Se llama llora. Además es la misma alarma que me asusta todos los días. Por tanto, aunque en distinto tipo de letra, se lee claramente llora todos los días.
Y cumplo, claro: soy una buena chica.
La soledad me acompaña en los días tristes.
Pero de mí sólo salen lágrimas.
La oscuridad me abraza allí donde quiera que vaya.
Yo sólo sé ahogarme en un mar de gente
Tengo media docena de cicatrices y todas encierran la misma historia.
Yo también abandono, claro. Los libros aburridos, los poemas imposibles, los amigos falsos, los estudios, las ganas de vivir. Pero siempre abandono en el momento menos oportuno. Salgo de la cola, después de siete horas de pie, justo cuando ya van a abrir la taquilla. Y me quedo sin entrada.
Ya te lo he dicho: nunca sé cuándo poner punto y aparte
No conozco término medio.
Conozco el principio y el final.
Pero aún no he aprendido a disfrutar del viaje.
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