No sé qué está buscando, pero lo busca desesperadamente.
Mi cuerpo es una remota isla de Pacífico y él es un pirata profanando mis tierras.
No sé qué mapa lo ha conducido hasta mí, pero insiste deliberadamente.
Debe haber un tesoro enterrado en lo más profundo de mi cuerpo. Y yo sin enterarme...
¿Dónde
han quedado los abrazos? ¿Dónde han ido los besos con los que antes me
pedía que me quedara? ¿Acaso se han caído por la borda todas sus
muestras de afecto? ¿Es que ya no me quiere?
Sus
manos son ahora excavadoras. Su boca me succiona como si de un agujero
negro se tratase. Su lengua de serpiente inyecta el veneno en mi boca
inocente. Su mirada se ha vuelto oscura. Sus dedos son gusanos y mi
sexo es su manzana.
A mí me gustaría seguir siendo una isla deshabitada. Una isla tranquila en medio del Pacífico. Pero ya es tarde.
No puedo decirle que pare.
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