martes, 28 de febrero de 2023

MOBILIARIO DEL CUERPO

 (por orden de importancia) 
 
 
pecho 
 
superficie blanda 
plenamente adaptable 
sobre la que meditar 
durante la noche 
 
 
corazón 
 
mecanismo medidor del tiempo 
            que llevamos 
abrazados 
 
 
brazos 
 
cobertor relleno 
de trombocitos hematíes 
y otros tipos de células 
bajo el que me escondo 
cuando tengo miedo 
 
 
ojos 
 
superficie lisa y brillante 
que me recuerda cada mañana 
lo guapa que soy 
 
 
boca 
 
aparato por el cual se escuchan 
canciones que jamás escucharía
si no fuera porque las cantas tú

martes, 14 de febrero de 2023

ANATOMÍA DEL DORMITORIO

(por orden alfabético) 
 
 
almohada 
 
cuerpo suave 
firme y blanco 
de pelo en pecho 
 
 
armario 
 
tú frente a mí abierto 
de par                 en par 
a la espera de mi cuerpo 
para guarecerlo 
entre los brazos 
 
 
cómoda 
 
la forma en la que me siento 
cuando nadie nos mira 
a tu lado 
 
 
edredón 
 
piel con piel calor humano 
nuestros cuerpos enredados 
de cualquier manera 
un abrazo acorde 
con la temperatura de la noche 
 
 
perchero 
 
mis codos encajados en tus hombros 
o mis piernas rodeando tus caderas 
cuando hacemos el amor
en vertical

domingo, 15 de enero de 2023

DE CARNE Y HUESO

me llevas a un museo lleno de hombres
hombres de carne y hueso 
hombres de músculo y cartílago
hombres cuyos órganos vitales
ya no les hacían falta
 
por eso han levantado esta exhibición
por eso han desplegado las vitrinas
por eso los mantienen a la vista
 
en taquilla me preguntas
si el taquillero ha pensado
que éramos pareja
 
yo permanezco en silencio
 
seguimos fielmente el recorrido
pautado por los organizadores
admirando lo completa que es la exposición
al fin y al cabo entre tanto hombre
hemos encontrado una mujer
 
me señalas qué es cada conducto
cada tejido y al llegar al hígado
nos entra hambre
 
en la cafetería te digo algo
que te hace creer que pienso
que podríamos ser pareja
 
yo permanezco en silencio

jueves, 29 de diciembre de 2022

2022

Este año me propuse volver a leer más novela*, mínimo una al mes. A continuación veremos si lo he conseguido:

 

ENERO

  • Diario de una anoréxica, de Valérie Valère - LibreandoClub
  • Arte de amar, de Ovidio Nasón, primer y segundo libro - empezado el año anterior y abandonado justo al empezar el tercer libro porque la vida es demasiado corta como para andar leyendo estupideces

 

FEBRERO

  • Las frases frágiles, de Emilia Pardo Bazán - antología poética
  • El cuadro del dolor, de Ana Castro
  • Le petit Nicolas et les copains, de René Goscinny y Jean-Jacques Sempé (dibujante)
  • Rojo-dolor. Antología de mujeres poetas en torno al dolor, vv. aa.
  • Las madres no, de Katixa Agirre*
  • El adiós de Stella, de Linn Ullmann* - LibreandoClub
  • Tu sangre en mis venas. Poemas al padre, vv. aa.

 

MARZO

  • Perras de caza, de Irene X
  • Lo que yo quería deciros, de José M. Campos
  • El diario de Virginia Woolf, volumen IV (1931-1935) - empezado en enero
  • Poesía completa, de Catulo
  • Diario de duelo, de Mary Shelley (y Percy, en realidad)
  • «Juvenilia», poemas de juventud de Sylvia Plath - sección final de Dime mi nombre (dejo el resto para otra ocasión)
  • El beso, de Kathryn Harrison - LibreandoClub
  • Compro oro, de Violeta Niebla
  • Una flor, de Alejando Palomas
  • El cielo de la boca, de Natalia Velasco

 

ABRIL

  • Yo, mentira, de Silvia Hidalgo*
  • El insensible, de Andrew Miller* - LibreandoClub - leído por encima

 

MAYO

  • Las trompetas de Jericó, de Unica Zürn - empezado en abril
  • Diario de Italia, de Marina Hernández
  • machi mushkil. aproximaciones al destino magrebí, de Analía Iglesias

 

JUNIO

  • Cartas de Sylvia Plath. Vol. II (1952-1954) - empezado en marzo
  • Yo invoqué a las nueve hermanas, de Eladia Bautista y Patier
  • Escombros, de Marina Carretero Gómez
  • Te di la vida entera, de Zoé Valdés* - LibreandoClub del mes de mayo - leído por encima
  • La misma rama, de Concepción de Estevarena
  • Crisis, de José M. Campos*
  • Una pequeña personalidad linda, de Berta García Faet
  • La muerte de mi madre me hizo más libre, de Mari Luz Esteban
  • Ética para Julia, de Ricardo Díaz Peris

 

AGOSTO

  • Dime mi nombre: poesía completa, de Sylvia Plath - empezado en abril
  • Biblioteca Sandman: Preludios y Nocturnos, de Neil Gaiman (escritor) y Sam Kieth, Mike Dringenberg y Malcom Jones III (dibujantes)
  • Sola, de Raúl Quinto - (Re: para enseñárselo a alguien)

 

SEPTIEMBRE

  • El nervio óptico, de María Gainza - empezado en agosto
  • Interrupción, de Sandra Vizzavona
  • Yo vencí la anorexia, de Nieves Álvarez - LibreandoClub del mes de julio
  • Reina, de Elizabeth Duval - leído por encima

 

OCTUBRE

  • Panza de burro, de Andrea Abreu* - empezado en septiembre
  • Paula, de Isabel Allende - LibreandoClub del mes de junio - empezado en junio
  • El peor escenario posible, de Alejandro Morellón
  • La carne, de Rosa Montero* - Libreando Club del mes de septiembre

 

NOVIEMBRE

  • Las voces de Marrakesh. Impresiones después de un viaje, de Elias Canetti - empezado en octubre
  • Fragmentos de un diario desconocido, de Noni Benegas
  • Tra(n)shumancias, de Luz Pichel
  • La canción del olvido, de Ángeles Mora
  • La novia de papá, de Paloma Bravo*
  • Habitaciones privadas, de Cristina Peri Rossi
  • Yo he de amar una piedra, de António Lobo Antunes - Libreando Club del mes de agosto - empezado en octubre y abandonado en noviembre
  • Morirse de vergüenza. El miedo a la mirada del otro, de Boris Cyrulnik - empezado en octubre - recomendado por mi psicóloga
  • Pasiones romanas, de Maria de la Pau Janer* - leído por encima

 

DICIEMBRE

  • Biblioteca Sandman: La casa de muñecas, de Neil Gaiman (escritor) y Mike Dringenberg, Malcom Jones III, Chris Bachalo, Michael Zulli y Steve Parkhouse (dibujantes)
  • Biblioteca Sandman: País de sueños, de Neil Gaiman (escritor) y Kelley Jones, Malcom Jones III, Charles Vess y Colleen Doran (dibujantes)
  • Escándalo, de Amanda Quick*
  • Todo lo que no te pude decir, de Cristina Peri Rossi*
  • El corazón del Tártaro, de Rosa Montero* - leído por encima

 

*Novela en el sentido de historia ficcticia escrita en prosa (las novelas íntimas, puramente [auto]biográficas, no cuentan)

Número total de novelas: 13

Re: Relectura (estos no cuentan en GoodReads)

jueves, 22 de diciembre de 2022

Poema eliminado de un poemario abandonado

tengo una lista imaginaria de hombres a los que confiaría toda mi vida
si alguna vez se diera el caso
 
de vez en cuando la repaso mentalmente
antes de desesperarme por culpa del insomnio
o quizá mientras me doy una ducha caliente
o mientras me niego a hacer
 
las tareas del hogar
 
en ella aparecen todos y cada uno de mis chicos favoritos hasta el momento
            todos los hombres a los que podría amar
            todos los hombres a los que podría besar
            todos los hombres de los que no me importaría
quedarme embarazada
 
reviso una a una las miradas
que me echan cada uno
de los integrantes de la lista
y me doy cuenta
 
todos mis chicos favoritos son mis chicos favoritos
            porque me recuerdan a ti
todos los actores todos los cantantes
todos los presentadores que salen por televisión
todos los chicos con los que me cruzo y
            con los que acabo soñando
justo antes de ponerme a hacer cualquier otra cosa
son mis chicos favoritos
            porque me recuerdan a ti
 
podría ponerles nombre podría llamarlos
alberto, robert podría llamarlos
thomas, lestat podría llamarlos
daniel, fernando podría llamarlos
xxxxxx
            porque me recuerdan a ti
 
y sin embargo me encojo en este cuerpo mientras pienso en tu rostro
 
en ese rostro que aparece en tantos hombres que han terminado en esta lista imaginaria
en tantos hombres que han terminado en mi cabeza
 
            porque mi cabeza
            ha puesto tu rostro
            sobre sus rostros
 
y ya no sé si es cierto que estos hombres se parezcan a ti
quizá en el color del pelo quizá en la forma de la barbilla
quizá en el tamaño de la nariz el timbre de la voz la altura
 
o si se trata de mi subconsciente
saboteando de nuevo mi agudeza visual
 
            porque por lo que sea
            me niego
            a olvidarte

viernes, 9 de diciembre de 2022

*Nuevo mensaje*

se oye un zumbido a las diez de la mañana 
la ventana está abierta para airear la habitación 
entra la mosca cojonera 
            como siempre 
me imagino que eres tú quien me escribe 
pero no 
 
oigo tu voz en la distancia 
mientras vuelvo agotada del gimnasio 
caminando casualmente por tu calle 
pensando que quizá de esta manera 
el destino nos permita cruzarnos 
frente a tu portal 
 
tú saliendo con prisas hacia la universidad 
y yo yendo dirección a casa de mis padres 
 
pero entonces de reojo 
 
veo tu rostro subiendo a un coche 
que desconozco 
 
me imagino que eres tú quien me llama 
pero tampoco

domingo, 16 de octubre de 2022

ELECCIÓN - capítulo eliminado de una novela inédita

Tal vez porque nací en viernes trece o porque, mientras mi madre me gestaba en su vientre, una mujer le echó un mal de ojo tras negarse a comprarle un ramito de romero por sobrarle en el apellido, la mala suerte me acompaña desde que nací.

Por ejemplo mis padres no pudieron acudir al bautizo de mi prima más cercana en edad, por coincidir la fecha. Mala suerte. Por ejemplo ese mismo día, tras lavarme la enfermera o la auxiliar (no sé quién de las dos lo haría pero me lo imagino) me devolvieron a una madre que no era mi madre mientras a mi madre le daban otro bebé que no era el suyo. Mala suerte. Afortunadamente el otro era un varón y se dieron cuenta en seguida, así que nos volvieron a cambiar. Buena suerte.

También es cierto que la suerte hay que buscarla, que no llega porque sí, mientras te encuentras tirada en el sofá de tu diminuto apartamento contemplando el techo blanco e inamovible; que en todo caso deberías estar escribiendo tu novela, por muy cutre que te parezca, para ver si consigues algo con ella, bueno o malo.

Por ejemplo, al contrario que mi hermano, yo nunca fui a la guardería porque hasta los tres años (hasta empezar el cole) se me daba genial hacer amigos en el parque. Los buscaba. Por ejemplo un día de Carnaval, en una fiesta de disfraces del colegio, un día en el que hicimos una actividad fuera de clase pero dentro del edificio, en el mismo recibidor al que me toca ir a votar cuando hay elecciones, me hurgué la nariz de manera inconsciente y tan fuerte que me sangró. Estábamos todos en círculo, en grupos de tres o cuatro, cada grupo disfrazado de un ejemplar de la naturaleza distinto (yo era una flor), mientras las que iban de abejitas (entre ellas, la maestra) saltaban de grupo en grupo para seguir con la historia que estábamos contando. Al plantarse delante de mí, la maestra me preguntó en voz alta y sin consideración alguna si me había estado hurgando la nariz, con lo que yo me eché a llorar, paramos el juego y entramos todos en clase: la maestra, los alumnos y mi deseo de desaparecer para siempre de este mundo. Me lo busqué.

Supongo que a lo largo de mi vida me he buscado muchas cosas, pero nos habíamos quedado en mi posible siguiente psicóloga, así que allá vamos.

En menos de una semana, conseguí cita en una clínica con nombre de secta comercial. La cita era dos días después de que se acabara el cursillo que estaba haciendo en ese momento, con lo cual todo parecía cuadrar a la perfección. Recuerdo que el penúltimo día hicimos un examen que acabamos aprobando todos, yo además con una nota bastante aceptable (un siete con seis). También recuerdo que no pasaba nada si suspendíamos porque al día siguiente habría otro examen para los que ese día no habían aprobado o, por el motivo que fuera, no habían acudido a la clase. ¿Y para los que no faltábamos nunca y tampoco necesitábamos la recuperación? Pues bien: a la profesora se le ocurrió la brillante idea de que hiciéramos una pequeña redacción de un tema en concreto. Pero no una redacción cualquiera, a partir de los folletos y apuntes que habíamos tomado durante esas semanas, nooo, qué va... ¡Una redacción con búsqueda en Google incluida!

Miré a mi alrededor y vi a todo el mundo con la cara enfocada en sus teléfonos inteligentes buscando información en Internet acerca del tema que habían decidido desarrollar. Yo elegí la Toxoplasma Gondii porque me pareció lo más sencillo que había en el temario; sin embargo el verdadero problema era que yo no tenía datos en el móvil y, por tanto, tampoco forma de buscar en Google. La escuela ni siquiera contaba con Wi-Fi gratis para los alumnos y, sinceramente, me daba vergüenza levantar la mano y decirle a esa mujer tan parecida a Rossy de Palma, delante de todo el mundo, que era la única pringada de la clase sin una triste tarifa de Internet en el móvil. La ansiedad alcanzó niveles insospechados cuando la profesora nos avisó de que, después de escribir las redacciones, las leeríamos en voz alta para formar un pequeño debate (un speech, según ella, que sonaba mejor). Fue entonces cuando mi cerebro se puso a trazar un plan para escapar de esa planta baja digno de Prison Break.

¿Por qué os cuento todo esto? Pues porque decidimos que, antes de leer las redacciones, podríamos irnos juntos a almorzar a una cafetería, a modo de cálida despedida. Era la ventana que necesitaba para huir despavorida. El día anterior me habían llamado de la clínica para confirmar la cita del jueves y eso me dio la idea de poner la excusa de estar esperando una llamada para no tener que acudir directamente a la cafetería. No fui la única que se quedó en el aula, con lo cual nadie me insistió en acompañarlos, pero eso significaba que seguía sin tener vía libre del todo. Unos minutos después de que se fueran, cogí mis cosas y me metí en el baño a fingir que hacía pis. Un rato después salí, me lavé las manos, me quedé en el pasillo, cogí el teléfono móvil y salí por la puerta de cristal sin decirle nada a nadie, como si tuviera intención de volver a entrar. Entonces comencé a caminar y caminar mirando a todas partes y asegurándome de no pasar cerca de ningún bar o cafetería, ya que no tenía ni idea de qué sitio habían escogido. Cuando estuve a una distancia que consideré prudencial, me relajé, puse en silencio y modo avión mi teléfono móvil para no enterarme de las llamadas que me iban a hacer después para ver dónde diablos me había metido y me dirigí a la calle Colón, para irme de compras. El jueves, sin una razón específica de mucho peso, cancelé mi cita con la nueva psicóloga y decidí no volver a intentarlo hasta el año siguiente.

Al año siguiente volví a coger cita con otro psicólogo, esta vez un hombre, por variar, mediante la misma página con la que había cogido cita la primera vez. Me abrí del todo, le dije que quería suicidarme y que por favor me enviara un mensaje para confirmar la cita porque si no yo no sabría si de verdad la página funcionaba. Cuando llegó el día de la supuesta cita, no había leído ningún mensaje suyo, así que volví a poner el móvil en silencio y modo avión por si acaso (una parte de mí sabía lo que iba a pasar). Un poco más tarde vi que me había llamado un número que no tenía registrado en la agenda. Mucho más tarde vi que sí me había enviado un mensaje para confirmar la cita, pero no a través de WhatsApp como la primera, sino al correo electrónico; así que me sentí la persona más estúpida del mundo y mis ganas de morir volvieron a llegar a lo más alto.

Me lo busqué.

domingo, 9 de octubre de 2022

Capítulo eliminado de una novela inédita

Durante un tiempo estuve adaptándome a la vida de recién independizada, atravesando altibajos en los que a veces llegaba a odiar la casa, desde el ruido que hacían los electrodomésticos por la noche hasta el largo de las cortinas. Odiaba lo incómodas que a la larga resultaban las sillas y lo rápido que se hundía el viejo sofá bajo mi peso, lo mucho que se escuchaba a los vecinos del piso de arriba y el tic-tac del reloj que yo misma había colgado en la pared de justo al lado de mi cama. Y pronto empecé a odiar también la falta de espacio.

Traté de adquirir una rutina, de levantarme temprano, comer sano y hacer un poco de ejercicio, de escribir de manera habitual, ya que en realidad había sido mi mayor motivación a la hora de mudarme. Conseguí trabajo y volví a enamorarme, esta vez de un técnico de rayos con quien apenas intercambié un par de frases.

[Cuatro entradas de mi diario]*

Sí, amigas, en medio de este programa de autoayuda, entre las idas y venidas a este pequeño salón de actos, me he visto en la obligación de soltar la mano que me había sido tendida con tanto cariño.

Veréis, después de unos meses intentando no morir en el intento de vivir por mi cuenta, tratando de ser una mujer autosuficiente, de escribir mi propia entrada en esta enciclopedia cósmica, convencida de que para una mayor estabilidad emocional sólo me hacía falta ser, en fin, adulta, me di cuenta de que

Al final, el hecho de vivir sola no cambió nada en mí.
Ella y su gato, de Naruki Nagakawa y Makoto Shinkai.