Nunca antes he estado en su casa. Entre esos brazos que me rodean y esa húmeda boca que me succiona las pocas dudas que haya podido tener. Estoy en DEFCON 4: un poco nerviosa, pero nada grave.
Alivia la tensión del momento señalándonos en el gran espejo que tenemos en frente. Nos piropea. No sé si de verdad cree que soy preciosa, pero a su lado yo me siento así.
Soy una frágil margarita y él se encarga de quitarme uno a uno todos los pétalos mientras reza por que haya traído un número impar de prendas de vestir.
Estoy desnuda frente a él, pero no tengo miedo. Me siento cómoda a su lado. Me siento fuerte. Sé que no hice mal en cortar con él porque en aquel momento no lo amaba, pero ahora tengo una segunda oportunidad. Sólo necesito no desperdiciarla.
Se despoja entonces él de todas sus hojas y me doy cuenta de que es mi primera vez. O podría serlo, si todo fuera distinto.
La llave no encaja en la cerradura.
Me besa como si temiera que vaya a marcharme. Otra vez. Yo lo observo detenidamente mientras se alimenta de mí. Acaricio suavemente sus cabellos. Es como un cachorro sediento después de pasar ocho días en el desierto. Siento lástima por él. Pero también por mí. No puedo quedármelo. No me dejan tener mascotas en casa. Y sé que aunque pudiera no sabría cuidarlo.
Es el principio de todo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario