martes, 2 de mayo de 2017

Babel

Mi enfermedad tiene los nombres de todos los hombres a los que he amado;

juega con ellos con su lengua arcaica,

los pasea por todos los rincones de su boca,

los pronuncia de manera equivocada.

Yo que he besado en la lengua de los dacios y lo he entendido todo,

ahora hablo en la antigua lengua de las aves,

el idioma de los que echan a volar ante el peligro,

el dialecto de los que regurgitan el miedo para dárselo de comer a sus crías.

Soy un organismo en fase embrionaria;

esta garganta

no traga

no escupe

no habla.

Soy un útero yermo y agonizante,

una cueva de murciélagos leprosos,

una cueva de estalactitas cálcicas en la que no existe el eco.

Y estoy empezando a pensar

que la lengua muerta soy yo.

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