viernes, 21 de agosto de 2015

cuando me dices adiós con mi corazón

No suelo llorar en las despedidas, siempre llego tarde.

Lloro cuando ya es oficial, cuando no va ha volver,
cuando he sido demasiado estúpida como para no decirle que se quede, joder.

Lloro cuando no puedo dormir porque tengo frío,
cuando duermo de un tirón sin su ayuda,
cuando me despierto y no tengo a quien llevarle el desayuno a la cama.

Lloro cuando me ducho y alcanzo yo sola el centro de mi espalda.

Cuando cocino para dos
y sobra,
cuando no da tiempo a que se enfríe la comida.

Cuando me bebo de un trago todas las cervezas de la nevera y no tengo a quien quejarme de lo poco que me gusta la cerveza.

Cuando llaman y es para mí,
cuando llaman y no es para decirme que me quieren.

Y lloro, sobre todo,
cuando salgo de casa
sin tener que despedirme.

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