domingo, 15 de diciembre de 2019

Tomad y bebed todas de ella


Rojas son las amapolas
que vienen a mis manos
cuando trazo con los dedos
el camino

Rojo el jugo que se escapa
de tus labios cuando lames
este fruto que madura
entre mis piernas

Este es mi cuerpo y tú muerdes mi pecho cuando mi boca de Lilith te lo permite
Este es mi cuerpo y tú sacias tu hambre cuando mi boca de Eva te lo ordena

Rojo el mar en el que flota
inocentemente el pez
que va directo e implacable
hasta la copa

Porque esta es mi sangre
vino tinto y cada gota
que se escapa por tu boca
es un motivo por el que llorar

Ahora lo veo claro:
a mis veinticinco
llevo media vida
dentro de un círculo

Despierto Espero
No tengo paciencia                            Salgo de casa
Lloro Tengo miedo                                                                           Vuelvo dentro
¿Y esta sangre?                                  Duermo Duermo
Duermo

¿Y esta s
a
n
g
r
e
?*

Demasiadas expectativas
he posado sobre ti

La culpa es tuya por abrir las manos

Que si algún día alejarás de mí este pensamiento
Que si algún día obviarás este dolor
Que si algún día me harás el favor
de rellenar el hueco
Que si algún día este rojo se teñirá de color verde

Pero no

Este es mi vientre y tú no lo habitas porque sabes que no podrás curar esta tristeza
Este es mi vientre y tú no lo amueblas porque sabes que no podrás lidiar este vacío
Este es mi vientre y tú no lo acoges porque sabes que no podrás frenar esta obsesión

jueves, 12 de diciembre de 2019

Me he fotografiado justo después de haber tenido un orgasmo y he salido triste


Por qué hablar de esta muerte
ya descrita
en otro cielo rojo.

Y el resto del poema de Odile l'Autremonde


De nuevo este silencio que me embriaga. La oscuridad dando a luz a un sueño. Un sueño varón que un día esparcirá tu apellido por el campo. Germinarán las ganas de vivir y seguir hacia delante.

Pero hoy,
cariño,
me siento triste.

Rompe el llanto este silencio y vuelve el frío. Tiembla el cuerpo sobre la cama. Las manos ya no me acarician, ya no me consuelan, ya no me idolatran. Mi sexo sigue recordando la calidez que un día le proporcionó tu piel.

Pero hoy
cariño,
me siento sola.

La noche se ha vuelto mi enemiga. El recuerdo es lo único que me consuela. El abrazo de las sábanas, la timidez de tus manos cuando cubrían este cuerpo vacío, la intimidad con la que me besabas. La euforia de los días de fiesta, cuando el circo invadía la ciudad.

Pero hoy,
cariño,
me siento triste.

Esta vez han sido mis dedos, estos torpes dedos de solista, los que han recorrido el camino que un día emprendió tu lengua. Esta vez sólo hallarán mis huellas dactilares por toda la escena del crimen y no habrá rastro alguno del ADN con el que antaño me deleitaste. Ni evidencias de nuestro encuentro, ni pruebas de nuestro amor.

Porque hoy,
cariño,
he muerto sola.

lunes, 9 de diciembre de 2019

Rojo burdeos sobre algodón blanco me recuerda que no estoy dando a luz


El pecho se me expande una semana antes de que el óvulo, disuelto, asome entre mis piernas

ADVERTENCIA:
No tienes nada con lo que alimentarme

Yo lo veo cuando me despierto, pero no lo noto hincharse ¿Es posible que lo haga mientras duermo?

Cuento los días hacia atrás como siempre han dicho que caminan los cangrejos

Se equivocaban

Normalmente son algo más de siete porque normalmente las reglas están hechas para romperse

Se equivocaban

Si hoy es viernes, este fin de semana no, el que viene, tendré que tener cuidado en el trabajo

Me equivoqué

¿Cómo puedes no ver lo que estas mirando? No hay peligro si es lo que se desea Algún cangrejo tuvo que desplazarse de espaldas

ADVERTENCIA:
No tienes nada a lo que amamantar

viernes, 6 de diciembre de 2019

(mi útero es una pecera rota)


mi útero es una pecera rota
el agua ha escapado
los peces se han ido
el mar muerto ahora está

bajo mis pies

martes, 3 de diciembre de 2019

Me entrego a él


El diablo me posee esta noche.

La humedad de mis labios me advierte de que ya casi es el momento. Hace calor y no consigo dormir, así que miro al cielo y acepto este valioso regalo.

Lamo uno a uno los dedos de mi mano y los introduzco poco a poco dentro de mí. Suben y bajan como el agua de los géiseres y yo siento ese dulce cosquilleo del único amor correspondido que conozco: el propio.

Abandono la comodidad del colchón y me planto en la fría tierra. Si es Satanás quien me controla, lo mínimo que puedo hacer es mirarlo a los ojos.

Acaricio mi cuerpo ardiente y siento cómo una oleada de hormigas me recorre entera. Me convierto en una lluvia de fuegos artificiales y entono el himno de los supervivientes.

Regreso a las sábanas arrugadas medio llena, medio vacía. Regreso al abrazo de mi amado colchón. Al beso de buenas noches del cabecero y de la almohada.

Y termino escribiéndote, en esta noche oscura y solitaria, totalmente desnuda, sobre la cama.