Quiero
escribir tu nombre sobre todas las superficies blancas con todos los materiales
posibles de todos los colores que surgen de las distintas combinaciones de
ondas que conforman el espectro visible.
Repetir tu
nombre hasta la saciedad y cuando me quede sin saliva beber de la tuya y volver
a repetir tu nombre hasta que todas y cada una de las personas del planeta
Tierra olviden cómo se llaman y se confundan contigo.
[Si esto no fuera público, tu nombre iría aquí]
Teclear una
a una las letras que te componen y publicar un libro de tres mil doscientas
setenta y dos páginas que sólo contenga tu nombre y quizá, al final, en letra
muy pequeña, una cita de Alejandra Pizarnik, que es la única persona en el
mundo que parece comprenderme.
Recrearme en
cada una de tus sílabas y saborear durante horas el dulce caramelo de la forma
en la que te llamaron nada más nacer. Estirar tu nombre como si fuera un chicle
y masticarlo para quedarme con todo su sabor y después, cuando me haya quedado
con todo su sabor, abrir otro paquete con tu nombre.
«Yo tenía
dieciséis años y no tenía otro remedio que buscar el amor absoluto». Tú te
llamabas como tantos otros a los que había besado pero aún no había probado tu
boca cuando supe que quería tener hijos contigo y decidí que tenía que
cambiarles el nombre porque no podían llamarse como tú.
Como tú no
había nadie más y después de ti no he vuelto a conocer a nadie que tenga tu
nombre. Nadie que estropee tu nombre. Nadie que use tu nombre en vano. Nadie
que se finja tú y ni siquiera sepa pronunciarte. Nadie que firme con tu nombre
pero con la letra equivocada. Nadie que dosifique tu nombre con los dientes y
lo reparta con todas y cada una de las personas con las que se cruza. Nadie que
respire tu nombre. Nadie que acaricie tu nombre. Nadie que haga el amor con tu
nombre.
[Si esto no fuera público, tu nombre volvería a
aparecer aquí]
No hay comentarios:
Publicar un comentario