No existirá jamás el hombre que ame mi cuerpo. esta piel quebrada. esta carne blanda y putrefacta.
No existirá jamás el hombre que bese estos labios. estos labios
callados. estos labios tan serios. esta boca pequeña y marchita que no
puede dar luz. que no puede dar vida. que no puede.
No existirá jamás el hombre que me abrace como yo quiero que lo haga.
que sujete estos brazos antes de que se partan como ramas de un viejo
árbol. que recoja este peso muerto antes de que llegue a tocar el suelo.
Me deslizo a través de la niebla y tengo miedo. tengo miedo porque sí
existe el hombre capaz de hacerme pedazos. capaz de aplastar mi útero
hasta carbonizarlo. capaz de desenvolver estos huesos como si fueran un
regalo. como si fueran un tesoro enterrado bajo esa enorme equis. como
si fueran.
Sí existe el hombre capaz de vulgarizarme. capaz de humillarme ante
los demás hombres. capaz de hundirme bajo tierra mientras aún respiro
agonizante. capaz.
Y lo peor de todo es que lo está haciendo.
El título de este texto es una cita de Sylvia Plath (en Diarios completos).
No hay comentarios:
Publicar un comentario