Que lo siento mucho. Y muy, muy, dentro de mí. Que no hay día en que no
despierte con un nudo en el estómago ni noche en que no sueñe con que
sea él quien lo desate. Que quiero que salga de mi cabeza y me abrace de
una vez, que ya casi ni utilizo estos brazos. Que cuando viajo en
autobús siempre me pido ventanilla para ver si mi mala suerte me hace
verlo por la calle y que lo busco en todos los pasajeros del metro, pero
que siempre que te encuentro es sólo porque te me has metido en los
ojos.
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