos pareció más seguro, ya que casi todo el mundo estaba fuera en el patio. Entramos creo que en la de latín. ¡Sí, la de latín! Y... [Ríe]. Lo siento, de verdad. Es que abrí la puerta y... [Llora de la risa].
    Sí, sí, me sereno. Ay... Lo digo rápido que si no no puedo: abrí la puerta y pillé a Hadi con la cabeza metida debajo de la falda de Álex ¡chupándole la polla!
    [Entre risas]. Tía, deberías haber visto la cara de la pobre Álex... Una mezcla entre estar a punto de correrse y cagarse de miedo. [Ríe]. Ay...
    Pero no dije nada, eh. Incluso le pedí a Toni que nos fuéramos, sin dejar que se asomara a mirar. Claro, el pobre chico me preguntó que qué pasaba y le dije: «Nada, nada. Vámonos». Se quedó muy desconcertado, pero es que tampoco era plan de dejarlas al descubierto en esa situación, ¿saben? Una cosa es que me ría, porque de verdad que fue buenísimo, y otra cosa que vaya largándolo por ahí... ¡Para que luego digan que no soy una buena amiga!
    Al final Toni y yo nos metimos en el lavabo de chicas; es lo más cómodo.
    El caso es que la Nit del Foc fuimos juntos a ver el castillo. Subí fotos con él a Instagram; los de clase ya se imaginaban que estábamos liados y los pocos que aún no se habían enterado lo hicieron en ese momento. Luego fuimos a La Cremà con algunos de ellos y acabó por confirmarse nuestra relación.
    El de matemáticas me pilló manía. O eso pensé yo la primera vez que me quitó el teléfono en clase. Hacía tiempo que ningún profesor lo hacía; durante todo tercero no había dado motivos para ello. Seguía recibiendo mensajes de Lucas, pero, en cuanto veía que era él, ni me molestaba en leerlos. Al final decidí bloquearlo, claro, era muy cansino. Pero un día, ya en el tercer trimestre y ya consolidada nuestra relación, se me ocurrió enviarle un mensaje a Toni. Sabía que estaba en el aula de enfrente dando inglés y que no iba a contestar al WhatsApp, pero me pareció divertido enviarle alguna cosilla. Ricardo me miró fijamente y me echó la bronca. «¿Te aburres, Ivette?», me soltó bruscamente, y yo le dije que no y que lo sentía. Era la primera vez que me hablaba en ese tono. Me pidió el teléfono, se lo di y no me lo devolvió hasta terminar la clase.
    En esos tres últimos meses de tercero, esto se convirtió en una costumbre. Decía que estaba muy decepcionado conmigo, que en lugar de estudiar me pasaba el día pensando en chicos. Que cuando quería, podía, pero que mi preciosa cabecita, que era como él la llamaba mientras me ponía el pelo detrás de las orejas y me apretaba la barbilla con los dedos, no parecía entenderlo. Me buscaba en el patio para decirme qué había hecho mal en los ejercicios de ese día, yo le preguntaba si no había otro momento para hablar de ello, él miraba a Toni y me decía que un repetidor no era buena influencia para mí. Me empezó a dar mucho asco, pero no se lo comenté a nadie. Decidí volver a copiar en sus exámenes; si empezaba a sacar buenas notas, igual dejaba de darme la vara.
 

NOTA de la publicación en este blog:
Novela terminada el 22 de febrero de 2020, publicada a plazos en este blog. Puede leerse entera a través de este enlace a Google Drive.

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