lunes, 7 de octubre de 2019

Agencia Tributaria


Todo el cariño impuesto
sobre tu cama
Los besos depositados
en tu cara
Tu físico sobre mi físico
Mi físico sobre tu cuerpo
(Un abrazo conjunto)
Las palabras que han salido
de mi boca y han marcado
la casilla de llegada en la que
siempre,
mi amor,
siempre,
nos corremos juntos

Este año declararme
me ha salido a devolver

domingo, 6 de octubre de 2019

Tu nombre


Quiero escribir tu nombre sobre todas las superficies blancas con todos los materiales posibles de todos los colores que surgen de las distintas combinaciones de ondas que conforman el espectro visible.

Repetir tu nombre hasta la saciedad y cuando me quede sin saliva beber de la tuya y volver a repetir tu nombre hasta que todas y cada una de las personas del planeta Tierra olviden cómo se llaman y se confundan contigo.

[Si esto no fuera público, tu nombre iría aquí]

Teclear una a una las letras que te componen y publicar un libro de tres mil doscientas setenta y dos páginas que sólo contenga tu nombre y quizá, al final, en letra muy pequeña, una cita de Alejandra Pizarnik, que es la única persona en el mundo que parece comprenderme.

Recrearme en cada una de tus sílabas y saborear durante horas el dulce caramelo de la forma en la que te llamaron nada más nacer. Estirar tu nombre como si fuera un chicle y masticarlo para quedarme con todo su sabor y después, cuando me haya quedado con todo su sabor, abrir otro paquete con tu nombre.

«Yo tenía dieciséis años y no tenía otro remedio que buscar el amor absoluto». Tú te llamabas como tantos otros a los que había besado pero aún no había probado tu boca cuando supe que quería tener hijos contigo y decidí que tenía que cambiarles el nombre porque no podían llamarse como tú.

Como tú no había nadie más y después de ti no he vuelto a conocer a nadie que tenga tu nombre. Nadie que estropee tu nombre. Nadie que use tu nombre en vano. Nadie que se finja tú y ni siquiera sepa pronunciarte. Nadie que firme con tu nombre pero con la letra equivocada. Nadie que dosifique tu nombre con los dientes y lo reparta con todas y cada una de las personas con las que se cruza. Nadie que respire tu nombre. Nadie que acaricie tu nombre. Nadie que haga el amor con tu nombre.

[Si esto no fuera público, tu nombre volvería a aparecer aquí]

sábado, 5 de octubre de 2019

NO RECUERDO EN QUÉ ESCRITORA ME INSPIRÉ PARA ESCRIBIR ESTE POEMA

en el puente de tu nariz
desde donde se ven partir
todos los barcos que se van
de crucero hasta tu ombligo

en tu pecho selvático
plagado de fauna y flora
clima tropical y bajo tierra
tu corazón banda sonora

en tu vientre en tus muslos
en tu espalda y en la parte
de detrás de tus rodillas
en las plantas de tus pies

enredada en tu cabello
en las cuencas de tus ojos
en el calcio de tus huesos
en tus glóbulos rojos

en tu sexo bandera blanca
izada en señal de rendición
yo
me quedaría a vivir

viernes, 4 de octubre de 2019

Un lunes de Pascua

El lunes me da otro ataque sobre la cama. Mientras tú te marchas yo noto cómo se me parte el corazón. Literalmente. Empieza a temblar como debe de temblar la tierra cuando hay un terremoto. No lo sé. En mi vida sólo he vivido un terremoto y fue muy breve. No lo recuerdo. Me escondo debajo de las sábanas como se supone que hay que protegerse debajo de la mesa. Mientras tú te sientas en el lado de la ventana yo tapo mi rostro con las manos. No puedo respirar. No puedo describirlo. No conozco las palabras que se usan en estos casos, sólo sé que no respiro como respiro normalmente. El pecho sube y baja demasiado deprisa. El aire apenas puede llegar a los pulmones. Tengo miedo y tiemblo y tengo miedo. Mientras tú cruzas el océano yo me pongo a llorar. Me entran ganas de vomitar pero si me levanto corro el riesgo de desmayarme. Cojo fuertemente mi cabeza y por primera vez puedo decir que este dolor me lo estoy provocando yo. Pero de normal no es así. De normal no son mis manos las que aplastan mi cráneo. Intento respirar como respiro normalmente pero no recuerdo la manera. No es verdad eso que dicen. No es verdad que sea algo automático. Mientras tú tocas tierra yo permanezco en posición fetal. Mientras tú olvidas decirme que ya has llegado yo llego al cuarto de baño. Mientras tú rechaces tu vida yo me pongo a vomitar.

miércoles, 2 de octubre de 2019

Cuando las cosas se acaban


13/14 de julio de 2017


I

Despierto en la quietud del hogar. El silencio lo envuelve todo como un manto de flores envuelve la primavera.

Esta soledad que escupen los estambres me tranquiliza.

Hasta que descubro que soy alérgica al polen.


II

El corazón estornuda con más fuerza dentro de su jaula. Hoy es el último día de tranquilidad y ni siquiera sé cuándo acabará.

La incertidumbre gana al hambre y este nudo en el estómago se calla.

Poco a poco una fuerza oscura conquista mi alma, si es que ésta existe. Pero la calma lucha por mantenerse sola en pie y un cúmulo de sensaciones diversas desata una tormenta.

Cuando escampa, porque lo hace, una suave brisa me empuja hacia atrás alejándome del acantilado. Hoy es el último día de tranquilidad y todavía no ha acabado.

¿Te he contado que hoy iba a suicidarme?


III

La tranquilidad del hogar ha llegado a su fin. Vuelven las obligaciones. Vuelven los sonidos propios de la convivencia. La televisión allá a lo lejos, el grifo de la cocina, los pasos firmes que se acercan...

Vuelven el estómago revuelto y las ganas de llorar. La inmovilidad del cuerpo y la imposibilidad de alzar la voz.             —Aunque esto no se había ido del todo—

Esta carne blanda que contiene mi triste espíritu vuelve a ser de mármol.

La paz que contagiaba a mi alma vuelve a desplegar sus alas. Y yo vuelvo a vivir en el infierno.


IV

Una mano gigante me aplasta el cráneo. Los pájaros cantan, pero ¿dónde? No veo árboles a mi alrededor. Sólo hay tristeza y soledad. Cosas muertas.

Una mano gigante me sostiene por la cabeza. El sopor invade mi cuerpo y si esa mano gigante me suelta no me tengo en pie.

Bostezo. Las tiendas de souvenirs de mi rostro bajan las persianas y ahora sólo hay oscuridad.

Bostezo. Mi cuerpo lánguido cae al suelo y a duras penas logro sujetarme con mis propias manos.

Una mano gigante me aplasta el cráneo, pero ¿qué ha pasado con el resto del cuerpo?


V

La tristeza me abraza esta noche. Los días de sequía han terminado. Ya ni recuerdo la última vez que bailé por los pasillos de este castillo en ruinas que es mi vida.

Siento el peso del rechazo sobre los hombros. La familia no me llama, los amantes no me quieren, los amigos ya no están. Y todo es culpa mía.

Me encojo sobre mí misma y caigo al suelo. El frío me tranquiliza. El dolor está en la mente. La mente no está a lo que tiene que estar. Hay un volcán a punto de entrar en erupción dentro de mi cabeza, pero lo que termina saliendo no es lava sino agua

de las cuencas de mis ojos.


VI

Lucho por mantenerme despierta. No quiero que llegue la luz de la mañana. El sol hace que todo se vea más nítido, más claro, más aterrador.

Lucho por no cerrar estos ojos tristes. Pero soy débil. Pronto abandono la batalla. Me tiendo boca arriba sobre la cama y pido a Morfeo que me arrastre con él.

Entonces ocurre lo mismo que todas las noches: el sueño se burla de mí y se escapa de entre mis dedos. Alzo las manos en su busca, pero no lo alcanzo. Vuela muy alto y muy rápido. Los brazos se me cansan, se me agotan. Pero a mí, pobre criatura sin hogar, el sueño me ha abandonado.