domingo, 20 de mayo de 2018

[he guardado en una caja de costura]

he guardado en una caja de costura todos los poemas que escribí a todos los chicos a los que he besado. la he cerrado tanto y tan bien que ahora no puedo abrirla sin sentirme culpable por destapar un secreto que mi yo de hace años decidió esconder para que nunca nadie lo viera. ahora intento hacer memoria, hacer memoria, hacer memoria, como si a la tercera fuera la vencida o repetir las cosas tres veces fuera una fórmula mágica

 

pero no sé de qué.

sábado, 12 de mayo de 2018

cuestión de números



El primer episodio de depresión ocurre típicamente entre los 25 y los 44 años de edad

Yo tenía 20 cuando fui consciente
17 cuando me lo dijeron
14 cuando se dieron cuenta
8 cuando todo empezó
o lo máximo que soy capaz de recordar

54/60

Si la puntuación total es igual o superior a 16, es posible que tengas una depresión

¿Quieres oír una historia, madre?

Yo tenía ocho años y miedo a la eternidad
Arrugas padre canas hijo artritis espíritu santo vieja vieja vieja vieja                      ya basta

La catequista me decía si eres buena irás al cielo y yo era buena
Buena buena buena buena iré al cielo

En el cielo bailan los ángeles y cantan las palomas y no se cagan las palomas en las esculturas y las almas permanecen para siempre, madre, inalterables

Pero yo no quiero ser vieja para siempre yo quiero ser joven yo quiero ser joven yo quiero ser joven y bella bella bella bella así que quise matarme, madre, cuando llegara a los veinticinco

(La arrogante niña creía que
a los veinticinco sería joven y bella
habría hecho de todo
ya no merecería la pena vivir)

Pero antes de los veinticinco tenían que venir los catorce, madre, y el deseo de parir a un hijo como parió, virgen, María

Y antes incluso de los catorce tenían que llegar los doce, madre, y la herida abierta que gritaba que ya era una mujer

Una mujer tan joven una mujer tan triste una mujer con tanto miedo miedo miedo miedo

12/12

Es muy recomendable que acudas a un profesional de la salud mental

A los quince años intenté adelantar el tiempo por primera vez. Faltaba una década para mi juicio final, pero a lo mejor Dios no se daba cuenta

Y desde entonces me obsesiona
la idea del suicidio

A los dieciocho años ya no tenía a nadie de quien despedirme
Nadie a quien echar de menos cuando se fuera a estudiar al extranjero
Ninguna muerte que lamentar y nadie a quien quisiera ver llorando en mi funeral

Ahora tengo veintitrés. Mañana tendré veinticuatro
¿Sabes lo que es leer El primer episodio de depresión ocurre típicamente entre los 25 y los 44 años de edad antes de cumplir siquiera los veinticuatro?

domingo, 25 de marzo de 2018

lunes, 12 de marzo de 2018

(Sé que no tengo motivos para enfadarme con los que me rodean)

Sé que no tengo motivos para enfadarme con los que me rodean.

Que el mayor daño que me hacen las personas me lo hago yo misma jugando al qué pasaría si.

Que si fuera más paciente vería salir los brotes de la tierra.

Que si fuera más paciente plantaría mejor la semilla.

Sé que no he llegado a tiempo de coger el autobús porque he tardado en arreglarme.

Que si estoy rota es por haberme pedido demasiado

por no haberme dado tiempo

por no haber sabido organizarme.

Sé que si tengo miedo es por falta de costumbre.

Que si nadie entra es porque los he echado antes a todos.

Que si alguien entra no voy a tardar en arrepentirme de no haberle cerrado la puerta en las narices.

Sé que el que no mama tampoco tiene motivos para llorar.

Que nada es tan difícil si tenemos en cuenta que las normas las he escrito yo

con estas manos

con estos dedos

con esta sangre.

Sé que apenas tengo puntos porque la partida acaba de empezar.

Pero de todas formas

tampoco quiero seguir jugando.

jueves, 1 de marzo de 2018

Golpe golpe

golpe golpe golpeo mi cabeza con mi puño cerrado con mi mano abierta con el marco de la puerta con las paredes rosas de mi habitación la wikipedia dice que en un par de días sufriré un brote psicótico yo sigo leyendo para ver lo que eso significa alucinación y delirio no son lo mismo yo no sufro alucinaciones bueno una vez sufrí una pero fue por culpa de la parálisis del sueño había un perro en mi habitación un perro que gruñía y echaba espuma por la boca yo no me podía levantar el perro tenía su cara muy cerca de la mía y yo no me podía levantar tenía miedo de que fuera a morderme porque ese perro iba a morderme y yo ni siquiera podía girar la cabeza yo tenía parálisis del sueño, ya sabes, eso que te pasa cuando te despiertas en fase rem, ya sabes, cuando no puedes mover un ápice de tu cuerpo salvo los globos oculares yo tenía miedo miedo miedo miedo pero no era real el perro se desvaneció el caso es que yo no sufro alucinaciones pero sí sufro delirios sufrir sufrir sufrir qué verbo más arrogante como si de verdad me molestara sentirme enferma desmayarme cuando me sacan sangre amanecer temblando no querer comer este dolor de cabeza de cabeza de cabeza golpeo mi cabeza con la botella de vidrio el vidrio es resistente yo no tengo fuerza y no me importa yo no puedo defenderme y no me importa no me importa “hasta que no me rompa algún hueso no voy a parar” lo entrecomillo porque acabo de escribirlo en mi diario un diario es un cuarto de baño al que acudes para vomitar después de haber mezclado demasiado un diario es mejor que un psicólogo ocho sesiones de mierda para terminar deduciendo lo que ya sabía.

que todo es culpa mía.

que necesito tener novio.

que a nadie le importo.

jueves, 8 de febrero de 2018

he sido feliz y a nadie le ha importado

Señalan la enfermedad como el niño señala la pequeña mariposa. La describen, la definen, te la explican. Cogen la enfermedad con sus minúsculas manos y la plantan delante de tus ojos. La enfermedad crece y crece con cada palabra que surge de sus minúsculas bocas. Y tú asimilas la enfermedad como algo terrible. La acunas entre los brazos con miedo a que no tenga otro sitio al que ir y tenga que quedarse contigo para siempre. Empapelas cada centímetro de tu gigantesca ciudad con la esperanza de que alguien esté buscando algo parecido. Como cuando encuentras un pequeño cachorro al que, muy a tu pesar, no puedes cuidar. Compartes el mensaje en tus redes sociales. El mensaje se extiende como un virus, como una enfermedad. Y una epidemia de se ofrece enfermedad se expande por todo el país. Pero nadie quiere tu enfermedad. Nadie quiere tu dolencia. Ellos sólo querían señalarla. Ellos sólo querían que no olvidaras que la tienes, que está ahí, que no te puedes curar.

sábado, 3 de febrero de 2018

¿Cómo sabes que no te importa?

Lo has estado viviendo desde pequeña. Has aprendido a subir tu falda a enseñar los muslos la suavidad de tu carne no es ningún misterio. No pasa nada, dices, es lo normal. Lo has estado viendo desde que tienes uso de consciencia. A ti te gusta, claro, es bonito, queda bien, es a lo que estás acostumbrada. ¿Cómo sabes que nada de esto es para los demás? Me visto para mí, dices, como yo quiero, reiteras. Casualmente tus gustos coinciden con lo que ellos quieren ver. No es tu culpa, claro. Adjuntas un poco más de tela y algo falla. Cortas por aquí y queda mal.

miércoles, 24 de enero de 2018

carta a una desconocida que bien podría ser mi madre y bien no



Mamá, he vuelto a cortarme el pelo, pero ni siquiera lo has notado. He llorado mientras fregaba la cena de anoche y tú preparabas la comida de hoy. He roto un plato tras otro hasta certificar que la torpeza forma tan parte de mí como la ignorancia de ti. Porque ni siquiera has notado que lloraba. Porque ni siquiera has notado que rompía otro plato. Porque ni siquiera estabas allí.

En mi cabeza las cosas no son como lo son fuera de ella. A veces me siento tan sola que necesito que la culpa sea de los otros. Los otros me ignoran, los otros me odian, los otros me abandonan. Pero la llave de la puerta siempre la he tenido yo. Y además siempre echo el pestillo cuando entro en el cuarto de baño —cosa que odias, cosa que nadie más hace— y os impido entrar por si acaso me descubrís contemplando en glorioso silencio mi triste rostro en el espejo.

Mamá, no puedes ayudarme. Los amigos no pudieron, los profesores no pudieron, los médicos no pudieron. ¿Cómo vas a poder tú?

Cada vez que me sacan sangre me desmayo, pero mi miedo es a que vean mis muñecas. A que vean que sigo jugando con ellas. Como cuando tenía siete años y las cortaba. Cortaba sus cabellos y no les pedía perdón.

Mamá, ojalá nunca leas esto. Porque nunca sabría cómo justificar toda esta bilis. Nunca sabría cómo explicar todo este odio, cómo pedir perdón. Porque a mí nunca me lo han pedido. Porque a mí nunca me han pedido nada que estuviera dispuesta a dar sin derramar de paso unas lágrimas.

Me encuentro tan cansada últimamente...

Soy un gato atropellado en su sexta vida: esta vez va en serio. Tengo que hacer algo con el tiempo que me queda, antes de que vuelva a arrollarme la triste realidad y me dé de lleno en la esperanza. Pero el espejismo de una vida mejor dura tan poco, mamá, que apenas me da para salir de la cama.

Ha amanecido como siempre, a la misma hora que siempre, con la misma velocidad que siempre, y yo me lo he perdido. Tampoco yo tengo la culpa. Todo se mueve demasiado rápido, todo es demasiado grande. No soporto esta opresión.

Mamá, he vuelto a cortarme el pelo. Pero sólo porque he vuelto a confundirlo con la yugular.