Rodeado de otros nombres de
personas a las que no conocía. Vi mi rostro reflejado en la superficie
de una pala. Y una pala abriéndose paso acomodando un lecho. Ahora no me
dará miedo levantarme tarde. Permanecí tumbada y con los ojos cerrados
apenas un instante. El suficiente para que el despertador dejara de
sonar por sí solo. Luego intenté erguirme pero fue en vano. Creí que se
trataba de la parálisis del sueño, pero tampoco era capaz de mover los
ojos. Así que rompí a llorar. Como compensación por no haber roto nunca
aguas, tierra, fuego, aire, y haber dado a luz a cualquier elemento de
la tabla periódica que empezara por la inicial de mi nombre y acabara
por enamorarse de ti. Por no haber dado vida a algo tan importante como
tu propio rostro o tu propio rastro. Por no haber dado vida a los restos
que me quedaban de ti.
Ahora ya ha pasado el momento.
Ahora ya estoy
muerta.
No hay comentarios:
Publicar un comentario